Ana Pastor. Sin diminutivos.

Hasta hace unos años acostumbraba a escuchar cada mañana las tertulias de la radio mientras me tomaba el café del desayuno y leía las ediciones digitales de algunos diarios nacionales e internacionales. Algunos sufrimos de esa enfermedad mental que consiste en una obsesión enfermiza por la información, el debate, la opinión… Necesitamos estar casi continuamente conectados a los medios de comunicación. Así que el ritual matutino era de obligado cumplimiento y mis mañanas comenzaban recorriendo el dial de mi radio. Pero hace casi tres años me vi empujado a cambiar de rutina.

Nunca se me había pasado por la cabeza poner la televisión en vez de la radio. Inconscientemente había establecido una relación del todo injusta entre televisión y estulticia. Tan solo veía los Telediarios de TVE, que desde la llegada de Fran Llorente se habían convertido en un referente informativo de primer orden en el mundo de los medios de comunicación españoles. Pero las mañanas seguían siendo para la radio y sus debates. Hasta que llegó Ana Pastor.

Conocía a Ana Pastor por su trabajo en 59 Segundos, uno de los pocos debates que se dejaban ver en la televisión española. Y alguien me dijo que le habían encargado la presentación de Los Desayunos de TVE, un programa de análisis y entrevistas que coincidía en franja horaria con las tertulias radiofónicas. Y un buen día, sin demasiada esperanza, apagué la radio y puse el televisor. He de reconocer que lo primero que sentí fue un cierto orgullo generacional al ver a una periodista de mi edad interrogando a veteranos políticos, de esos que tienen el argumentario grabado a fuego en el entrecejo. Mentiría si dijese que recuerdo quien fue ese día el invitado de Los Desayunos de TVE. Pero lo que me resulta imposible olvidar es la tenacidad de Ana Pastor, su inconformismo hacia las respuestas esquivas y prefabricadas y su pasión por saber y, sobre todo, por informar. No era habitual asistir a entrevistas políticas que se saliesen del guión de la pregunta complaciente y sumisa. Más bien lo normal era lo contrario. Pero Ana Pastor parecía saber bien que el protagonista de ese tipo de entrevistas no es el político, ni mucho menos el periodista, sino el ciudadano.

En ese afán por conocer y por informar, Ana Pastor no permitía que los invitados de su programa esquivasen sus preguntas con eufemismos y evasivas, cuando no simplemente con el silencio. Con unos modales exquisitos insistía hasta que al invitado no le quedaba más remedio que responder sin recurrir al guión establecido por su partido. Algunas de sus entrevistas pasarán sin duda a la historia del periodismo audiovisual español como uno de los momentos más dignos para una profesión habitualmente maltratada por los poderes y por la propia sociedad. Imposible olvidar también las faltas de respeto de políticos como Esperanza Aguirre, Cospedal, o aquel José Bono que se permitió el lujo de utilizar un lamentable paternalismo y llamar “Señorita Rottenmeier” a la presentadora. Histórica fue aquella entrevista al presidente iraní Ahmadineyad en la que el hiyab que portaba Ana Pastor se iba cayendo sin que la periodista hiciese nada por recolocárselo en una hermosísima metáfora de la valentía de las mujeres persas que se enfrentan al integrismo de los Guardianes de la Revolución. E indignante aquel tono de Rafael Correa, presidente de Ecuador, haciendo gala del peor sexismo cuando se dirigía a la presentadora llamándola “Anita” a pesar de la insistencia de la periodista en que no utilizase el diminutivo con su nombre.

Ana Pastor, en estos últimos tres años, ha conseguido dignificar una profesión y un medio de comunicación público que había pasado a la historia de la ignominia con episodios como el Prestige, la guerra de Iraq, el 11-M o aquel vergonzoso “ce, ce, o, o” de Urdaci. Para ser justos no fue solo ella. Durante los últimos años han pasado por el ente público profesionales como Fran Llorente, que convirtió los informativos de TVE en los mejores de la historia de la democracia, o presentadores como Toni Garrido o Juan Ramón Lucas, al mando de los principales programas de RNE. Pero quizás Ana Pastor, por su juventud, conectaba mejor que nadie con una generación que desconfía de la política construida a golpe de argumentario. No en vano los datos de audiencia de RTVE y los numerosísimos premios ganados por su equipo de informativos avalan lo que fue la mejor época de la televisión pública española.

Pero resulta descorazonador ver lo fácil que es destruir aquello que costó tanto esfuerzo levantar. El gobierno del PP ha devuelto a RTVE a aquella época oscura donde los periodistas estaban al servicio del partido de turno que ocupaba La Moncloa. Después de conseguir que el presidente del ente público deje de ser designado por una mayoría cualificada del Congreso, lo que garantizaba su imparcialidad, y tras destituir al artífice de los informativos de calidad de TVE, Fran Llorente, el ejecutivo de Rajoy ha dado el tiro de gracia a la televisión pública con el cese de Ana Pastor como presentadora de Los Desayunos de TVE. Aunque la animadversión de los dirigentes del PP a la periodista era manifiesta, algunos guardábamos la ingenua esperanza de que la mantuviesen como reducto del periodismo inconformista –del verdadero periodismo- dentro de TVE. Evidentemente nos equivocamos. Pero mal que les pese a quienes nos gobiernan, el trabajo de Ana Pastor y su equipo era tan incómodo para el gobierno como para la oposición. Así lo han manifestado líderes tanto del PP como del PSOE. Nada puede ser más injusto que calificar a Ana Pastor como una periodista de partido.

