¡Por Dios, que vuelva!

Llevo días deseándolo. Si fuese creyente rezaría para que Aznar volviese a la política. Sería lo mejor que le podría ocurrir a este país. ¿Por qué? Es sencillo. Son muchos los españoles que piensan que Aznar ha sido el mejor presidente del gobierno de la democracia. Que situó a España en la primera fila de la política internacional y fue el artífice del “milagro económico” español. Que no dejó que los nacionalistas se le subieran a las barbas o, mejor dicho, al bigote. Que combatió el terrorismo etarra como ningún otro presidente y no claudicó ante las exigencias de la banda como hiciera más tarde el pusilánime de Zapatero, dispuesto a vender Navarra a cambio de unas migajas de paz en Euskadi. Que bajó los impuestos, privatizó empresas públicas para fomentar la competencia y liberalizó el suelo permitiendo a millones de españoles conseguir una vivienda en propiedad gracias a un mercado hipotecario saneado y sostenible. Que puso coto a la inmigración descontrolada que empezaba a ser un problema de seguridad en nuestras ciudades.

Media España piensa todo eso, si. Pero la otra media, entre los que me incluyo, pensamos que Aznar fue de lejos el peor presidente de gobierno de la democracia. Que con sus modos de dictadorzuelo de medio pelo dejó claro su talante autoritario y su desprecio por las más elementales formas democráticas de diálogo y transparencia. Que metió a España en una guerra injusta e ilegal en la que murieron miles de seres humanos en base a una mentira construida sobre las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein. Que despreció el clamor popular que exigía no embarcarse en la aventura de Iraq. Que su acento tejano y sus botas sobre la mesa en la Casa Blanca fueron el hazmerreir de la política internacional española en la primera década del milenio. Que utilizó la mayoría absoluta de su segunda legislatura como un arma arrojadiza contra el más elemental pluralismo político. Que hizo de Radiotelevisión Española una herramienta de manipulación y propaganda ultraconservadora con personajes tan lamentables como Alfredo Urdaci. Que provocó, con su nefasta gestión, la catástrofe del Prestige que llenó las playas del Norte de España con aquellos “hilillos de plastilina” (Rajoy dixit). Que denominó a la banda terrorista ETA como “Movimiento de Liberación Nacional Vasco” al mismo tiempo que se jactaba de sus políticas antiterroristas de tolerancia cero. Que utilizó a las víctimas del terrorismo como arma electoral contra el principal partido de la oposición. Que en un ejercicio de irresponsabilidad vergonzosa frivolizó sobre la ingesta de bebidas alcohólicas y la conducción mientras cientos de personas perdían la vida todos los años en la carretera. Que provocó la burbuja inmobiliaria y la corrupción urbanística con sus políticas de liberalización del suelo. Que ha sido el mayor responsable de la crisis económica española, por más que el PP presuma de los años del “milagro económico español”. Que permitió y se benefició de la financiación ilegal y de los sobresueldos que se pagaban en la calle Génova de mano de Bárcenas. Que se rodeó de algunos de los personajes más corruptos de la historia reciente de España, muchos de los cuales fueron invitados a la boda de su hija en El Escorial. Que enfocó la inmigración como un problema de seguridad ciudadana mientras buena parte de las prestaciones sociales se pagaban gracias a las cotizaciones de los trabajadores extranjeros. Que pretendió engañar a la sociedad española en un vomitivo ejercicio antidemocrático de manipulación sobre la autoría del peor atentado que ha sufrido España con el único objetivo de ganar las elecciones de 2004. Que diseñó y alimentó la teoría de la conspiración sobre el 11-M, mil veces desmentida, tratando de restar legitimidad a la victoria electoral de Zapatero y despreciando a las víctimas de aquella tragedia. Y que por último dispara contra el líder de su propio partido, escogido por él mismo, en una muestra de deslealtad y revanchismo muy poco propia de la responsabilidad que se le debería exigir a un ex presidente de gobierno.

Por todo ello y por muchas más cosas, Aznar ha sido de lejos el peor presidente de la democracia. Y eso que los ha habido muy malos. Ahora amenaza con regresar y yo, personalmente, estoy deseando que vuelva. Le estaremos esperando con los brazos abiertos… …y las armas cargadas.

(Publicado en http://blogs.publico.es/xabel-vegas/)

Aznar1

Published in: on 24 mayo, 2013 at 15:30  Dejar un comentario  
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Festival de la estupidez

"Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera". La archiconocida sentencia de Einstein cobra hoy especial actualidad en nuestro país. No hace falta más que poner cada día las noticias para escuchar una nueva sandez, más grande que la anterior, como si asistiésemos a un concurso de estupideces en el que algunos políticos compiten por el primer puesto.

Si tan solo se tratara de estupideces, la cosa podría tener hasta su gracia. La estulticia ajena suele alimentar el sentido del humor y al menos permite sonreír. Pero cuando las tonterías son además afrentas, el asunto resulta más peligroso. Y al final se acaba convirtiendo en una verdadera competición para ver quien dice la barbaridad más grande, sin importar las consecuencias políticas que las palabras estúpidas pudieran tener.

El último de los participantes en tan insigne competición ha sido Felip Puig, consejero de Interior de la Generalitat de Catalunya, que se ha permitido el lujo de sugerir que los Mossos d’Esquadra tendrían que participar en el conflicto con España si llegado el caso este se tornara violento. Todo un canto a la prudencia y al diálogo, vaya. En su versión españolista ya Alejo Vidal-Quadras, nada menos que el Vicepresidente del Parlamento Europeo, había recomendado al gobierno de Rajoy que tuviese preparado “un general de brigada de la Guardia Civil” (sic) para tomar el mando de la irredenta Catalunya si Artur Mas persiste en sus aspiraciones soberanistas.

Pero la cosa no se queda ahí. Leopoldo Muñoz Sánchez, presidente de la Asociación de Militares Españoles, ha concedido una entrevista a la televisión holandesa que no tiene precio. El coronel, que por edad debe llevar en la reserva desde la Guerra de Independencia, ha afirmado, blandiendo la Constitución y luciendo banderas españolas en su despacho, que el gobierno debería declarar el estado de guerra si los catalanes persisten en su capricho secesionista. Que vayamos apuntando los cañones hacia l’Empordá, vaya. Si nos queda algo suelto para proyectiles, claro, que con tanto pagar pensiones y subsidios de desempleo no queda dinero para lo verdaderamente importante. Los holandeses se habrán quedado deslumbrados con su portentosa inteligencia castrense, desde luego.

