El Suresnes de Eduardo Madina

A nadie se le escapa que el PSOE está pasando por el que probablemente sea su peor momento en democracia. No solo porque las encuestas le dan unos resultados particularmente pobres sino porque en esos mismos sondeos queda patente que los votos que pierde el PP no los gana el PSOE sino que van a otras alternativas electorales, especialmente UPyD e Izquierda Unida. Los motivos de este descalabro son de sobra conocidos. Una inmensa mayoría de los españoles responsabilizan al PSOE de las consecuencias de la crisis. En el imaginario colectivo se ha instalado la idea, un tanto injusta, de que ha sido Zapatero el culpable de la situación económica, del desempleo y de todos y cada uno de los desastres que sufren los ciudadanos. Zapatero representa así a la Pandora que ha abierto la caja de todos los males.

Ahora se empieza a especular con la intención de Eduardo Madina de presentarse a las primarias del PSOE. Y probablemente esta sea la única alternativa que tienen los socialistas españoles para remontar en las elecciones y poder optar a arrebatarle a Rajoy la Presidencia del Gobierno. En primer lugar se trata de uno de los pocos líderes del PSOE no contaminados por el zapaterismo. A diferencia de Chacón y Rubalcaba no ha tenido responsabilidades en ninguno de los gobiernos socialistas con lo cual no está lastrado por las políticas antisociales que aplicó Zapatero a partir de Mayo de 2010.

Madina representa además a una nueva generación de políticos. Con sus 37 años puede conectar bien con un sector de jóvenes que sufren particularmente las consecuencias de la crisis y que han protagonizado las protestas contra los recortes. Una generación de entre 25 y 40 años, con un porcentaje alto de graduados universitarios que engrosan las listas del desempleo a pesar de su preparación. Una generación que aun no ha tenido la posibilidad de protagonizar la vida política española y que ya va siendo hora de que se le permita hacerlo. El perfil de Eduardo Madina, igual que el de Alberto Garzón en Izquierda Unida, representa para el PSOE un puente hacia los sectores de jóvenes más preocupados por lo que sucede en este país. La elección de Madina como candidato socialista abriría una nueva etapa en la historia del PSOE, como en su día lo hizo Zapatero ganando sorpresivamente las primarias y firmando el certificado de defunción del felipismo. Como también lo hizo un joven Felipe González en el Congreso de Suresnes en 1974 relevando a la vieja guardia del PSOE representada por la generación que perdió la Guerra Civil.

La condición de víctima de ETA de Eduardo Madina puede resultar atractiva para un sector de votantes del PP que tradicionalmente ha sido especialmente sensible al fenómeno del terrorismo. Y aunque este ya no es, por motivos obvios, un problema prioritario para los españoles, no hay que olvidar que los próximos gobiernos tendrán que lidiar con el desarme y la disolución definitiva de ETA y con el problema territorial en Euskadi y Catalunya. Y ser vasco y víctima del terrorismo le proporciona a Madina un plus de legitimidad para afrontar esos retos.

En definitiva la irrupción de Eduardo Madina en la primera línea de la política podría poner las cosas muy difíciles a Rajoy para conseguir una reelección. Porque si el PSOE está tocado, el PP está hundido, a pesar de lo que indican las encuestas. Si un milagro invocado por Rouco Varela no lo remedia, los populares llegarán a las elecciones muy desgastados por la corrupción y los recortes, con UPyD como alternativa conservadora presionando por detrás y sin la posibilidad de jugar la baza del relevo. Y si el asunto Bárcenas estalla por los aires y el ex tesorero tira de la manta, la situación para los populares puede ser aun peor que la que está sufriendo el PSOE a día de hoy.