Que la democracia necesita de unos medios de comunicación fuertes e independientes que sean capaces de hacerse las mismas preguntas que se hacen los ciudadanos es un hecho tan obvio que resulta vergonzoso tener que reiterarlo. La destitución de Ana Pastor, como la del resto de profesionales que han sido cesados en las últimas semanas, no solo es un atentado contra el periodismo con mayúsculas sino que además es un ataque frontal al mismísimo concepto de democracia. Una democracia que si quiere considerarse como tal, necesita de ciudadanos informados y no de súbditos. Quienes hoy están devolviendo a RTVE a los tiempos en los que era un instrumento de propaganda y manipulación no merecen ser llamados demócratas.

En Septiembre, cuando comience el curso político, volveré a dejar apagado el televisor y sintonizaré de nuevo la radio. Regresaré a mi antiguo ritual de todas las mañanas. Esa rutina de la que Ana Pastor me obligó hace tres años a desprenderme. Sirva esto de agradecimiento a todos los profesionales que han hecho posible una televisión pública independiente y de calidad durante los últimos años. Entre ellos Ana Pastor. Sin diminutivos.

(Publicado en http://blogs.publico.es/xabel-vegas/)

Ana Pastor

La afónica Asturias

Cuando un periódico desaparece, la sociedad a la que informaba se queda huérfana. Pierde su voz, una de esas voces que convierten la pluralidad informativa en uno de los pilares de la democracia. Hoy la cabecera de La Voz de Asturias deja de estar en los kioscos tras 89 años informando a los asturianos.

En su última etapa La Voz de Asturias, el periódico hermano de Público, supuso un soplo de aire fresco en el panorama informativo asturiano. Fue el único diario con una línea editorial progresista en una comunidad autónoma donde un amplio sector de la sociedad se identifica con las ideas de izquierdas. Consiguió conectar con un público joven que veía la prensa escrita como una herramienta propia de otra generación. Fue un periódico audaz, donde había espacio para la crítica y en el que la información cultural era una de sus mejores señas de identidad.

Ningún periódico es perfecto. La Voz de Asturias tampoco. Pero su existencia hacía posible una pluralidad informativa en Asturias que hoy se ha quedado coja. Y en un periodo político y económico tan convulso como el que está viviendo Asturias resultaba más que necesaria una voz distinta, que pudiera ejercer de contrapeso al populismo conservador que en los últimos meses ha gobernado en el Principado.

Ahora toca pensar en los trabajadores de La Voz de Asturias que, como ya ocurriera con los de Público, son las víctimas más directas del cierre del diario. En unos tiempos en los que la profesión periodística no está pasando por sus mejores momentos, los trabajadores que hicieron posible La Voz de Asturias merecen todo el respeto y admiración. Y sobre todo mucho ánimo.

La otra víctima del cierre de La Voz de Asturias es la propia sociedad asturiana, que se queda sin una de las mejores ventanas que teníamos para conocer la actualidad. La pluralidad informativa es un buen medidor de la madurez democrática de un país y en ese sentido Asturias hoy es un poco más oscura que ayer. Cuando más necesario es gritar contra lo que sucede a nuestro alrededor, los asturianos nos hemos quedado sin voz. Asturias está afónica.

(Publicado en http://blogs.publico.es/xabel-vegas/)

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Una mirada a los medios de comunicación españoles (II)

No hay duda de que los medios de comunicación audiovisuales son los más consumidos de nuestro país. Pero los datos también indican que la televisión está siendo desplazada por el ordenador conectado a internet como la pantalla más vista por las generaciones más jóvenes. A pesar de ello el medio televisivo sigue teniendo un impacto enorme en la sociedad. Durante la llamada primavera árabe se ha querido sobredimensionar el papel de internet y las redes sociales pero lo cierto es que han sido cadenas de televisión vía satélite como Al Jazeera o Al Arabiya quienes más han hecho por las movilizaciones de Túnez y Egipto.

En España el fenómeno del share es fundamental para entender el funcionamiento de nuestra televisión. Las cadenas generalistas de nuestro país no se han caracterizado precisamente por su calidad y algunas de ellas han hecho del conflicto, especialmente en programas del corazón, su modo de incrementar audiencias e ingresos publicitarios. Pero más peligroso aun que los agresivos espacios de sociedad es la tendencia hacia el periodismo de sucesos con tintes sensacionalistas, especialmente en la franja matinal. Unos espacios que construyen una imagen nefasta de la justicia y de la ley a base de explotar los peores deseos de venganza frente a crímenes horrendos.

De entre los canales generalistas no hay duda de que Televisión Española es quizás el que mejor trata la información. Sus informativos son excelentes y sus programas de debate han sido un símbolo de la cadena. Está por ver si esta situación se mantiene con el nuevo gobierno. Mención especial merece Ana Pastor, una de las entrevistadoras más incisivas de los medios españoles y la periodista más temida por la derecha, que casi con toda seguridad tiene los días contados en el ente público. 