Pero no hay duda que el rey de las sandeces, el gran artista de la majadería, es José Ignacio Wert. Desde que dejara su puesto de tertuliano para ocupar la cartera de Cultura y Educación, no hay semana que no nos haya regalado alguna soberana estupidez. La declarada intención de españolizar Catalunya no es la única, ni siquiera la más importante. En un loable esfuerzo por ilustrarnos sobre lo que significa la palabra eufemismo, el ministro ha querido recordarnos que “el número de alumnos por clase no aumenta, se flexibiliza”. Y para completar el catálogo de estupideces del mes, Wert se ha permitido calificar a la principal asociación de padres y madres de alumnos como “extrema izquierda radical y antisistema”. Todo un ejemplo de diálogo con la comunidad educativa. Aunque en esto le ha tomado la delantera Alfonso Alonso, portavoz del PP en el Congreso, comparando la huelga de estudiantes con las de la izquierda abertzale. Como analogía no tiene precio.

Pero cada uno tiene sus debilidades. Y a mi me pierde Esperanza Aguirre y su verbo fácil. Así que si tuviera que otorgar una corona a la estupidez, no dudaría en dársela a la expresidenta de la Comunidad de Madrid. En el que quizás sea su momento más brillante desde que dijera que “Franco era bastante socialista”, la sobrina de Gil de Biedma afirmó orgullosa esta misma semana que “España es una gran nación con 3000 años de historia”. Y ufana añadió “eso lo tienen que saber los niños”. ¿3000 años? ¿Nada más?

(Publicado en http://blogs.publico.es/xabel-vegas/)

Espe

Published in: on 19 octubre, 2012 at 10:29  Dejar un comentario  
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Lo peligroso y lo emocionante

Con toda seguridad dentro de unos años se recordará este periodo de nuestra historia como uno de los momentos más críticos de España como país, no solo en el terreno económico sino también en el político y el institucional. La crisis ha puesto punto y final a la aceptación social del statu quo, que en España se sustentaba en la juventud de nuestro sistema democrático y en un crecimiento económico que nos había homologado al resto de naciones del mundo rico. La desafección de la sociedad hacia la clase política no es un fenómeno nuevo surgido de la coyuntura económica desfavorable. Pero ésta ha servido para cristalizar y potenciar esa desafección que, además, se suma a una crisis de autoridad de algunas instituciones del Estado. La situación de la corona o del poder judicial son ejemplos sintomáticos del estado anímico de una sociedad que ha pasado en apenas 30 años de la celebración de la democracia a la desconfianza hacia su funcionamiento.

Es difícil saber cuanto de positivo y de negativo pueda haber en ese fenómeno. Lo desconocido suele ser peligroso y emocionante casi a partes iguales. Peligroso porque la crisis de las instituciones que sustentan la democracia puede devenir en un auge de las ideas mesiánicas, del totalitarismo, del populismo o directamente del fascismo. Emocionante porque la idea de hacer borrón y cuenta nueva con unas instituciones salpicadas de comportamientos inmorales y antisociales siempre es estimulante. Lo que hay está tan podrido que parece deseable deshacerse de ello y construir algo nuevo.

Que nadie espere una revolución social y un nuevo orden de las cosas. Las sociedades modernas, a pesar del hartazgo en el que están sumidas, se muestran conservadoras ante el miedo a lo desconocido. Son tan críticas con lo que hay como prudentes con lo que puede haber. Y esa manera de entender lo público da para pocos cambios radicales, si bien existe un límite de tolerancia al que nos estamos acercando peligrosamente. Pero sea como fuere y a pesar de aquello de “que todo cambie para que todo siga igual” hay algo que parece haber cambiado para siempre en la forma en que los ciudadanos se relacionan con las élites políticas y económicas.

En Grecia, dada la situación, están un paso más allá en este fenómeno. Los resultados de las últimas elecciones son un buen indicador de esa actitud. Por un lado se confirma la crisis de confianza de los dos grandes partidos, PASOK y Nueva Democracia, que ha beneficiado a Syriza por lo que tiene de proyecto político fresco y deslastrado del poder económico. Pero por otra parte el miedo a lo desconocido ha hecho presencia, animado por las amenazas desde Berlín y Bruselas, y un sector de la sociedad ha querido ver cumplido aquello de “más vale malo conocido”.

¿Puede ocurrir algo similar en España? Lo cierto es que estamos más cerca de ello que de lo contrario. PP y PSOE se dirigen hacia el punto de no retorno de la desconfianza ciudadana. Pero si el ejemplo de Grecia indica en la dirección de una nueva política más fresca y atrevida, también existen otros ejemplos de lo contrario. La crisis que en Italia supuso el proceso Manos Limpias en los años ochenta llevó a la caída en desgracia de los grandes partidos italianos: Democracia Cristiana, Partido Comunista Italiano y Partido Socialista. Pero el resultado no fue la gran regeneración democrática esperada sino el surgimiento del berlusconismo como fenómeno neopopulista.

Así que tenemos ejemplos para pensar que lo que está ocurriendo en España desde el punto de vista político puede resultar ora peligroso ora estimulante. ¿De que depende que la balanza se incline hacia uno u otro lado? Sin duda de la madurez de la sociedad. Las élites pueden ser culpables de muchas cosas. De casi todo, si se quiere. Pero los ciudadanos somos responsables de sostener el statu quo. Y también a veces somos responsables de transformar lo malo en lo peor. Esperemos que en esta ocasión no ocurra tal cosa y que en los libros de historia del futuro se pueda leer que en la segunda década del siglo XXI España vivió una verdadera regeneración democrática.

(Publicado en http://blogs.publico.es/xabel-vegas/)

encrucijada

Published in: on 3 julio, 2012 at 10:23  Comments (1)  
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Analizando las elecciones en Andalucía y Asturies

Las elecciones de Andalucía y Asturies son especialmente significativas por el momento político y económico que estamos viviendo. Además su importancia trasciende el ámbito autonómico y suponen una buena toma de temperatura del apoyo al partido que gobierna en Madrid. No en vano Andalucía es la Comunidad Autónoma más poblada de todo el Estado y la suma de su población con la de Asturies supone alrededor del 20% de la población española.