Es evidente que la actitud de los dos grandes partidos españoles deja muchísimo que desear. PP y PSOE se han ganado a pulso y por méritos propios la enemistad de una parte de la sociedad que considera que gane quien gane son los ciudadanos los que pierden. Pero más allá de las consignas sería faltar a la verdad decir que ambos partidos son iguales. Solo a quien no le preocupan las políticas en materia de inmigración, el derecho de las mujeres a la interrupción voluntaria del embarazo o la situación legal de las parejas del mismo sexo, por poner solo algunos ejemplos, le puede resultar indiferente quien gane las elecciones. Nos guste más o menos los españoles votan mayoritariamente a los dos grandes partidos y a día de hoy la única alternativa al PP con capacidad real de llegar a la Moncloa es el PSOE. Por eso parece razonable desde una óptica de izquierdas que incluso quienes no les votamos deseemos que los socialistas levanten cabeza y puedan hacer frente a la derecha en las urnas. Lo contrario sería dejar el camino libre a los conservadores para acabar con el poco Estado del Bienestar que aun queda en España. Y para vencer al PP, Eduardo Madina es probablemente la única carta que puede jugar el PSOE. Si hay vida inteligente en Ferraz, cosa que está por ver, Madina será el candidato a Presidente del Gobierno en las próximas elecciones generales.

(Publicado en http://blogs.publico.es/xabel-vegas/)

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Published in: on 18 abril, 2013 at 14:01  Comments (3)  
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Analizando las elecciones en Andalucía y Asturies

Las elecciones de Andalucía y Asturies son especialmente significativas por el momento político y económico que estamos viviendo. Además su importancia trasciende el ámbito autonómico y suponen una buena toma de temperatura del apoyo al partido que gobierna en Madrid. No en vano Andalucía es la Comunidad Autónoma más poblada de todo el Estado y la suma de su población con la de Asturies supone alrededor del 20% de la población española.

De un primer análisis parece más que evidente que los resultados de ambas citas electorales han supuesto un jarro de agua fría para las pretensiones del Partido Popular, que aspiraba a hacerse con las presidencias de ambas comunidades autónomas. En Andalucía las encuestas le daban mayoría absoluta, en algunos casos bastante holgada, pero las urnas lo han situado a cinco escaños de la presidencia de la Junta. En Asturies se ha quedado como tercera fuerza política, por detrás del PSOE y FAC, lo que le impide alcanzar la Presidencia de la Junta General del Principado y le obliga a negociar con Cascos en situación de inferioridad si quiere participar de algún modo en el gobierno.

Es difícil valorar las tendencias que esconden unos resultados electorales pero si comparamos los datos del 20N con los de ayer, parece evidente que al PP le han pasado factura los primeros meses de gobierno y especialmente la reforma laboral. La presentación de los presupuestos estatales justo después de las elecciones también ha podido ser un elemento importante de valoración del electorado, que desconfía de quien no enseña todas sus cartas antes de la cita en las urnas. Pero esa lectura en clave estatal no resta importancia a lo ocurrido a nivel autonómico. El PP andaluz quizás pagó una cierta prepotencia del que se cree ganador antes de jugar el partido, lo que quedó de manifiesto con la ausencia de Arenas en el debate de Canal Sur. Quizás ese ha sido uno de los grandes errores de los conservadores, que quisieron hacer su campaña utilizando a los medios de comunicación como altavoz de la corrupción en Andalucía más que mostrando su programa político a los ciudadanos.

En este sentido es interesante dedicar unas líneas a analizar el efecto que tienen los escándalos de corrupción en los electores. Se suele decir, no sin parte de razón, que la corrupción pasa mayor factura a la izquierda que a la derecha. Y no cabe duda de que, a diferencia de los ocurrido en la Comunidad Valenciana, los escándalos en Andalucía han sido un lastre para un PSOE que ya llegaba muy tocado a las elecciones. Los 650.000 votos de diferencia con los resultados de 2008 dan buena cuenta de ello, aunque es difícil saber si pesan más las políticas económicas de Zapatero durante la crisis o el caso de los EREs. Pero en ocasiones puede ser también que los ciudadanos no solo penalicen al partido donde se producen los casos de corrupción sino también a aquel que intenta rentabilizar los escándalos del adversario en beneficio propio. La utilización electoral de la corrupción en Andalucía por parte del PP, que ha centrado su campaña en ello, ha sido tan burda que es muy probable que haya pesado en la decisión de los electores.