Entre las privadas, tras un inicio prometedor de Cuatro que se fue desvaneciendo pronto y que fue finiquitado por la fusión con Telecinco, quizás La Sexta ha sido el único canal que ha pretendido hacer un tipo de televisión diferente con unos informativos de factura muy personal, un debate diario de mucho interés y con un periodista tan brillante como Jordi Évole que ha ido virando desde el humor a la entrevista política inteligente. Está por ver si la fusión con Antena 3 afecta a los contenidos de la cadena o, como han asegurado sus responsables, mantiene su identidad.

Las televisiones autonómicas han sido en ocasiones criticadas injustamente por sus presupuestos a cargo de las arcas públicas, sin tener en cuenta el beneficio que suponen en la cohesión territorial de las comunidades autónomas, en la conexión entre las zonas rurales y las urbanas y en la consolidación de un sector audiovisual que genera miles de puestos de trabajo. La realidad cultural y lingüística de España, diversa por definición, hace además necesaria la existencia de medios de comunicación más cercanos al ciudadano. No obstante la falta de calidad en algunos casos y especialmente la utilización que el poder político hace en ocasiones de las televisiones públicas con fines propagandísticos no dibujan un buen panorama de la televisión autonómica. En este último sentido son especialmente significativos los casos de Telemadrid y Canal 9 en Valencia, ejemplos de la manipulación informativa más descarada.

Cabe destacar que la implantación de la televisión digital terrestre curiosamente ha deteriorado la calidad del medio audiovisual por excelencia. En la TDT han desembarcado un sinfín de empresas dedicadas a la televenta o al esoterismo. Pero además ha traído consigo un fenómeno que hasta hace poco desconocíamos en España: el de los medios de comunicación ultras. Ya se conoce como TDT Party a un conjunto de cadenas de televisión que intoxican con mensajes de extrema derecha disfrazados de tertulias o espacios informativos. Por fortuna su audiencia aun es residual.

Mientras en España se hace, como norma general, una pésima televisión, la radio es de una altísima calidad. Algunos de los mejores profesionales de la información en España se encuentran en la radio o han surgido de ella. La Cadena Ser es el medio de referencia de las ondas españolas, con una audiencia muy superior a la de sus competidoras y unos espacios muy elaborados. Cabe recordar además el papel determinante de la Ser en el esclarecimiento de los atentados del 11M antes de las elecciones generales. Al otro lado del espectro ideológico se sitúa Onda Cero, una emisora de centro-derecha que realiza una radio de mucha calidad. Y no podemos olvidar a Radio Nacional de España, una cadena pública con personalidad propia y que además tiene la virtud de no padecer el que quizás sea el mayor problema de la radio privada española: el exceso de publicidad.

La Cope, la cadena de la Conferencia Episcopal, sigue siendo la radio más a la derecha de todo el espectro de las grandes generalistas. Pero quizás en los últimos tiempos haya conseguido moderar el tono de su discurso tras una etapa liderada por Cesar Vidal y Federico Jiménez Losantos marcada por el más agresivo periodismo ultraderechista. La nueva emisora del periodista turolense, esRadio, es por ahora junto con Intereconomía Radio un fenómeno muy localizado en la Comunidad de Madrid y aun muy minoritario. ABC Punto Radio, la otra gran cadena conservadora de las ondas españolas, aun no ha conseguido hacerse un hueco y, a pesar del fichaje de periodistas mediáticos y de contar con Luis del Olmo como locutor estrella, sigue siendo un fracaso comercial del grupo Vocento.

Este ha sido un somero repaso por el panorama mediático español. Pero más allá de lo que se pueda decir sobre los medios de comunicación es importante destacar la labor de los profesionales de la información, que no siempre son bien tratados por la clase política y por la propia sociedad. Es cierto que en ocasiones los grandes grupos de comunicación españoles hacen primar más los intereses políticos y empresariales que el deseo de hacer información de calidad. Pero a pesar de ello la inmensa mayoría de los periodistas que trabajan en los medios de comunicación de nuestro país hacen su trabajo con rigor y profesionalidad y no siempre en las mejores condiciones. Por eso cuando se generaliza sobre la manipulación de los medios de comunicación se construye un discurso muy poco matizado que no deja a los profesionales de la información en el lugar que merecen.

Una mirada a los medios de comunicación españoles (I)

La calidad de los medios de comunicación de un país es un buen síntoma de su salud democrática. Los ciudadanos son, en esencia, seres informados que conocen lo que sucede más allá de su realidad inmediata. Los medios de comunicación son esa ventana que nos permite divisar lo que ocurre y formarnos una opinión al respecto. Por eso es importante analizarlos críticamente, reflexionar sobre su impacto en la sociedad y evaluar la calidad con la que transmiten la información que consumimos a diario.

Entre los medios de comunicación escritos no hay duda de que el diario de referencia es El País. Se trata del periódico que mejor trata la información de todo el espectro periodístico español. Es además uno de los mejores diarios del mundo. Mención especial merece su sección de internacional, la más amplia con diferencia de todos los medios españoles, que tiene un buen número de corresponsales repartidos por el mundo abordando realidades políticas de otras zonas del planeta que de otro modo serían desconocidas por el ciudadano. Y siempre resultan interesantes las firmas de análisis y de opinión, casi siempre rigurosas y fundamentadas.