De un primer análisis parece más que evidente que los resultados de ambas citas electorales han supuesto un jarro de agua fría para las pretensiones del Partido Popular, que aspiraba a hacerse con las presidencias de ambas comunidades autónomas. En Andalucía las encuestas le daban mayoría absoluta, en algunos casos bastante holgada, pero las urnas lo han situado a cinco escaños de la presidencia de la Junta. En Asturies se ha quedado como tercera fuerza política, por detrás del PSOE y FAC, lo que le impide alcanzar la Presidencia de la Junta General del Principado y le obliga a negociar con Cascos en situación de inferioridad si quiere participar de algún modo en el gobierno.

Es difícil valorar las tendencias que esconden unos resultados electorales pero si comparamos los datos del 20N con los de ayer, parece evidente que al PP le han pasado factura los primeros meses de gobierno y especialmente la reforma laboral. La presentación de los presupuestos estatales justo después de las elecciones también ha podido ser un elemento importante de valoración del electorado, que desconfía de quien no enseña todas sus cartas antes de la cita en las urnas. Pero esa lectura en clave estatal no resta importancia a lo ocurrido a nivel autonómico. El PP andaluz quizás pagó una cierta prepotencia del que se cree ganador antes de jugar el partido, lo que quedó de manifiesto con la ausencia de Arenas en el debate de Canal Sur. Quizás ese ha sido uno de los grandes errores de los conservadores, que quisieron hacer su campaña utilizando a los medios de comunicación como altavoz de la corrupción en Andalucía más que mostrando su programa político a los ciudadanos.

En este sentido es interesante dedicar unas líneas a analizar el efecto que tienen los escándalos de corrupción en los electores. Se suele decir, no sin parte de razón, que la corrupción pasa mayor factura a la izquierda que a la derecha. Y no cabe duda de que, a diferencia de los ocurrido en la Comunidad Valenciana, los escándalos en Andalucía han sido un lastre para un PSOE que ya llegaba muy tocado a las elecciones. Los 650.000 votos de diferencia con los resultados de 2008 dan buena cuenta de ello, aunque es difícil saber si pesan más las políticas económicas de Zapatero durante la crisis o el caso de los EREs. Pero en ocasiones puede ser también que los ciudadanos no solo penalicen al partido donde se producen los casos de corrupción sino también a aquel que intenta rentabilizar los escándalos del adversario en beneficio propio. La utilización electoral de la corrupción en Andalucía por parte del PP, que ha centrado su campaña en ello, ha sido tan burda que es muy probable que haya pesado en la decisión de los electores.

Para el PSOE estos resultados electorales suponen un soplo de aire fresco. Aunque aun es pronto para decirlo, pudiera parecer que la tendencia de las autonómicas y las generales del año pasado esté empezando a revertirse. En Andalucía el PSOE ha sacado prácticamente el mismo número de votos que en las Elecciones Generales de 2011, con la particularidad de que en estas últimas la participación fue 8 puntos mayor. Dando por descontada la victoria del PP, el PSOE andaluz obtiene unos magníficos resultados en relación a lo esperado, que además le permitirán gobernar con toda probabilidad con Izquierda Unida.

En Asturies la situación es un poco más compleja. La victoria del PSOE es por ahora insuficiente para gobernar en mayoría con Izquierda Xunida, aun contando con el voto del diputado de UPyD. Habrá que esperar, no obstante, al voto de la emigración asturiana, que es tradicionalmente progresista y que podría hacer bailar un diputado a favor del PSOE, dándole la gobernabilidad. Pero sea como fuere se puede detectar un cierto movimiento del electorado hacia la izquierda en comparación con las elecciones autonómicas del año pasado. Era de esperar que la actitud autoritaria del gobierno Cascos y las políticas regresivas de Rajoy restaran votos de la derecha asturiana. Con toda probabilidad la reforma laboral haya tenido una especial influencia electoral en Asturies, donde los sindicatos siguen teniendo un papel determinante.

La atomización del voto en Asturies se ha convertido en una realidad. En apenas un año la Junta General del Principado ha pasado de albergar a tres grupos parlamentarios a tener que contar hasta cinco siglas: PSOE, FAC, PP, IX y UPyD. Es difícil saber si es el reflejo de un mayor pluralismo político de la sociedad asturiana, toda vez que las diferencias entre los dos partidos de la derecha, PP y FAC, tienen más que ver con el personalismo que con el programa político. Pero en cualquier caso la estabilidad política en Asturies queda comprometida por un escenario donde la negociación y el pacto serán imprescindibles para gobernar. Y en la experiencia asturiana este panorama no ha dado buenos resultados, lo que quizás tenga mucho que ver con una cultura política poco dada a la democracia consociativa.

Los resultados de Izquierda Unida, tanto en Asturies como en Andalucía, son magníficos. Se trata de los dos feudos tradicionales de la formación, donde su peso político es mayor. Y curiosamente representan las dos corrientes opuestas dentro de Izquierda Unida. En Asturies, donde el sector ligado a Llamazares lidera la coalición, han conseguido subir tanto en votos como en escaños. Porcentualmente Asturies es la Comunidad Autónoma donde el peso de IU es mayor, con poco menos del 14% de los votos. En Andalucía es el sector más cercano a Cayo Lara y al PCE quien lidera la coalición con un discurso más antiguo y menos cercano a la realidad social que el de Izquierda Xunida y Llamazares en Asturies, lo que no les ha impedido doblar su representación parlamentaria. Una buena porción de lo que pierde el PSOE lo gana IU y esto le proporciona un buen argumento para negociar con Griñán y para arrastrar al PSOE andaluz a posiciones más a la izquierda.

Otro dato a analizar es la baja participación tanto en Andalucía como en Asturies. La abstención es siempre difícil de comprender porque sus motivos son desconocidos. Valorar que porcentaje hay de castigo o descontento con la clase política y cuanto de desinterés es un ejercicio muy poco útil basado más en la especulación que en los datos. No es desdeñable, no obstante, la influencia que hayan podido tener las citas electorales de 2011. En un año tanto los asturianos como los andaluces han acudido a las urnas en tres ocasiones, lo que puede provocar un cierto hastío electoral, especialmente en el Principado donde los ciudadanos han tenido que votar en dos ocasiones y con diez meses de diferencia para la misma institución.