Para el PSOE estos resultados electorales suponen un soplo de aire fresco. Aunque aun es pronto para decirlo, pudiera parecer que la tendencia de las autonómicas y las generales del año pasado esté empezando a revertirse. En Andalucía el PSOE ha sacado prácticamente el mismo número de votos que en las Elecciones Generales de 2011, con la particularidad de que en estas últimas la participación fue 8 puntos mayor. Dando por descontada la victoria del PP, el PSOE andaluz obtiene unos magníficos resultados en relación a lo esperado, que además le permitirán gobernar con toda probabilidad con Izquierda Unida.

En Asturies la situación es un poco más compleja. La victoria del PSOE es por ahora insuficiente para gobernar en mayoría con Izquierda Xunida, aun contando con el voto del diputado de UPyD. Habrá que esperar, no obstante, al voto de la emigración asturiana, que es tradicionalmente progresista y que podría hacer bailar un diputado a favor del PSOE, dándole la gobernabilidad. Pero sea como fuere se puede detectar un cierto movimiento del electorado hacia la izquierda en comparación con las elecciones autonómicas del año pasado. Era de esperar que la actitud autoritaria del gobierno Cascos y las políticas regresivas de Rajoy restaran votos de la derecha asturiana. Con toda probabilidad la reforma laboral haya tenido una especial influencia electoral en Asturies, donde los sindicatos siguen teniendo un papel determinante.

La atomización del voto en Asturies se ha convertido en una realidad. En apenas un año la Junta General del Principado ha pasado de albergar a tres grupos parlamentarios a tener que contar hasta cinco siglas: PSOE, FAC, PP, IX y UPyD. Es difícil saber si es el reflejo de un mayor pluralismo político de la sociedad asturiana, toda vez que las diferencias entre los dos partidos de la derecha, PP y FAC, tienen más que ver con el personalismo que con el programa político. Pero en cualquier caso la estabilidad política en Asturies queda comprometida por un escenario donde la negociación y el pacto serán imprescindibles para gobernar. Y en la experiencia asturiana este panorama no ha dado buenos resultados, lo que quizás tenga mucho que ver con una cultura política poco dada a la democracia consociativa.

Los resultados de Izquierda Unida, tanto en Asturies como en Andalucía, son magníficos. Se trata de los dos feudos tradicionales de la formación, donde su peso político es mayor. Y curiosamente representan las dos corrientes opuestas dentro de Izquierda Unida. En Asturies, donde el sector ligado a Llamazares lidera la coalición, han conseguido subir tanto en votos como en escaños. Porcentualmente Asturies es la Comunidad Autónoma donde el peso de IU es mayor, con poco menos del 14% de los votos. En Andalucía es el sector más cercano a Cayo Lara y al PCE quien lidera la coalición con un discurso más antiguo y menos cercano a la realidad social que el de Izquierda Xunida y Llamazares en Asturies, lo que no les ha impedido doblar su representación parlamentaria. Una buena porción de lo que pierde el PSOE lo gana IU y esto le proporciona un buen argumento para negociar con Griñán y para arrastrar al PSOE andaluz a posiciones más a la izquierda.

Otro dato a analizar es la baja participación tanto en Andalucía como en Asturies. La abstención es siempre difícil de comprender porque sus motivos son desconocidos. Valorar que porcentaje hay de castigo o descontento con la clase política y cuanto de desinterés es un ejercicio muy poco útil basado más en la especulación que en los datos. No es desdeñable, no obstante, la influencia que hayan podido tener las citas electorales de 2011. En un año tanto los asturianos como los andaluces han acudido a las urnas en tres ocasiones, lo que puede provocar un cierto hastío electoral, especialmente en el Principado donde los ciudadanos han tenido que votar en dos ocasiones y con diez meses de diferencia para la misma institución.

En Andalucía la no coincidencia de las autonómicas con las generales también puede explicar cierto nivel de abstención. Y aunque todo hacía pensar que la baja participación beneficiaba al PP, como ha venido siendo tradición en la mayoría de las elecciones en España, la realidad ha sido bien distinta. Finalmente Griñán acertó convocando las elecciones en una fecha diferente a la de las generales de 2011.

Sea como fuere, la abstención es un problema real de nuestro sistema político que conviene abordar detenidamente. Pero no se pueden sacar demasiadas conclusiones de ello ni sirve para desacreditar unos resultados democráticos, por más que algunos pretendan hacer ese análisis. Decir que quien se abstiene lo hace para deslegitimar al sistema o a la clase política es hacer una lectura interesada y poco objetiva de un fenómeno que se da en buena parte de las democracias del mundo.

