El movimiento del 15-M y la represión

La visita del Papa y la nueva estrategia policial para con el 15-M de la Delegada del Gobierno de Madrid y del recién nombrado Ministro del Interior Antonio Camacho han puesto de actualidad un tema recurrente de los movimientos sociopolíticos: la cuestión de la represión. Las indiscriminadas cargas policiales de los últimos días no tienen justificación posible ni desde el punto de vista de los más elementales derechos de manifestación ni desde una visión puramente táctica y de seguridad ciudadana. Reclamar la dimisión de la Delegada del Gobierno de Madrid como responsable política de los hechos y presionar para que se ejerza un mayor control democrático sobre la actuación de las fuerzas de seguridad del Estado es una necesidad de primer orden en un país democrático como el nuestro. En ese sentido resulta muy sana la campaña que se está haciendo a través de internet para solicitar la visibilidad de la identificación TIP de policías y agentes antidisturbios. De ese modo sería más fácil identificar y poder denunciar los excesos de algunos agentes de la Unidad de Intervención Policial que hemos podido ver en los últimos días a través de los medios de comunicación.

Pero más allá de la evidencia de una actuación policial excesiva y muy poco inteligente, es más que posible que el movimiento de los indignados se enfrente en los próximos meses a situaciones muy similares a las vividas. Y uno de los mayores peligros con los que se puede encontrar el 15-M es la tentación de convertirlo en un movimiento antirrepresivo que deje a un lado las pretensiones de regeneración democrática que provocaron este fenómeno social. La secuencia acción/reacción/acción que en los últimos días ha generado movilizaciones contra la represión policial que a su vez han provocado nuevas cargas policiales, resulta contraproducente y puede fomentar la idea de que participar en las manifestaciones del 15-M puede resultar peligroso. Además es un buen reclamo para los sectores más radicalizados; esos que no creen en la estrategia de la no violencia y que son más susceptibles de provocar altercados con la policía.

Seguramente fuese más inteligente una estrategia de búsqueda de alianzas y apoyos. Los últimos comunicados del SUP son lo suficientemente sensatos como para que el 15-M dialogue con este sindicato policial. Se trata de recuperar aquella consigna de “quítate la placa, únete a la plaza” que se escuchó durante los primeros días en la Puerta del Sol de Madrid y que en las últimas semanas se ha transformado en un “policía asesina” exagerado y que conecta mal con una sociedad que sitúa a la policía en el quinto lugar en nivel de confianza, con una nota de un 6,7 sobre 10, según las últimas encuestas.

Del mismo modo, el discurso de la manipulación de los medios de comunicación es tremendamente injusto por generalizador y no es capaz de valorar el papel importantísimo que estos pueden ejercer a la hora de denunciar excesos policiales, máxime cuando los periodistas han sido también víctimas de ello. No parece sensato ni inteligente tratar del mismo modo a La Gaceta que al diario Público o a Intereconomía que a La Sexta. Buscar aliados entre los medios más cercanos al 15-M puede servir para amplificar su discurso y para que haya más focos sobre las movilizaciones que impidan o en su caso denuncien la represión.

Que las alianzas son siempre mejores que los enfrentamientos ha quedado patente con la Jornada Mundial de la Juventud. Durante esos días hemos podido ver imágenes tan lamentables y que hacen tantísimo daño al 15-M como esas en las que participantes en la marcha laica se enfrentaron a peregrinos de la JMJ, muchos de ellos niños o adolescentes. Y es algo que no pasaría un mínimo examen de tolerancia. Pero por otro lado también hemos visto otras imágenes mucho más amables, como es el caso de las asambleas entre laicos y peregrinos, donde queda patente el espíritu dialogante que tiene o debería tener el 15-M. Apostar por estas últimas y no por las primeras es un requisito indispensable para que el movimiento de los indignados siga teniendo el favor de una mayoría de la sociedad española.