En Andalucía la no coincidencia de las autonómicas con las generales también puede explicar cierto nivel de abstención. Y aunque todo hacía pensar que la baja participación beneficiaba al PP, como ha venido siendo tradición en la mayoría de las elecciones en España, la realidad ha sido bien distinta. Finalmente Griñán acertó convocando las elecciones en una fecha diferente a la de las generales de 2011.

Sea como fuere, la abstención es un problema real de nuestro sistema político que conviene abordar detenidamente. Pero no se pueden sacar demasiadas conclusiones de ello ni sirve para desacreditar unos resultados democráticos, por más que algunos pretendan hacer ese análisis. Decir que quien se abstiene lo hace para deslegitimar al sistema o a la clase política es hacer una lectura interesada y poco objetiva de un fenómeno que se da en buena parte de las democracias del mundo.

Las elecciones en Andalucía y Asturies han supuesto en definitiva un gran alivio para el PSOE y un jarro de agua fría para el PP, que se veía gobernando en ambas comunidades autónomas. El panorama de un país donde la práctica totalidad de las instituciones estuvieran gobernadas por ejecutivos conservadores parece esfumarse y eso hace pensar que la sociedad pueda empezar a pasar factura a las políticas agresivas del PP. La siguiente prueba de fuego es la Huelga General del 29M. Y los Presupuestos Generales del Estado, que se presentarán al día siguiente, pueden ser un nuevo elemento de desafección de la sociedad con el gobierno, toda vez que en ellos se reflejarán previsiblemente unos recortes sociales que serán muy dolorosos.

Al PSOE aun le queda una larga travesía en el desierto. Tendrá que convencer a la sociedad de que su apuesta por las políticas sociales es firme. En ello influirá el papel de los socialistas y quien sea finalmente su candidato. Pero también la capacidad de IU para arrastrar al PSOE a la izquierda, la situación de la socialdemocracia europea (una victoria de Hollande en Francia ayudaría), la coyuntura económica y la gestión que el PP haga de ella… Por ahora el PSOE ha conseguido parar el golpe de la derecha y es un buen comienzo. Pero el siguiente partido se juega en las elecciones vascas del próximo año, donde las encuestas no auguran un gran resultado para Patxi López. Aunque visto lo visto en Andalucía y Asturies, vale más no fiarse demasiado de los sondeos electorales.

La deuda pública y la reforma de la Constitución

Hace unos meses, con motivo de la reforma exprés de la Constitución pactada entre PSOE y PP para incluir un techo de endeudamiento del Estado, llovieron las críticas desde la izquierda por tal medida. Se decía, no sin razón, que se les había usurpado a los ciudadanos su derecho a decidir sobre un asunto de tanto calado. Efectivamente hasta ahora la Constitución Española había sido preservada por los dos grandes partidos de cualquier tentación reformista y no parece muy democrático colar por la puerta de atrás una reforma de ese calado en plena época preelectoral.

Pero desde la izquierda se ha dicho que limitar el déficit público no es una medida progresista. Y aunque es cierto que las consecuencias de tal decisión pueden ser devastadoras para los servicios públicos esenciales si se gestiona desde la ortodoxia neoliberal, la realidad es que la reducción de la deuda pública es bastante razonable en una situación de crisis.

Los Estados, cuando tienen problemas de liquidez, se financian mediante la emisión de bonos de deuda. Los inversores privados especulan con ellos y logran unos intereses muy altos con un riesgo relativamente bajo. En los últimos días el BCE ha prestado dinero a los bancos a un 1% de interés. Un dinero que mayoritariamente se destina a la compra de deuda pública a unos intereses de entre el 4 % y el 5% en el caso español, lo que lo convierte en un negocio muy jugoso. Esto supone que los Estados ponen dinero de las arcas públicas en manos privadas a través de los intereses de la deuda lo que alimenta la perversidad de una economía financiera que paradójicamente está dañando la estabilidad económica de los Estados con dinero prestado por esos mismos Estados.

Seguramente la necesidad de liquidez de los países hace inevitable el recurso a la deuda. Pero un discurso progresista debería centrarse en una reforma de la fiscalidad socialmente más justa que permita mayores ingresos por la vía de los impuestos. Esto supondría tener que recurrir menos a la emisión de bonos de deuda y una menor exposición a los especuladores. Parece además bastante razonable que los Estados no gasten más de lo que ingresan o al menos que ajusten sus ingresos por vía impositiva a sus necesidades de gasto.

No hay duda de que la reforma exprés de la Constitución merece ser cuestionada. El oscurantismo con el que PSOE y PP la han puesto en marcha y la sensación de sumisión al directorio franco-alemán que la propuso, deteriora la relación entre gobernantes y gobernados y alimenta algunos discursos populistas sobre la clase política en una época donde la imagen social de los representantes públicos no pasa por su mejor momento. Quizás un referéndum hubiese sido más higiénico desde el punto de vista democrático pero eso no impide que la limitación de la deuda pública sea en principio una medida que, si se gestiona bien, parece muy razonable. No tiene mucho sentido sostener un discurso antineoliberal y al mismo tiempo defender unos niveles de déficit que implican necesariamente la emisión de bonos de deuda pública. Y la deuda pública es hoy una de las herramientas más potentes que los mercados especulativos están utilizando para enriquecerse a costa de la economía de los Estados y del bienestar de los ciudadanos.

Zorionak!

El anuncio del cese definitivo de la actividad armada de ETA es una buena noticia. La sociedad vasca y la española llevaban esperándolo desde hace décadas y ahora se abre un nuevo escenario con numerosas incógnitas y dificultades pero sin la lacra de una violencia política que además de quitar la vida a más de ochocientos seres humanos ha basado su existencia en una estrategia de amedrentamiento de una parte de los ciudadanos de Euskadi. Ahora se puede decir que los ciudadanos vascos son un poco más libres que hace una semana. Y eso, al margen de cualquier otra consideración, merece ser celebrado.