Las elecciones en Andalucía y Asturies han supuesto en definitiva un gran alivio para el PSOE y un jarro de agua fría para el PP, que se veía gobernando en ambas comunidades autónomas. El panorama de un país donde la práctica totalidad de las instituciones estuvieran gobernadas por ejecutivos conservadores parece esfumarse y eso hace pensar que la sociedad pueda empezar a pasar factura a las políticas agresivas del PP. La siguiente prueba de fuego es la Huelga General del 29M. Y los Presupuestos Generales del Estado, que se presentarán al día siguiente, pueden ser un nuevo elemento de desafección de la sociedad con el gobierno, toda vez que en ellos se reflejarán previsiblemente unos recortes sociales que serán muy dolorosos.

Al PSOE aun le queda una larga travesía en el desierto. Tendrá que convencer a la sociedad de que su apuesta por las políticas sociales es firme. En ello influirá el papel de los socialistas y quien sea finalmente su candidato. Pero también la capacidad de IU para arrastrar al PSOE a la izquierda, la situación de la socialdemocracia europea (una victoria de Hollande en Francia ayudaría), la coyuntura económica y la gestión que el PP haga de ella… Por ahora el PSOE ha conseguido parar el golpe de la derecha y es un buen comienzo. Pero el siguiente partido se juega en las elecciones vascas del próximo año, donde las encuestas no auguran un gran resultado para Patxi López. Aunque visto lo visto en Andalucía y Asturies, vale más no fiarse demasiado de los sondeos electorales.

Primeras reflexiones sobre los resultados del 20-N

A pocos minutos de conocer los resultados electorales poco se puede decir al respecto que no haya sido ya dicho. El PP ha logrado los mejores resultados de su historia superando incluso a los de Aznar en el año 2000 y el PSOE ha sufrido su mayor debacle electoral hasta la fecha. Son resultados que no por esperados resultan más fáciles de digerir para quienes nos consideramos progresistas. Ahí va una primera valoración del panorama político que nos espera durante los próximos años:

a) La mayoría absoluta del PP no se corresponde con un gran aumento de votos. Apenas son medio millón de electores más los que han depositado la papeleta del PP en las urnas. En cambio el PSOE ha perdido más de cuatro millones de votos. Se trata por tanto más de una derrota de los socialistas que de una victoria de los populares.

b) El PP no solo ha logrado una mayoría absoluta muy holgada. Los resultados del 20N, junto con los de las pasadas elecciones municipales y autonómicas sitúan al partido de Rajoy como fuerza hegemónica en prácticamente todas las instituciones políticas del país. Tendrá además que gestionar una situación económica desastrosa y sin perspectivas de una mejora significativa a corto o medio plazo. Rajoy podría desgastarse del mismo modo que le sucedió a Zapatero en los últimos tres años. Podría resultar muy paradójico que el PSOE haya perdido las elecciones por el lastre de los cinco millones de parados y que el PP emprenda políticas de recortes en asuntos como los subsidios al desempleo.

c) Presumiblemente la contestación en la calle a las políticas de recortes sociales será muy intensa. Oposición, sindicatos y movimientos sociales, entre ellos el 15-M, tendrán que jugar un papel muy importante como muro de contención. Habrá que ver como trata de gestionar el PP estas movilizaciones para que no se vuelvan en su contra.

d) Será fundamental la capacidad de regeneración que pueda tener el PSOE en los próximos cuatro años. Tendrá que hacer una reflexión profunda sobre sus políticas, su imagen social, su conexión con los ciudadanos, etc… Habrá que ver si Rubalcaba se mantiene como candidato y si en los próximos años hay también una renovación de caras del mismo modo que ocurrió cuando Zapatero accedió a la Secretaría General del PSOE en el año 2000.

e) Los resultados de Izquierda Unida son magníficos. Ello se debe en buena medida a una tendencia de trasvase de votos desde el PSOE que suele producirse cuando éste se desgasta en el gobierno. Pero no es desdeñable la labor de Llamazares, más que la de Cayo Lara, que se ha significado como aliado crítico del PSOE en sus políticas sociales más progresistas durante la primera legislatura y como oposición desde la izquierda con las políticas económicas de Zapatero en los últimos años. No en vano ha logrado recuperar el histórico escaño de La Pasionaria en Asturies.