El nacimiento de Público hace unos años fue una muy buena noticia. Ha logrado un nicho de mercado propio, con un estilo muy joven y fresco y un tratamiento de las informaciones desde una perspectiva crítica progresista. Especialmente interesante resulta su edición digital, tanto en forma como en contenido. Sus firmas de opinión, sin ser tan conocidas como las de El País, tienen la virtud de la frescura de una nueva generación de jóvenes columnistas con muchísima proyección de futuro. Un ejemplo de ello es la figura de Ignacio Escolar, el que fuera director de la primera época de Público, que hoy es uno de los columnistas y tertulianos más interesantes del panorama mediático.

Entre los medios escritos gratuitos merece ser destacado el diario 20 Minutos. En un sector en el que no es fácil hacer información de calidad, el diario dirigido por Arsenio Escolar ha conseguido tener una voz propia y una línea editorial nítida. Su cobertura del movimiento del 15-M ha sido, junto con la de Público, de las más completas y han sabido sacarle partido a las redes sociales como transmisores inmediatos de información.

En prensa escrita se dan cita dos generaciones de periodistas. De un lado existe un sector de profesionales que conocieron los últimos años de la dictadura y los primeros de la transición. Han sido, de algún modo, quienes han puesto los cimientos del periodismo democrático español. Por otra parte existe una nueva generación de profesionales de la información nacidos ya en democracia, bien formados y muy conectados con la realidad social, cultural  y tecnológica del presente. Del diálogo entre ambas generaciones, entre experiencia e innovación, se pueden comprender algunos fenómenos periodísticos muy interesantes de los últimos tiempos. La cobertura del 15-M es un buen ejemplo de ello.

La crisis de la prensa escrita es un fenómeno muy debatido en los últimos tiempos. Las ediciones digitales están provocando una sangría de lectores en papel, lo cual hace incierto el futuro de unos medios que se financian necesariamente por la publicidad y por las ventas. La precariedad laboral en el sector está en parte causada por ello y repercute negativamente en la calidad de los medios. Además el consumo de prensa a través de internet puede provocar una lectura menos reflexiva de la información. Y especialmente peligrosa resulta la medición de audiencias a través de la red, que en el futuro puede tentar a los medios a elaborar unos titulares más sensacionalistas con el fin de conseguir un mayor número de clics que genere más ingresos publicitarios. El reto de la prensa escrita en los próximos años está en vacunarse ante este peligro y al mismo tiempo sostenerse económicamente. Lo cual no es poco.

News of the World y el periodismo en España

Cuando era adolescente compraba todas las semanas un periódico que se llamaba Noticias del Mundo. Era algo así como El Caso elevado a la enésima potencia y en sus páginas podías leer un artículo sobre una mujer con cuatro piernas o sobre un bebe extraterrestre. Recorrer cada semana aquellas páginas era divertidísimo. Cuando pensábamos que ya no se podían superar siempre iban un poco más allá y contaban la historia de un niño murciélago o de una chica con tres cerebros. Mis amigos y yo pensábamos que ser redactor de aquel periódico tenía que ser el mejor trabajo del mundo. Se trataba de exprimir la imaginación hasta el absurdo.

Desconozco si Noticias del Mundo pertenecía también al imperio Murdoch, como News of the World, pero no sería sorprendente. Recuerdo un viaje a Londres en el que pude leer una portada del News of the World que me dejó impresionado. En ella se decía a cinco columnas que los pastelitos con los que la Reina Isabel II acompañaba el té de las cinco estaban infectados con el virus del SIDA. Yo desconocía el concepto anglosajón de tabloide y el gusto de los ingleses por el periodismo amarillista de periódicos como The Sun o News of the World. Me parecía increíble que un país moderno, al que admiraba culturalmente en muchos aspectos, pudiese consumir ese tipo de prensa y tomársela en serio. Los que en España comprábamos Noticias del Mundo lo hacíamos con intención de pasar un buen rato y reírnos con aquellas historias imposibles. Pero el inglés que cada mañana compraba News of the World quería informarse de los aspectos más truculentos de la vida social y de los sucesos del Reino Unido.

Por fortuna el periodismo continental y en concreto el español es muy distinto del anglosajón. Nuestros medios de comunicación están sometidos a un control estricto de veracidad por parte de sus lectores que además suelen penalizar la falta de ética profesional o de rigor en la información. El periodismo tradicional, con el permiso de internet y las redes sociales, es nuestra ventana al mundo, al conocimiento de la realidad y en definitiva a la libertad. Y por ello es imprescindible mimarlo en una sociedad avanzada que pretenda ser inteligente.

La tradición española del periodismo, especialmente del escrito, ha dado buena muestra de combatividad y de control al poder. Por eso resulta preocupante la deriva de algunos medios de comunicación. La televisión ha sufrido un deterioro tremendo desde la llegada de las privadas con una tendencia hacia la italianización y hacia el periodismo del corazón sin escrúpulos. El apagón digital, lejos de llevar a las casas más pluralidad y mayor calidad, ha instaurado aquello que ya se conoce como TDT Party: canales ultracatólicos o de la derecha radical que practican más la propaganda reaccionaria que el periodismo. La radio española ha sufrido un proceso de derechización parecido, aunque es justo decir que en nuestro país se hace una pésima televisión pero una buenísima radio generalista. La radio es quizás el medio que goza de mejor salud en España, a pesar de la irrupción de fenómenos como EsRadio o Intereconomía.