La existencia de un fenómeno predemocrático como ETA y de un entorno que legitimaba sus asesinatos suponía el último reducto sociológico del franquismo. Hoy gracias al acoso policial y al aislamiento social se ha iniciado el camino del fin de ETA. Pero también ha sido decisivo el papel de algunos líderes abertzales que han dado pasos valientes hacia el uso de vías exclusivamente políticas dentro del independentismo vasco. Es el caso de Otegi y parece difícil entender que el principal impulsor del cese definitivo de ETA pueda seguir en la cárcel a medio plazo. Alimentaría su imagen de mártir dentro del mundo abertzale y supondría mantener una situación excepcional en un marco de necesaria normalización.

La izquierda abertzale ha sido capaz de capitalizar el final de ETA y sin lugar a dudas lo amortizará en las urnas. Por más que a ETA no le quedase más salida que su cese, el independentismo vasco ha sabido escenificar que se ha tratado de una victoria de la política frente a las armas. No ha sido producto de una negociación con el Estado sino de una decisión autónoma y sin contraprestaciones lo cual permite que la izquierda abertzale se pueda poner las medallas de la pacificación. Pero conviene no olvidar que la decisión de abandonar la violencia se produce no tanto por una reflexión moral sobre el sufrimiento causado sino por cuestiones de mera estrategia política en la que ETA suponía ya un obstáculo para las pretensiones independentistas. Y en un mundo donde abunda la intolerancia, el autoritarismo, el militarismo o la legitimación de la aniquilación del otro no podemos esperar que de la noche a la mañana se produzca una metamorfosis. La democratización del entorno de ETA será un camino largo y difícil que tendrá que recorrer el mundo abertzale pero también el resto de la sociedad y de la política vasca y española. Habrá que buscar la fórmula para que el independentismo vasco pueda encontrar su sitio en las instituciones y para que la convivencia diaria se normalice. Especialmente complicada será esta tarea en los pequeños municipios donde el aislamiento social y político de quienes admiten su identidad española ha sido brutal y donde el acoso y la amenaza han sido una constante.

Ahora a ETA le toca reconocer el dolor causado y pedir perdón a las víctimas. Seguramente también se organizará una entrega de armas, aunque esto supone más una escenificación de su final que una medida verdaderamente eficaz para el desarme. En cuanto a las instituciones democráticas, podrán dar pasos importantes de cara a la normalización política y social. El acercamiento de presos es obligado toda vez que la dispersión era justificada como medida, poco eficaz por otro lado, para limitar las directrices ideológicas que ETA daba a sus miembros encarcelados. Además supone una doble pena, para los terroristas y para sus familias, que casa mal con una situación en la que es necesario abrir todos los caminos posibles a la convivencia. Una supuesta amnistía, además de ser prácticamente imposible desde el punto de vista legal, sería injusta, alimentaría la indignación de un sector de las víctimas con el que hay que contar para construir la convivencia y socavaría el concepto de seguridad jurídica fundamental en un Estado de Derecho. Pero a medio plazo será necesario explorar la vía de los indultos, especialmente para aquellos presos sin delitos de sangre. Y habrá que mirarse en el espejo de otros procesos similares y tratar de buscar el diálogo y el entendimiento, si no el perdón, entre aquellos que legitimaban la violencia y aquellos que la sufrieron. Ya existen algunos programas de este tipo y están dando resultados muy interesantes. Pero para profundizar en ese sentido será necesaria una buena dosis de audacia y de imaginación y un respeto escrupuloso a las víctimas, incluso a aquellas que no comparten los anhelos de un futuro sin rencor.

El modo en el que el PP de Rajoy ha recibido la noticia del cese definitivo de ETA permite tener esperanzas y supone un cambio de rumbo con respecto a la política antiterrorista que hasta ahora venía manteniendo. Los populares saben que tendrán que gestionar este proceso y parece que lo harán con más diálogo que enfrentamiento, si bien tendrán que soportar las presiones de los sectores más conservadores, de algunas de las víctimas con posturas más radicales y de la ultraderecha mediática. El problema no será tanto la política del PP como el calado que las posturas más extremas puedan tener en un sector de la sociedad española generando distancias insalvables con la sociedad vasca.

Por otro lado, la gran batalla política que se dará en los próximos años en Euskadi es ver quien y como se escribirá el relato de lo ocurrido en los últimos años. Si como parece la izquierda abertzale aumenta significativamente su apoyo social y electoral pudiendo incluso alzarse con la lehendakaritza, el Estado tendrá que bregar a medio plazo con una hegemonía independentista que obligará a debatir sobre el futuro de Euskadi y su relación con España. Será un debate complicado en el que habrá que insistir en la realidad social vasca y en la necesidad de construir la convivencia entre la identidad vasca, la española y la vascoespañola. Pero al fin será un debate sin armas, sin asesinatos y sin escoltas. Zorionak.

Los méritos de Donosti como Capital Europea de la Cultura 2016

Ayer mismo, mientras escribía una entrada en este blog sobre los desafortunados primeros pasos de Bildu en las instituciones vascas, se decidía la ciudad española que compartirá con la polaca Wroclaw la capitalidad europea de la cultura en 2016. Finalmente Donosti se alzó con el título frente a ciudades como Zaragoza, Burgos, Segovia, Córdoba o Las Palmas. Reconozco que me parecía imposible que el jurado le diese este honor a una localidad gobernada por una formación abertzale. Al conocer la decisión la sorpresa fue mayúscula. Y las críticas surgieron como flores en primavera. La mismísima Ministra de Medio Ambiente Rosa Aguilar calificó el dictamen del jurado como “un grave error”. Y el alcalde de Zaragoza Juan Alberto Belloch, que aspiraba a la capitalidad cultural para su municipio, se manifestó en los mismos términos y llegó a calificar de disparate la concesión de una responsabilidad tan importante a un ayuntamiento regido por Bildu. Como no podía ser de otro modo, los medios de comunicación más a la derecha han cargado las tintas contra un Ministerio de Cultura responsable de la composición del jurado.