f) UPyD crece de manera muy sustancial y se consolida como proyecto político situado en un espacio político poco definido pero con unas señas de identidad propias que lo podrían ubicar entre PP y PSOE.

g) Equo no ha logrado representación parlamentaria, a excepción del diputado logrado en su coalición con Compromís en el País Valencià. No ha conseguido aparecer como alternativa a la izquierda del PSOE. No obstante ha logrado un número de votos nada desdeñable, algo más de 200.000, y habrá que estar atento a la evolución de esta nueva formación política.

h) Merece un capítulo aparte la situación de Euskadi. La victoria de Amaiur en las primeras elecciones donde ETA no ha estado presente tiene un significado importantísimo, máxime cuando la izquierda abertzale se ha situado por delante del PNV tanto en escaños como en número de votos. Esto supone una cierta victoria del proyecto liderado por Otegi, que ha conseguido amortizar el cese de la violencia de ETA tanto por méritos propios en su apuesta por vías exclusivamente políticas como por demérito de otras formaciones. Es el caso del PSOE, que no ha sabido o no ha querido poner sobre la mesa su papel determinante en el fin de la violencia de ETA. A medio plazo este resultado puede suponer abrir el debate territorial en España, con una mayoría política independentista en Euskadi. Un debate que por la propia configuración social e identitaria de España no tendrá una fácil solución. Los resultados de otros partidos nacionalistas en otras zonas del Estado viene a confirmar esta posibilidad.

Published in: on 20 noviembre, 2011 at 23:21  Comments (7)  
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Conjurar el efecto Berlusconi

La dimisión de anoche de Berlusconi es una de las pocas buenas noticias que hemos podido leer últimamente. El gobierno de Il Cavaliere ha sido de los más antidemocráticos, más populistas y más personalistas de la Europa de los últimos años. La política italiana, no obstante, tiene algunas peculiaridades que no permiten compararla con la de otros países de su entorno. Desde el final de la II Guerra Mundial la democracia cristiana ha ostentado el gobierno de Italia con apoyos puntuales de los comunistas y los socialistas materializados en el famoso Compromiso Histórico ideado por Berlinguer, líder del PCI, durante los años setenta. Eran los Años de Plomo, caracterizados por la violencia tanto de extrema derecha como de extrema izquierda. En la década siguiente se crearan los gobiernos del pentapartito, liderados o bien por la Democracia Cristiana o bien por los socialistas de Benito Craxi, que dejarán fuera del juego del poder al PCI. Y entonces sucede un hecho trascendental para entender la actual política italiana y la era Berlusconi que aparentemente acaba de terminar. Se inicia el proceso Manos Limpias, un escándalo de corrupción de dimensiones históricas que se saldará con la disolución del Partido Socialista Italiano y de la Democracia Cristiana y con la renovación de la práctica totalidad de la clase política italiana. Es ahí cuando aparece Silvio Berlusconi, que crea Forza Italia y gana por primera vez las elecciones de 1994. Supone, de algún modo, la firma del acta de defunción de la política tradicional italiana. Y los electores, cansados de pactos entre adversarios ideológicos y de una corrupción que atravesaba a toda la clase política, deciden darle su voto a un personaje populista que hace gala de su condición de millonario. La idea, muy extendida en Italia, de que un personaje acaudalado no puede ser corrupto y de que el Estado puede funcionar como una empresa con criterios exclusivamente de eficacia, empieza a cobrar fuerza. Y Berlusconi empieza a utilizar a la justicia como un departamento más de su holding y se dedica a reformar las leyes para su beneficio personal. Si a eso le unimos un panorama mediático controlado por Il Cavaliere y donde la oposición al gobierno es mínima, se entiende bien la situación de déficit democrático que hasta ayer mismo se ha vivido en Italia.

