Gobernar para todos en Euskadi

Que gobernar una institución es gobernar para todos, los que te han votado y los que no, es algo que rara vez comprenden los políticos de nuestro país. La dialéctica del amigo / enemigo, cuando se pone en práctica en las instituciones públicas, devalúa el concepto mismo de democracia. Y resulta especialmente grave en aquellos lugares donde los conflictos políticos están a flor de piel y se encarnan en actitudes violentas. Ese es el caso de Euskadi, donde el famoso “conflicto vasco” ha acabado por convertirse casi exclusivamente en un problema de terrorismo. ETA ha ensuciado la vida pública vasco-navarra de un modo descarnado, generando miles de víctimas directas o indirectas, amenazados que tienen que vivir con escolta permanente y un clima político que se escribe con trazo grueso y donde caben pocos matices.

Es prácticamente incuestionable que estamos asistiendo al fin de ETA. Los motivos son variados: el asentamiento democrático en España, la irrupción en escena del terrorismo islamista, el acoso policial… Pero sin duda el más significativo y más esperanzador ha sido el cambio de estrategia de una izquierda abertzale que ha pasado de ser mera comparsa de ETA a situarse en el terreno del rechazo a la violencia y de una apuesta decidida por una verdadera normalización en una Euskadi desgarrada por el terrorismo. En este proceso algo ha tenido que ver una Ley de Partidos que, siendo manifiestamente antidemocrática, se ha tornado verdaderamente eficaz para arrinconar a Batasuna y mostrarle que su único camino hacia la participación política pasaba por el rechazo a la violencia y por el fin del terrorismo. La izquierda abertzale lo ha reconocido implícita o explícitamente, la última ocasión ayer mismo durante el juicio a Arnaldo Otegi, artífice de la apuesta por el fin del terrorismo, en el proceso por el caso Bateragune.

Que la apuesta por vías exclusivamente pacíficas sea tacticista es algo que no resta un ápice de valor a un fenómeno histórico dentro del mundo abertzale. Es la primera vez que los de las pistolas pierden un debate frente a los del escaño. Los resultados electorales de Bildu no hacen sino reforzar esta situación y parece más que improbable que ETA pueda volver a las andadas. El problema ya no es por tanto el terrorismo sino la alternativa que la izquierda abertzale ha planteado a la lucha armada que no es otra que el frentismo. Bildu ha reforzado, con la aquiescencia del PNV, el PSE y el PP, el diseño de una política vasca con dos frentes identitarios irreconciliables: de un lado el sector españolista con PSE y PP y del otro el sector vasquista con PNV y Bildu. Los primeros pasos de Bildu en su conquista de diputaciones y ayuntamientos han sido cuando menos poco afortunados. Inciden en el revanchismo y en la incapacidad de reconocer al otro y de construir la convivencia con él. Solo así se explican medidas como la prohibición de entrada de escoltas al Ayuntamiento de Andoain o el empeño en eliminar los símbolos españoles y en llenar las calles de algunas localidades de fotos de presos.

Gobernar en democracia es gobernar para todos. Máxime cuando la configuración identitaria de la sociedad vasca es compleja y la política de frentes no responde a su pluralidad. Cuando un sector mayoritario de los ciudadanos de Navarra y Euskadi no viven de manera problemática ni antitética la convivencia entre la identidad vasca y la española. Cuando existe un clamor en el pueblo vasco por un entendimiento entre quienes se consideran enemigos irreconciliables. Y especialmente cuando la violencia se vive ya como un fenómeno del pasado, último resquicio de la sociología franquista, que dificulta la normalización política en Euskadi. Bildu puede y está legitimada a defender el derecho de autodeterminación de los vascos pero la principal tarea de todos los partidos políticos en Euskadi debería ser la construcción de la convivencia entre diferentes y el reconocimiento del otro. Algo que no ha ocurrido en los años que llevamos de democracia y que es requisito indispensable para empezar a hablar del proyecto político de cada uno. Mientras tanto la sociedad vasca va un paso por delante de su clase política demostrando que se puede convivir con diferentes concepciones de lo que es Euskadi.

Published in: on 28 junio, 2011 at 11:00  Dejar un comentario  
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