Considero que la designación de Donosti como Capital Europea de la Cultura en 2016 es más que merecida. Reconozco que tengo cierta debilidad por una ciudad a la que he ido muchas veces y en la que siempre me he sentido como en casa. La última visita fue hace tan solo un par de meses, en plena Semana Santa, y tuve la oportunidad de recorrer el casco viejo, comer unos pintxos y beber una sidra guipuzcoana casi tan buena como la asturiana. Pero más allá de mis experiencias personales Donosti ha sido y es la cuna de algunos de los mejores músicos, artistas plásticos, cineastas y cocineros de Europa. Basta recordar a escultores reconocidos internacionalmente como Oteiza o Chillida, o a otros más jóvenes como Peio Irazu. O la cocina vasca liderada por un Juan Mari Arzak que ha estado a la vanguardia de la gastronomía mundial. No hay que olvidar eventos como el Festival de Jazz o fenómenos como el Donosti Sound que han dado grupos tan importantes para la escena musical independiente como Le Mans o La Buena Vida. O su Festival de Cine, que tras Cannes y la Berlinale es uno de los referentes europeos de la cultura cinematográfica.

Donosti, con o sin Bildu, tenía objetivamente más meritos que sus competidoras para convertirse en Capital de la Cultura. Y toda vez que el Tribunal Constitucional ha confirmado la legalidad de la formación abertzale y que los donostiarras le han dado su confianza en las urnas, habrá que reconocer que el gobierno de la capital de Gipuzkoa es tan democráticamente legítimo como cualquier otro. Podrá gustarnos más o menos pero no parece justo apelar a los resultados electorales para negar la capacidad de Donosti de albergar la capitalidad europea de la cultura. Porque además sería un castigo no tanto a Bildu como a los donostiarras.

La candidatura de Donosti fue un empeño casi personal del anterior alcalde, el socialista Odón Elorza, que fue uno de los principales artífices de la construcción de una ciudad moderna, culta, habitable y acogedora. El proyecto que ha recibido la confianza del jurado fue diseñado por el equipo del anterior regidor socialista y deberá ser respetado por el nuevo consistorio abertzale. El alcalde de Bildu Juan Carlos Izaguirre invitó ayer a Odón Elorza al acto en el que se desvelaba la candidatura ganadora. Y ese gesto parece un buen comienzo para los próximos cinco años en los que la capital guipuzcoana tendrá que prepararse para convertirse en el foco europeo de la cultura. Una cultura que siempre ha esto reñida con la violencia. Nada mejor que una Donosti en paz y con una proyección cultural internacional para simbolizar la nueva etapa que presumiblemente se vivirá en Euskadi en los próximos años con el fin definitivo de la violencia.

Published in: on 29 junio, 2011 at 10:19  Dejar un comentario  
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Gobernar para todos en Euskadi

Que gobernar una institución es gobernar para todos, los que te han votado y los que no, es algo que rara vez comprenden los políticos de nuestro país. La dialéctica del amigo / enemigo, cuando se pone en práctica en las instituciones públicas, devalúa el concepto mismo de democracia. Y resulta especialmente grave en aquellos lugares donde los conflictos políticos están a flor de piel y se encarnan en actitudes violentas. Ese es el caso de Euskadi, donde el famoso “conflicto vasco” ha acabado por convertirse casi exclusivamente en un problema de terrorismo. ETA ha ensuciado la vida pública vasco-navarra de un modo descarnado, generando miles de víctimas directas o indirectas, amenazados que tienen que vivir con escolta permanente y un clima político que se escribe con trazo grueso y donde caben pocos matices.

Es prácticamente incuestionable que estamos asistiendo al fin de ETA. Los motivos son variados: el asentamiento democrático en España, la irrupción en escena del terrorismo islamista, el acoso policial… Pero sin duda el más significativo y más esperanzador ha sido el cambio de estrategia de una izquierda abertzale que ha pasado de ser mera comparsa de ETA a situarse en el terreno del rechazo a la violencia y de una apuesta decidida por una verdadera normalización en una Euskadi desgarrada por el terrorismo. En este proceso algo ha tenido que ver una Ley de Partidos que, siendo manifiestamente antidemocrática, se ha tornado verdaderamente eficaz para arrinconar a Batasuna y mostrarle que su único camino hacia la participación política pasaba por el rechazo a la violencia y por el fin del terrorismo. La izquierda abertzale lo ha reconocido implícita o explícitamente, la última ocasión ayer mismo durante el juicio a Arnaldo Otegi, artífice de la apuesta por el fin del terrorismo, en el proceso por el caso Bateragune.

Que la apuesta por vías exclusivamente pacíficas sea tacticista es algo que no resta un ápice de valor a un fenómeno histórico dentro del mundo abertzale. Es la primera vez que los de las pistolas pierden un debate frente a los del escaño. Los resultados electorales de Bildu no hacen sino reforzar esta situación y parece más que improbable que ETA pueda volver a las andadas. El problema ya no es por tanto el terrorismo sino la alternativa que la izquierda abertzale ha planteado a la lucha armada que no es otra que el frentismo. Bildu ha reforzado, con la aquiescencia del PNV, el PSE y el PP, el diseño de una política vasca con dos frentes identitarios irreconciliables: de un lado el sector españolista con PSE y PP y del otro el sector vasquista con PNV y Bildu. Los primeros pasos de Bildu en su conquista de diputaciones y ayuntamientos han sido cuando menos poco afortunados. Inciden en el revanchismo y en la incapacidad de reconocer al otro y de construir la convivencia con él. Solo así se explican medidas como la prohibición de entrada de escoltas al Ayuntamiento de Andoain o el empeño en eliminar los símbolos españoles y en llenar las calles de algunas localidades de fotos de presos.

Gobernar en democracia es gobernar para todos. Máxime cuando la configuración identitaria de la sociedad vasca es compleja y la política de frentes no responde a su pluralidad. Cuando un sector mayoritario de los ciudadanos de Navarra y Euskadi no viven de manera problemática ni antitética la convivencia entre la identidad vasca y la española. Cuando existe un clamor en el pueblo vasco por un entendimiento entre quienes se consideran enemigos irreconciliables. Y especialmente cuando la violencia se vive ya como un fenómeno del pasado, último resquicio de la sociología franquista, que dificulta la normalización política en Euskadi. Bildu puede y está legitimada a defender el derecho de autodeterminación de los vascos pero la principal tarea de todos los partidos políticos en Euskadi debería ser la construcción de la convivencia entre diferentes y el reconocimiento del otro. Algo que no ha ocurrido en los años que llevamos de democracia y que es requisito indispensable para empezar a hablar del proyecto político de cada uno. Mientras tanto la sociedad vasca va un paso por delante de su clase política demostrando que se puede convivir con diferentes concepciones de lo que es Euskadi.