La historia reciente de España es muy distinta de la italiana y seguramente su sociología política también. Pero de algún modo hemos vivido creyendo que las cuatro décadas de dictadura nos habían vacunado del populismo. Y efectivamente hasta ahora los fenómenos políticos de corte populista han sido muy localizados en España tanto en espacio como en tiempo. Pero estamos viviendo un proceso similar al italiano en lo que respecta a la crisis de la política tradicional. La idea de que PP y PSOE son lo mismo, de que prácticamente todos los políticos son unos corruptos y de que son poco eficaces en la gestión de lo público ha ido cobrando fuerza en los últimos tiempos. Y la crisis económica ha extendido aun más esa idea entre una parte de la ciudadanía que ya no confía en que su voto pueda cambiar las cosas. Y más allá de lo que haya o no de cierto en esas premisas, el deterioro de la relación entre los ciudadanos y la política es el caldo de cultivo perfecto para el populismo, el mesianismo y el autoritarismo.

El Partido Popular ha venido haciendo uso del discurso populista en algunos asuntos. Y sin duda eso le ha dado votos. Uno de los casos más flagrantes ha sido el de la política antiterrorista donde la utilización de las victimas ha sido sencillamente repugnante. Y son varios los medios afines al ala derecha del Partido Popular quienes sostienen un discurso tan populista y extremista como el de muchos partidos de la ultraderecha europea. De algún modo los populares han conseguido contener el voto ultra. Pero si la legitimidad social del próximo gobierno de Rajoy se ve afectada por la crisis del mismo modo que le ha ocurrido a la de Zapatero, el peligro de una berlusconización de la política española puede ser enorme. Todo dependerá de la evolución de los datos económicos, especialmente de las cifras de desempleo, y de la capacidad del PSOE de reponerse del golpe en los próximos años. Pero si el resultado final es que PP y PSOE pierden su legitimación social para alzarse con el gobierno, la aparición de un personaje mesiánico en la política española puede convertirse en realidad.

El 15-M es un sano movimiento de regeneración democrática pero en ocasiones incide demasiado en ideas que pueden colaborar a construir una mentalidad poco vacunada contra el populismo en la sociedad española. Por supuesto que la culpa de ello no es de los indignados sino de unos políticos que no han sabido conectar con los anhelos de los ciudadanos. Pero es necesario que la crítica a los partidos gubernamentales no nos haga confiarnos ante el oportunismo político y ante quienes prometen la salvación con recetas mágicas. Se trata de conjurar el efecto Berlusconi.

¿Qué ocurre con Izquierda Unida?

Si hay alguna formación política con la que la democracia española ha sido especialmente injusta esa es sin lugar a dudas Izquierda Unida. Los hombres y mujeres del PCE que lideraron en buena medida la lucha contra la dictadura franquista se vieron de la noche a la mañana, en plena Transición, desplazados como gran partido referente de la izquierda por un PSOE con un importante apoyo internacional y en cuyo congreso de Suresnes desplazó al sector tradicional, aquel que había luchado en la Guerra Civil y que se encontraba en el exilio, en favor de una nueva generación representada por Felipe González. En pocos años los comunistas españoles que habían sufrido cárcel y represión en su lucha contra el franquismo se vieron reducidos al papel de tercera fuerza política, muy por detrás de PSOE y UCD. En las primeras elecciones democráticas, las de 1977, el PCE consiguió tan solo 19 escaños de un parlamento con 350 asientos. El resultado fueron años de tensiones internas y purgas de dirigentes históricos que se saldaron en 1985 con la expulsión de aquel que había sido icono del comunismo ibérico desde la Guerra Civil, Santiago Carrillo. Finalmente en 1986 el PCE, junto con otros sectores de la izquierda, fundó Izquierda Unida.

Si algo bueno ha salido de las elecciones del pasado domingo es sin duda una cierta recuperación de Izquierda Unida. A pesar de haber perdido su tradicional feudo cordobés, la coalición ha logrado los mejores resultados desde 1999 y por primera vez en quince años no ha perdido apoyo en unas elecciones. Hace tan solo unos meses algunos voceros de la derecha mediática se mofaban de lo que llamaban “Izquierda Hundida” y vaticinaban la desaparición de la coalición. Hoy una de las grandes noticias es la recuperación de la formación de Gaspar Llamazares y Cayo Lara. Tímida recuperación, habría que decir. Pero recuperación al fin y al cabo.