La terrible y brutal actuación de la policía durante los últimos días no puede dejar de lado el hecho de que hay y habrá sectores que pretenden desvirtuar el carácter no violento del movimiento del 15-M. Quienes agredan, insulten o provoquen a la policía o a otros ciudadanos deberían ser expulsados de unas movilizaciones cuyo espíritu cívico, respetuoso y pacífico está en juego. Tan condenable es la policía cuando carga brutalmente como quienes desean que lo haga para denunciar la represión. Marginar a esos sectores seguramente no impedirá los excesos de la policía pero al menos contribuirá a construir una mejor imagen del 15-M como un movimiento social amplio, dialogante y democrático y no como un movimiento antirrepresivo formado tan solo por los sectores más radicales e intolerantes.

Published in: on 21 agosto, 2011 at 15:07  Comments (1)  
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El 15-M y la visita del Papa

En los próximos días Madrid va a vivir una situación peculiar. Frente a la Jornada Mundial de la Juventud con la llegada del Papa y de miles de fieles, en las calles de la capital podremos ver también las movilizaciones del movimiento del 15-M en protesta por el gasto público que generará la visita del pontífice. Tanto las autoridades como los medios de comunicación advierten del problema de seguridad que pueden provocar ambas convocatorias.

La sociedad española ha vivido en los últimos 30 años un proceso de descristianización sin precedentes en Europa. Hemos pasado de ser un país ultrarreligioso a tener una de las sociedades más laicas y aconfesionales del Viejo Continente. Es producto de una modernización de la sociedad española en el terreno de los valores que la ha situado a la vanguardia de la Europa más progresista. Es habitual que los españoles pensemos que la sociedad francesa, la alemana o la noruega son mucho más avanzadas que la nuestra. Pero la realidad es la contraria y todas las encuestas indican que valores como el respeto, la tolerancia y la solidaridad son centrales en la visión del mundo de los españoles. Quizás por ello los populismos y la extrema derecha no han tenido buena acogida entre los ciudadanos de nuestro país, al contrario que nuestros vecinos del norte de Europa.

Protestar ante la visita del Papa es positivo para la salud democrática de nuestro país. No está mal que quede patente la oposición de una parte de los españoles a un Papa contrario al uso del preservativo, al aborto o a la muerte digna. Fundamentalmente porque la moral de la mayoría de nuestra sociedad no coincide con la de Ratzinger y la Curia vaticana, por más que muchos españoles aun sigan definiéndose como católicos.

Pero la visita del Papa va a ser también, de algún modo, un examen de tolerancia para el movimiento del 15-M. Todos los ojos estarán puestos en unas movilizaciones que necesariamente tendrán que ser pacíficas para recibir el plácet de la sociedad española. Pero más allá del asunto de la violencia, exorcizado ya por el 15-M, los indignados tendrán que dar muestras de un respeto exquisito hacía los fieles que vengan a ver y a escuchar al Papa. La protesta es legítima pero el boicot no.

Nos guste más o menos, para un sector de nuestra sociedad la religión sigue siendo un elemento central de su construcción identitaria. La libertad religiosa ha sido una de las grandes conquistas de la modernidad y es necesario cuidarla. Por otro lado sería difícil imaginar unas protestas contra el Ramadán o contra la visita de un imán que no estuviesen promovidas por la extrema derecha más intolerante. Por eso el 15-M deberá demostrar que profesa la fe de la crítica desde el respeto al diferente.

Combatir la fe y la superstición resulta estimulante para quienes pensamos que una sociedad atea es una sociedad más avanzada espiritualmente. Pero es importante no darles a los creyentes la baza del victimismo frente a la intolerancia religiosa. El 15-M hasta ahora ha dado muestras de civismo, de respeto y de capacidad de diálogo. En esta ocasión tendremos una nueva oportunidad para demostrar que estamos por la convivencia. Y para ello es imprescindible no recurrir al insulto, a la provocación o al enfrentamiento con los fieles que visiten Madrid en los próximos días.