En la prensa escrita sucede algo parecido. Es cierto que han surgido nuevas voces como Público más cercanas a los jóvenes y que aportan frescura al panorama informativo. Y que algunos gratuitos, como es el caso de 20 Minutos, han dado buenas muestras de un periodismo que en nada tiene que envidiar al de los diarios de pago. Pero no hay que olvidar que han aparecido diarios como La Gaceta que en algunas zonas de España tienen un público fiel y que se ocupan de intoxicar la vida política española desde posiciones ultras. Y un análisis aparte merecería la deriva de un diario como El Mundo. Basta recordar su cobertura de la investigación sobre los atentados del 11M para constatar que han cruzado la fina línea que separa el periodismo y la información del sensacionalismo y la propaganda partidista.

La prensa escrita tendrá que enfrentarse a medio plazo a internet si quiere sobrevivir. Está por ver si el papel tiene futuro, pero muchos piensan que no. Por otra parte los grandes grupos editoriales y el periodismo de trinchera ha dañado la imagen de independencia de algunos medios de comunicación de manera casi irreparable. Es justo defender la profesión periodística en nuestro país porque existen buenísimos profesionales y no siempre han sido bien tratados por la opinión pública. Pero para hacerlo lo mejor es estar alerta frente al deterioro del mundo de la información con fenómenos como los citados anteriormente. Por fortuna no somos Inglaterra pero habrá que estar vigilantes y poner todos los medios a nuestro alcance para que en España se siga haciendo (o se vuelva a hacer) periodismo de calidad.

El 15-M y su relación con los medios de comunicación

Los medios de comunicación han estado en el centro de la crítica del movimiento del 15-M desde su inicio. Los sucesos del Parlament de Catalunya han vuelto a poner de manifiesto la problemática relación entre el movimiento de los indignados y el stablishment del periodismo. Uno de los gritos más escuchados en la Puerta del Sol fue aquel de “televisión, manipulación” que se repetía con más fuerza cada vez que una cámara trataba de grabar lo que estaba ocurriendo. Trataré de señalar aquí los elementos que se me antojan más problemáticos de una relación entre los medios de comunicación y los indignados que se ha regido hasta ahora por la desconfianza. Deliberadamente omito algunas de las coberturas informativas que se han hecho sobre el 15-M porque merecerían un capítulo aparte centrado más en la propaganda que en el periodismo. Me refiero a diarios como La Gaceta, emisoras de radio como EsRadio o televisiones como Intereconomía, Libertad Digital o incluso la pública Telemadrid.

  • Generalizaciones. En ocasiones se ha metido a todos los medios de comunicación en el mismo saco sin matizar las diferencias entre unos y otros. Y eso es tremendamente injusto, máxime cuando una de las críticas que se les hace es su tendencia hacia la generalización. Mientras que es cierto que algunos de ellos han puesto su empeño en caricaturizar o restar legitimidad al movimiento del 15-M otros muchos han mostrado una imagen bastante fidedigna de lo que han sido las movilizaciones y las acampadas. Se ha hecho tabula rasa y se ha acusado de manipulación tanto a medios manifiestamente beligerantes con el movimiento de los indignados como a otros que han mostrado simpatía hacia él. Este último es el caso de televisiones como La Sexta o diarios como Público.

  • Confusión entre opinión e información. Las voces más críticas contra el movimiento del 15-M han aparecido en el contexto de debates o de columnas de opinión. Por más que muchas veces despierten las iras de un sector de lo indignados no es censurable que los medios de comunicación hayan dado espacio a estas posturas, especialmente cuando en la mayoría de los casos también han aparecido opiniones más cercanas a las posiciones del 15-M. Solo se puede hablar de manipulación en un contexto informativo y no en el de un debate o una tertulia, por poco que nos gusten las posiciones que se viertan en ella. Otra cosa distinta es cuando los medios transgreden deliberadamente y con mala fe los límites entre información y opinión.

  • La cuestión de la violencia. Los medios de comunicación han mostrado las imágenes de agresiones a diputados catalanes a la entrada del Parlament, un hecho hasta ahora desconocido en nuestra democracia. Pretender que los medios sitúen en un segundo plano unos sucesos tan graves supone exigirles aquello mismo que les criticamos: que maquillen la realidad y que tergiversen la información. Y resulta especialmente absurdo cuando algunos periodistas han sido también objeto de agresiones. La aparición de elementos violentos en un movimiento social que tiene como seña de identidad la no violencia es un hecho noticiable de un interés informativo innegable. Precisamente por ello es necesario poner todo nuestro empeño en aislar a los violentos de las movilizaciones. Los medios de comunicación han señalado que el movimiento del 15-M es estrictamente pacífico y se han hecho eco de los comunicados de Acampada Sol y Acampada Bcn en los que se desmarcaban de la violencia. No obstante quizás fuese necesario que hicieran más hincapié en ello y deberemos estar vigilantes para que así sea.