Published in: on 28 junio, 2011 at 11:00  Dejar un comentario  
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Las críticas a la Ley Pajín y a la Ley Sinde

En los últimos días he podido comprobar como en muchas páginas webs y blogs se esta abordando críticamente una de las leyes que ha preparado el gobierno de Zapatero para su aprobación en el parlamento. Se trata de la Ley para la Igualdad de Trato y No Discriminación, rebautizada por los internautas como Ley Pajín o Ley Mordaza. Entre las muchas cosas que se han escrito sobre el que aun es solo un proyecto de ley, en decenas de páginas webs se puede leer que esta norma coarta la libertad de expresión, un argumento similar al que se ha utilizado contra la Ley Sinde. Muchos internautas e incluso algún medio de comunicación de la derecha están difundiendo la idea de que con esta ley se podría cerrar un blog por moderar comentarios sobre un determinado tema, por banear a un usuario que haga un uso inapropiado de nuestra página o por no permitir que se utilice una determinada lengua.

Vaya por delante que a quien escribe este blog le gusta más bien poco la Ley Pajín y más bien nada la Ley Sinde. No comprendo la utilidad de estas normas y además creo que pueden generar más problemas de los que pretenden solucionar. Considero además que los ciudadanos tenemos argumentos más que suficientes para ejercer una crítica feroz a la labor legislativa del gobierno. No solo podemos hacerlo sino que nuestra responsabilidad como miembros de la sociedad nos obliga a estar vigilantes ante los poderes políticos y económicos. Pero precisamente porque creo que sobran argumentos contra ambas leyes considero que no ajustar los argumentos a la realidad resta legitimidad a la crítica. Sobre la Ley Sinde y la Ley Pajín se han dicho auténticas mentiras, se ha deformado su sentido y se han exagerado algunas de las cuestiones que abordan. Se han utilizado argumentos que no soportarían un mínimo examen jurídico y que cualquier persona que conozca levemente nuestro sistema legal calificaría de falaces. En ocasiones muchos de los que critican ferozmente desde la izquierda la manipulación de los medios de comunicación se han esforzado en deformar la realidad de estas normas con más bien poco pudor y ninguna honestidad intelectual. Coincidiendo, por cierto, con muchas páginas web de la derecha más extrema o de los sectores ultracatólicos más conservadores que se están empeñando estos días en seducir a una parte de los internautas en defensa de una presunta libertad de expresión que nunca les ha hecho mucha gracia.

De la desafortunadísima e injusta Ley Sinde se ha dicho que trata de crear una vía administrativa (y por tanto ajena a los tribunales) para cerrar una web porque al gobierno de turno no le guste lo que en ella se dice. Pero la realidad es bien distinta. El objetivo de la ley (que, insisto, no me gusta nada) era más bien penalizar económicamente e incluso con el cierre a las páginas webs que enlazan a contenidos gratuitos sin pagar por ellos. Fue la torpe respuesta del Ministerio de Cultura a una demanda de una parte de los creadores y de una industria de la música y el cine que goza de dudosa autoridad moral para exigir este tipo de medidas. Muchos criticamos la ley frente a las poderosas multinacionales del cine y de la música, frente a un sector de los creadores más mainstream y frente a una SGAE que se ha ganado a pulso el odio de buena parte de los ciudadanos. Pero una parte de los internautas más críticos olvidó que muchas de esas páginas web que enlazan contenidos son empresas que facturan cientos de miles de euros a costa del trabajo de otros, lo cual no tiene nada de progresista. No hay más que contar los banners y los pop-ups por los que uno tiene que pasar para descargar una película para comprobar que estas webs no son precisamente altruistas difusores de la cultura. Y lo más grave fue que en muchos casos se utilizaron argumentos, como el de la libertad de expresión, que no se corresponden en absoluto ni con el espíritu ni con la letra de la ley.

Con la llamada Ley Mordaza ocurre otro tanto de lo mismo. Lo que persigue esta norma, de manera torpe si se quiere, es poner obstáculos a la discriminación por cuestión de sexo, de etnia o de cualquier otro tipo. Algo que ya recoge nuestra constitución y que esta ley pretende ampliar. Se trata de impedir esa escena que todos hemos visto en algunas discotecas en las que se impide entrar a determinadas personas por su color de piel en nombre de un dudoso derecho de admisión. O el trato desigual con el que muchas empresas discriminan a las mujeres frente a los hombres en cuestiones como el salario o las condiciones laborales. Nada de multar a blogs por no permitir un comentario, como se ha dado a entender en muchas webs. Algo muy distinto de una “ley comodín con la que el poder político podrá perseguir y castigar a cualquier ciudadano cuando le dé la gana, por casi cualquier causa”, como se dice en alguno de los blogs que estos días hablan sobre el tema. Una de las consecuencias de la aprobación de esta medida sería la de prohibir las subvenciones públicas a colegios que segreguen a los alumnos en función de su género. Solo así se explica que hayan sido los sectores más conservadores quienes esta vez, a diferencia de la Ley Sinde, estén liderando la críticas a la Ley Pajín.

Desde luego no seré yo quien defienda esta norma. Resulta torpe, poco concreta y no plantea ninguna medida más allá de las punitivas para acabar con la discriminación y facilitar la igualdad de los sectores más desfavorecidos de nuestra sociedad. Y quizás su inconcreción pueda provocar algunos excesos, aunque afortunadamente en nuestro Estado de Derecho existen mecanismos de control suficientes como para poder impedirlos. Pero las exageraciones y las distorsiones, cuando no las mentiras, no solo no ayudan a construir una argumentación coherente contra la ley sino que además caricaturizan su crítica y cargan de razones a los partidarios de ella. Es necesario que construyamos nuestros argumentos al menos con la misma coherencia que muchas veces exigimos a otros. Y tratando de no faltar a la verdad. Lo contrario es tirar piedras contra nuestro propio tejado y descalificarnos a nosotros mismos.