Published in: on 9 agosto, 2011 at 13:46  Comments (6)  
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Savater, el 15-M y el respeto

Una de las voces más críticas con el movimiento del 15-M ha sido la del filósofo Fernando Savater. Ha utilizado palabras muy gruesas para referirse a los indignados. Basta recordar el estrambótico “mastuerzos” que utilizó para referirse a aquellos que se manifestaban frente al Parlament de Catalunya en la víspera del debate sobre unos presupuestos leoninos para la Generalitat que ahondaron en el recorte de derechos sociales para los ciudadanos.

La pasada semana Savater participó en los Cursos de Verano de El Escorial y volvió a arremeter contra los indignados. Dijo que el movimiento del 15-M le había servido de “tontómetro para medir el nivel de estupidez y el cinismo de muchos”. Ironizo sobre una de las consignas más populares del 15-M, el famoso “no nos representan”, a la que replicó: “no seas majadero, el problema es que si nos representan y por eso debemos buscar a quien mejor nos represente”. Terminó criticando la mitificación de la juventud que, según él, ha surgido a raíz del movimiento de los indignados.

Quien me conoce bien sabe que Savater nunca ha sido santo de mi devoción. Sus palabras sobre el 15-M demuestran la distancia abismal y el desconocimiento profundo de un movimiento que ha sabido conectar con la indignación de una buena parte de la ciudadanía. Un movimiento que reclama más democracia y que está protagonizado mayoritariamente por jóvenes educados en valores que no hemos conocido otro sistema político. Se trata de un fenómeno ciudadano de regeneración democrática; de construcción de una Democracia 2.0. Quizás por cercanía generacional Amador Savater ha sabido comprender mejor que su padre la importancia del movimiento de los indignados y su conexión con el sentir de una buena parte de la sociedad española.

Cuando leí en el diario Público las últimas declaraciones de Savater sobre el movimiento de los indignados no me sorprendieron en absoluto. Pero si me preocupó leer, a las pocas horas de la publicación del artículo, los comentarios de los lectores. Eran más de trescientas opiniones que se situaban del lado del 15-M y mostraban su indignación con las palabras de Savater. Pero más que dar una visión distinta de la del autor de Ética para Amador, los internautas arremetían con una retahíla de insultos y descalificaciones tan gruesos como el “mastuerzos” que nos dedicó el filósofo vasco. Entre otras perlas se le llamaba “imbécil ilustrado”, “bocazas” o “estómago agradecido”.

Es cierto que las palabras de Savater pueden resultar muy hirientes para quienes hemos participado en el movimiento del 15-M. Y que internet es el lugar perfecto para el insulto, la descalificación gratuita y la mentira, siempre amparándose en el anonimato que la red proporciona. Pero resulta imprescindible que un movimiento que reclama más democracia sepa convivir con la diferencia, aprenda a encajar las críticas y sepa dialogar con ellas desde el disenso y el respeto. Es necesario construir una cultura política del respeto a quien piensa diferente, por poco que nos gusten sus opiniones. Responder al insulto con razones y no con más insultos. Y Savater u otros opinadores, por poco que nos gusten determinados personajes, no pueden ser una excepción. Tenemos que aprender a tratarles como ellos no nos tratan. Porque eso es construir democracia. No se trata de poner la otra mejilla sino de armarnos de razones para el debate con esa parte de la sociedad que no comparte nuestras ideas y que tiene tanto derecho a expresarse como nosotros. Ese es el terreno de juego en el que nos moveremos en el futuro más inmediato.

Lo dicho. No me gusta Savater y creo que ha metido la pata en sus declaraciones sobre el movimiento de los indignados. Pero tampoco me gustan los que insultan a Savater y no hacen gala del civismo que ha demostrado el movimiento del 15-M en los últimos meses. La Comisión de Respeto de Acampada Sol fue un buen ejemplo de ello y conviene no perder ese tren. La democracia, el civismo y el respeto han sido nuestras mejores señas de identidad. Ojalá seamos capaces de mostrar lo mejor de nosotros mismos incluso frente a quien nos brinda su peor cara.

Published in: on 18 julio, 2011 at 11:47  Comments (8)  
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