  • El tratamiento de la actuación policial. Hay quien piensa que los medios de comunicación han legitimado en algún caso la violencia de la policía contra manifestantes pacíficos. Pero por lo general la realidad es bien distinta y gracias a ellos hemos podido conocer los excesos de las fuerzas de seguridad del Estado. Basta recordar que una cadena tan poco sospechosa de simpatía hacia el 15-M como Antena 3 emitió en directo las cargas de los mossos d’esquadra contra los acampados en Plaça Catalunya y puso su empeño en denunciar la brutalidad policial. Algunas otras cadenas generalistas han emitido los videos grabados por los indignados en el Parlament en los que se puede ver a policías infiltrados participando en las protestas. Lo cierto es que quien verdaderamente legitima la actuación de la policía es quien utiliza una movilización pacífica para ejercer violencia contra personas y cosas convirtiendo a todos los manifestantes en blanco potencial de la brutalidad policial.

  • Medios tradicionales vs Medios alternativos. La existencia de medios de comunicación alternativos es un buen instrumento para un movimiento social amplio como el del 15-M. Su papel es el de transmitir la información de manera más independiente que los medios de comunicación tradicionales, lastrados por unos formatos rígidos y por los clientelismos de sus grupos de comunicación. Pero resulta un tanto ingenuo pensar que los primeros puedan sustituir a los segundos a medio plazo. Los medios tradicionales han sido en parte responsables de la relevancia pública que ha adquirido el movimiento del 15-M y no reconocer su importancia puede llevarnos a despreciar la impresión que reciben los ciudadanos de un fenómeno como este.

  • Medios tradicionales vs Internet. Las redes sociales como Facebook o Twitter han sido elementos movilizadores importantísimos. Se demostró en Túnez, en Egipto y ahora en España. Pero en ocasiones se ha sobredimensionado su papel. Una de las características fundamentales del movimiento del 15-M ha sido su voluntad de apropiarse del espacio público. Internet, al igual que los medios de comunicación tradicionales, ha servido de altavoz pero en ningún caso se puede reducir este fenómeno a una virtualidad que ha sido solamente una herramienta, poderosísima si se quiere, para la indignación.

  • Manipulaciones “alternativas”. Resulta curioso que muchas veces quien más critica la manipulación de los medios de comunicación es precisamente quien más empeño pone en maquillar la realidad, hacerla más hermosa o más terrible, ocultar hechos y mezclar opinión e información. Internet es además un caldo de cultivo perfecto para ello. Basta recordar como en los días posteriores al desalojo de Plaça Catalunya circuló por la red la información de que uno de los heridos en las cargas policiales había fallecido. Y algún medio de comunicación alternativo se hizo eco de la noticia sin ni siquiera contrastarla. Lo que vale para los demás debe servir también para nosotros mismos.

  • La cuestión de los representantes. Durante la acampada de Sol las intervenciones de sus portavoces en los medios de comunicación se han visto relegadas a transmitir estrictamente las decisiones de la asamblea, lo cual les ha restado en inmediatez y operatividad y les ha impedido una participación más activa en debates y tertulias donde la voz del 15-M era necesaria. Por el contrario la plataforma Democracia Real Ya ha entendido a la perfección la importancia de una presencia activa en los medios de comunicación y sus representantes han estado presentes en ellos explicando sus posturas y rebatiendo las posiciones de algunos tertulianos.

  • La necesidad de colaboración. Uno de los éxitos del movimiento del 15-M ha sido su capacidad para conectar con la sociedad y la simpatía que se ha ganado entre los ciudadanos. Transformar en colaboración la desconfianza que rige la relación entre medios de comunicación e indignados es fundamental para que este fenómeno social mantenga el eco mediático que hasta ahora ha tenido y siga presente en las casas y en las mentes de los españoles.

Ana Pastor, TVE y la manipulación informativa

En el periodismo suelen darse dos concepciones contrapuestas sobre la verdad. Un sector de profesionales de la información sostiene que hay que aspirar a la objetividad o, al menos, a la mayor posible. Otro grupo cree que tal cosa es imposible, que la objetividad es una quimera y que cualquier información está cargada de valor. Ambas concepciones son ciertas de algún modo. La verdad, cuando se ordena, se verbaliza y se comunica, se carga de valores y prejuicios. Pero nada impide que los periodistas traten de transmitir los hechos de la manera más fidedigna posible. La verdad periodística no es, por tanto, equivalente a la verdad con mayúsculas. Pero aceptar esta premisa no supone renunciar a la información veraz y plegarse a la propaganda.

En España hemos vivido épocas muy oscuras del periodismo en los medios públicos. TVE ha sido objeto de críticas por manipulación informativa desde su existencia. Cada vez que se produce la alternancia en el gobierno y se nombran nuevos directivos del ente público, el partido en la oposición acusa a TVE de manipulación informativa. Y en algunas ocasiones razones no han faltado. Es lícito sospechar de unos medios de comunicación dirigidos por quien no piensa como nosotros e incluso resulta sano el control que ejerce la oposición sobre el tratamiento informativo de la televisión pública.