Published in: on 8 junio, 2011 at 12:42  Dejar un comentario  
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Las fortalezas del movimiento del 15-M

En el último post de este blog traté de señalar algunas de las que me parecían las debilidades más importantes de un movimiento tan ilusionante como el del 15-M. Pero este es un fenómeno muy dinámico y cosas que valían para ayer no valen para hoy. En las asambleas se están abordando con mayor o menor éxito algunos de las cuestiones de este movimiento que generan más dudas y eso resulta muy esperanzador.

Hoy se trata de señalar las fortalezas y virtudes de las movilizaciones, las acampadas, las asambleas… Son algunos de los elementos que han permitido el éxito de un movimiento como el del 15-M que ha generado las simpatías y los apoyos de una parte importante de nuestra sociedad. Destacaría, sin ningún orden concreto, los siguientes:

  • Es un movimiento sustentado en valores. Más allá de las propuestas concretas que se puedan hacer quizás lo más valioso sean los valores que planean sobre las protestas. Se trata de ideas más o menos abstractas pero que configuran un perfil muy sano de los protagonistas. La justicia social, la solidaridad o el pacifismo son solo algunas de ellos.

  • Ha conseguido transformar la imagen de la juventud. Las movilizaciones han logrado dar un giro de 180º al concepto que se había generado sobre los jóvenes de nuestro país. Se hablaba de “generación ni-ni” y ahora esa expresión se ha vuelto absurda e irreal. Para muchos jóvenes este movimiento supone su primera experiencia en el terreno de la participación social y seguramente en muchos casos no será la última.

  • Peso de los sectores mejor socializados. Frente a sectores ultraideologizados que han liderado otros movimientos y que están participando también en este, quienes han mantenido por ahora el mayor peso en las movilizaciones han sido jóvenes con un pensamiento más permeable, más tolerante, más abierto y mejor conectado con la sociedad. No obstante está por ver si esa situación se mantiene con el paso del tiempo.

  • Es un movimiento esencialmente democrático. No solo no desprecia nuestro sistema (no es antisistema) sino que reclama una democracia más limpia que no le de la espalda a los ciudadanos. Se trata fundamentalmente de un movimiento de regeneración democrática.

  • Es plural y pluralista. En él caben sensibilidades muy diferentes, distintas generaciones, procedencias, etc… Destaca el respeto a la diferencia.

  • Su carácter no violento. Hasta el momento el carácter escrupulosamente pacífico de las movilizaciones ha sido impecable. Mientras escribo estas líneas veo en los medios de comunicación las cargas policiales que se están produciendo contra los manifestantes no violentos en Plaça Catalunya. Ese tipo de imágenes cargan de autoridad moral al movimiento, que ha sabido mantener su carácter pacífico pese a la brutal actuación de la policía.

  • Ha sabido escoger la oportunidad. Aunque el movimiento ha sido espontaneo, el momento en el que han surgido las protestas ha sido una de las claves de su eco mediático. Su aparición durante la campaña electoral ha situado a ésta en un segundo plano y ha puesto en evidencia la distancia que existe entre la clase política y los ciudadanos.

  • Preocupación por la concreción de las propuestas. En los últimos días parece que el movimiento ha sabido pulir su mensaje eliminando las propuestas más irreales. Se ha hecho un esfuerzo extraordinario por crear un consenso de mínimos de cuatro líneas de debate que conjugan realismo y ambición. Podéis consultarlo aquí: http://madrid.tomalaplaza.net/2011/05/26/acampada-sol-consensua-cuatro-lineas-de-debate/

  • Actitud cívica. En líneas generales se ha mantenido durante las dos semanas que dura la protesta una actitud muy cívica. Se ha tratado de mantener limpias las zonas de acampada y las plazas y se ha buscado, con desigual éxito, el diálogo con los vecinos y los comerciantes de las zonas. Un ejemplo: en la Puerta del Sol los acampados no solo no han cortado el tráfico sino que han contribuido a que fuese fluido y que no se invadiese la calzada.

  • Éxito en la autoorganización. Un auténtico ejercito de voluntarios se han ocupado de proporcionar agua y crema solar a la gente que participaba en las asambleas, de desarrollar tareas sanitarias, de gestionar una guardería, de ocuparse de la alimentación, de aspectos legales, etc… Ha sido un ejemplo de autoorganización y de voluntarismo positivo.

  • Conecta bien con la sensibilidad de una parte de la sociedad. Más allá de las acampadas, de las concentraciones o de las asambleas este movimiento ha conseguido que un amplio sector de la ciudadanía se sienta identificado con él. Ha sido capaz de canalizar la indignación de una buena parte de los españoles.

  • Sana combinación de utopía y realismo. Uno de los motivos del éxito y de la simpatía que despierta este movimiento tiene su origen en su mezcla de utopía y preocupación por problemas reales. Sin duda en ocasiones no se ha logrado un equilibrio entre ambos elementos que ya de por si es muy difícil y lo he referido en este blog en la entrada sobre las debilidades del movimiento. Pero esa mezcla entre unos ideales movilizadores que entusiasman y el debate sobre unos problemas que indignan despierta la simpatía de una parte de nuestra sociedad.

  • Ha puesto sobre la mesa la distancia entre las “élites” y los ciudadanos. La reacción que ante este movimiento han tenido una parte de las élites políticas, económicas, judiciales y mediáticas de nuestro país ha dado buena muestra de su desconexión con los problemas y los anhelos de los ciudadanos. Resulta significativo escuchar a algunos analistas políticos y tertulianos tratando de ridiculizar o de caricaturizar un movimiento que no han comprendido y que les ha pillado por sorpresa.

  • Proyección de futuro. El movimiento del 15-M ha logrado sobrevivir a las elecciones. Ahora está por resolver el asunto de las acampadas para que no se produzca un desgaste que provoque una muerte lenta. Pero ya hay una cierta voluntad de descentralizar el movimiento y de dosificar las acciones. Las asambleas de barrio en Madrid son una buena iniciativa. Por el momento ya se han creado los mimbres para que este movimiento sea algo más que un fenómeno puntual.

Published in: on 27 mayo, 2011 at 12:59  Comments (4)  
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