Pero en los últimos días se ha producido un hecho paradójico. Dolores de Cospedal, invitada en el programa Los Desayunos de TVE, ha denunciado la manipulación informativa del ente público. Y la cosa no pasaría de una mera anécdota si quien lo hubiese hecho no fuese la Secretaria General del PP. Porque si ha habido una época oscura en la televisión pública española esa ha sido la de los ocho años de Aznar, con Urdaci al frente de los informativos. Unos informativos que renunciaban a la información para hacer auténtica propaganda. Basta recordar que la única condena que ha tenido TVE por manipulación informativa ha sido por su tratamiento de la huelga general del 20J durante el gobierno de Aznar. O el relato que hizo la televisión pública española de la crisis del Prestige, del Yak-42 o de las movilizaciones contra la guerra de Iraq. Y por supuesto la burda manipulación informativa que todos sufrimos tras los atentados del 11M.

Por si todo esto fuese poco, la denuncia de Cospedal se produjo en un programa que junto con 59 Segundos marca el espíritu de una televisión que con todas las críticas que se le pueda hacer, que son muchas, nunca ha sido tan plural como ahora. Su presentadora Ana Pastor es un ejemplo de periodismo crítico que no se conforma con las respuestas tópicas y que pese a su juventud no se arredra ante dinosaurios de la política como Cospedal, Esperanza Aguirre o Alfonso Guerra que han pretendido tratarla de manera displicente. Algunas de sus entrevistas están sin lugar a dudas entre las mejores que se han visto en un medio de comunicación español en los últimos tiempos.

Entiendo la rabieta de Cospedal ante una periodista incómoda como Ana Pastor. Porque ese es el principal valor de la presentadora; no dejar que sus invitados recurran a los argumentarios de partido que escuchamos día tras día. Pero no hay más que ver un informativo de Telemadrid o de la valenciana Canal 9 para comprender el modelo de televisión pública que defiende el Partido Popular. La reciente condena del que fuera Secretario de Estado de Comunicación con Aznar por llamar nazi al doctor Montes no hace más que poner en solfa la estrategia del insulto y de la manipulación de los populares. Y en lo que al ámbito privado se refiere, por alguna extraña razón han sido los medios que están más a la derecha, incluso a la derecha del PP, los que han fabricado las informaciones más insidiosas de todo el periodismo político desde que existe la democracia.

Desgraciadamente el espectro informativo se ha inclinado hacia ese lado en los últimos años, especialmente con la llegada de la TDT. Pero también es cierto que hoy, gracias a internet, tenemos herramientas más que de sobra para contrastar las informaciones que nos llegan desde los medios de comunicación tradicionales. Y hace solo veinte años era impensable poder leer el New York Times, Le Monde y La Repubblica sin necesidad de salir de casa. El tratamiento informativo del 11M por parte de TVE fue atenuado en parte gracias a esa capacidad inmediata que tenemos hoy los ciudadanos de estar informados, en ocasiones en demasía. En ese contexto parece un mal chiste escuchar a la Secretaria General del PP denunciando la manipulación de TVE.

Sobre los anuncios de prostitución en los periódicos

Cada cierto tiempo algún medio de comunicación o alguna instancia institucional reabre el debate sobre los anuncios de prostitución en los periódicos. Se pretende que los diarios sigan el ejemplo de Público y prescindan de esa vía de financiación. La respuesta de estos es siempre la misma: los anuncios por palabras generan unos enormes ingresos económicos a los que no pueden renunciar, especialmente en tiempos de crisis de la prensa escrita.

Pero más allá del debate económico que se pueda generar el asunto tiene un trasfondo moral de profundo calado. Existe una cierta corriente de corrección política que considera que los anuncios de prostitución atentan contra la dignidad del ser humano, especialmente de las mujeres, y pueden ser un instrumento de las mafias que se dedican a la explotación sexual.

No dudo de que quizás fuera positivo incrementar los controles sobre este tipo de anuncios para impedir que organizaciones criminales los utilicen en su provecho. Pero no hace falta más que coger cualquier periódico para comprobar que diariamente se publican cientos de anuncios de puestos de trabajo o de alquiler de viviendas que son auténticas estafas perfectamente punibles por nuestra legislación. Y nadie ha solicitado que las empresas editoras prescindan de ellos. Del mismo modo en la prensa vemos cada día páginas enteras de publicidad de grandes compañías cuyo trato con sus empleados es, como mínimo, de dudosa moralidad. El mismísimo Ruiz-Mateos anunció en los principales diarios las virtudes de comprar participaciones de sus empresas cuando la realidad nos ha demostrado todo lo contrario.

Es absolutamente legítimo opinar que la sexualidad forma parte de la esfera más íntima del ser humano con la que no se debería comerciar jamás. Lo que ya no resulta tan legítimo es tratar de imponer esa opinión a quienes no la tenemos. La jerarquía eclesiástica ha tratado de hacerlo durante muchísimo tiempo y ahora una parte de la izquierda más políticamente correcta obra de la misma manera.

Para defender a cualquier colectivo lo primero es darle voz y escucharlo. Asociaciones en defensa de los derechos de las trabajadoras sexuales como Hetaira llevan años haciéndolo y reclamando la legalización de la prostitución libre. Una prostitución que, nos guste más o menos, es el sustento de miles de familias en nuestro país. Prohibir los anuncios de prostitución no va a acabar con el comercio del sexo pero si puede hacerle la vida más difícil a muchas mujeres y hombres que se dedican libremente a ello. Desde luego la corrección política no suele ser buena amiga de la justicia y la solidaridad.

Published in: on 19 abril, 2011 at 12:00  Comments (1)  
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España vista desde Madrid

Madrid es una ciudad extraña. Muchos de los que aquí vivimos venimos de ciudades más pequeñas, de eso que durante algún tiempo se denominó de manera peyorativa como “de provincias”. Hemos encontrado aquí trabajo, pareja, amigos… Hemos construido, en definitiva, una vida. Casi todos, no obstante, tenemos la sensación de que estamos aquí de paso y que algún día volveremos a nuestra tierra, la que tanto añoramos. Mientras tanto tratamos de exprimir al máximo las posibilidades que ofrece una ciudad apasionante como esta.

Madrid es una ciudad con una vida cultural al nivel de las grandes capitales europeas y solo comparable en España con Barcelona. Es tremendamente multicultural y uno puede encontrarse en cualquier rincón de Lavapiés o de Vallecas con gentes de casi todas las nacionalidades del planeta. Madrid enamora por todo ello y los que aquí vivimos lo sabemos bien. Por eso sorprende también que Madrid sea al mismo tiempo una de las ciudades más impermeables a otras realidades de nuestro país, donde la crispación está a la orden del día y en la que un sector nada despreciable de sus habitantes mantiene posiciones cercanas a un nacionalismo extremo e intolerante. No es difícil escuchar diariamente en los medios de comunicación madrileños opiniones contrarias a nuestro sistema autonómico. Un sistema que en nuestras tierras ha permitido tener unas instituciones más cercanas al ciudadano y más eficientes.

En ocasiones parece que desde Madrid se ven las cosas con un filtro distinto al del resto del país. Resulta incómoda la poca empatía que existe en Madrid hacia los hechos diferenciales y hacia los sentimientos identitarios distintos al español. No hay más que ver la actitud defensiva y despreciativa hacia las otras lenguas de nuestro país distintas del castellano. La famosa inmersión lingüística catalana es un invento netamente madrileño y prácticamente ningún catalán en su sano juicio considera que exista un problema idiomático en Catalunya. Y todo esto fomenta determinados prejuicios que muchas veces los madrileños asumen acríticamente. En Madrid se dice que si uno viaja a Catalunya siempre se encontrará a alguien que se niegue con malos modos a hablarte en castellano. Además siempre hay un primo, un amigo o un conocido al que le ha ocurrido algo semejante. Pero afortunadamente la realidad es bien distinta y el mito recuerda a aquel otro sobre Ricky Martin, un perro y un tarro de mermelada.

Ese extraño prisma desde el que se ve la realidad española en Madrid suena a veces a marciano en otras zonas del estado. Resulta difícilmente imaginable una manifestación contra el terrorismo como la del pasado Sábado en Madrid recorriendo las calles de ciudades como Donosti, Lleida, A Coruña o Xixón con banderas preconstitucionales y pancartas a favor de la cadena perpetua. Medios de comunicación ultras como La Gaceta, Intereconomía, EsRadio o Libertad Digital son fuera de Madrid motivo de mofa para la minoría más informada y sencillamente desconocidos para el resto de la población.

Por fortuna Madrid es mucho más que eso. No quiero que ningún madrileño se me eche a la yugular. Pero Madrid también es eso. Un sector de su clase política y de sus medios de comunicación han fomentado un desprecio a la periferia, especialmente a lo catalán y lo vasco, que desgraciadamente ha calado en una parte de la sociedad que se pone a la defensiva ante las reivindicaciones de más autonomía de algunos territorios del Estado Español.

Hay datos para pensar que una parte de los no madrileños que viven en Madrid, especialmente los más jóvenes, no votan, ya sea por no sentirse involucrados en la vida pública de un territorio en el que están de paso o por seguir censados en sus comunidades de origen. En parte ello explica las victorias tan abultadas de la derecha en las elecciones municipales y autonómicas. Sería deseable que quienes pertenecemos a esa inmigración interna en Madrid pasemos a la ofensiva, nos sintamos partícipes de la ciudad en la que vivimos y sepamos explicar a los madrileños que sentirnos catalanes, vascos, gallegos o asturianos no significa despreciar a una ciudad maravillosa como la madrileña. Los sentimientos identitarios forman parte de la esfera de lo más íntimo del ser humano y debemos aprender a convivir con lo que nos une pero respetando también lo que nos diferencia.

 

Más sobre La Voz de la Calle

He ido a la manifestación contra el paro y la precariedad juvenil que se ha celebrado esta tarde en Madrid (y sobre la que trataré de escribir unas líneas mañana) y me he encontrado con Alberto Arce, uno de los trabajadores de la redacción de La Voz de la Calle. Él me ha informado de que la plantilla del diario esta tratando de buscar una solución y su intención es seguir con el proyecto de La Voz de la Calle. De hecho estaban allí varios redactores cubriendo la manifestación. Desde aquí les deseo todo el ánimo del mundo para vencer los obstáculos que se han encontrado en el camino y todo mi apoyo para que puedan construir una nueva voz informativa desde la izquierda. Es justo y necesario.

Published in: on 7 abril, 2011 at 21:01  Dejar un comentario  
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