Se ha dicho hasta la saciedad que la ley electoral española es especialmente injusta con Izquierda Unida. Y no hay más que ver los datos para confirmarlo. A la coalición le cuesta ocho veces más votos sacar un diputado que al PP y al PSOE. El sistema de circunscripciones y el principio de corrección territorial (y no tanto la Ley d’Hont, como comúnmente se cree) provoca desigualdades escandalosas entre formaciones con un número de votos similar. Este método se creo con la intención de discriminar positivamente a las zonas menos pobladas en una España donde la diferencia entre el mundo rural y el urbano era abismal. Pero hoy, en un mundo globalizado y con unas infraestructuras que han salvado esa distancia, mantener ese sistema solo tiene sentido para unos partidos mayoritarios que no quieren perder una cuota de representación en favor de una proporcionalidad más justa.

Pero sería injusto remitir el problema de Izquierda Unida a una cuestión puramente procedimental. Hay razones que explican en mayor o menor medida por qué la coalición no recibe más apoyos de esa parte de la sociedad española sociológicamente de izquierdas. Una de ellas tiene que ver con la posición que ocupa en el espectro político y como se relaciona con otras formaciones, especialmente con el PSOE. Entre el público natural de IU suelen darse dos tensiones contrapuestas y difícilmente conciliables. Por un lado un sector a la izquierda al que no le parece suficiente la diferenciación entre PSOE e Izquierda Unida y rechaza cualquier tipo de pacto entre ambos. Por la otra parte nos encontraríamos con un sector más cercano a la socialdemocracia, cuya prioridad es parar a la derecha y que considera que los gobiernos PSOE-IU son necesarios para alcanzar ese objetivo. Izquierda Unida se debate entre estas dos tendencias tratando de contentar a ambas sin lograrlo. Pero la realidad es que la coalición ha apostado en los últimos años por la estrategia del acuerdo con el PSOE allí donde los socialistas no tienen mayoría absoluta. Está por saber si son menos los votantes que pierde Izquierda Unida con estos acuerdos que los que perdería en caso de buscar más distancia con el socialismo español. Se mueve entre una espada y una pared que le provoca, haga lo que haga, la desafección de una parte de sus votantes potenciales.

Izquierda Unida además tiene desde hace tiempo un problema de comunicación. Su discurso, coincidiendo en buena medida con el que tiene una parte de la juventud más combativa que estos días se manifiesta en Sol, no acaba de resultar atractivo. En ello influye decisivamente una cierta tendencia a la ortodoxia política y unos dirigentes aparentemente formados más en la política institucional que en los movimientos sociales. Eso provoca en ocasiones que una parte de la sociedad los incluya injustamente en esa clase política desprestigiada que establece pocos puentes para la comunicación con los ciudadanos. Además existe también una cierta distancia generacional entre una formación cuyas cabezas visibles suelen ser de mediana edad y unos movimientos sociales más jóvenes. Si Izquierda Unida quiere acercarse a movimientos como el altermundismo o el surgido tras el 15-M debiera tal vez renovar a sus dirigentes y tratar de buscar unas prácticas políticas más imaginativas que la diferencien del resto de las formaciones políticas. No se trata tanto de visibilizarse en las movilizaciones sociales como de servir de correa de transmisión de las mismas haciendo uso de los medios y el eco que proporcionan las instituciones.

Izquierda Unida ha sido injustamente tratada por nuestro sistema electoral y por una parte de la izquierda. Bien es cierto que sus luchas fratricidas internas no han contribuido a construir la imagen de izquierda plural de la que presumen sus dirigentes. Y la competencia de una izquierda nacionalista en algunas comunidades autónomas también ha provocado que IU pierda parte de su espacio sociopolítico. La tímida recuperación electoral de la formación podría significar un nuevo tiempo para Izquierda Unida. Pero para ello tienen que afrontar alguna de sus debilidades y saber adaptarse a los tiempos que corren. Los hombres y mujeres de IU hacen gala de valores como la solidaridad, la igualdad o la honestidad que no abundan en la clase política. Ahora les faltan buenas ideas para ponerlos en práctica y ser la voz de la izquierda en las instituciones. Llevan años buscando esas ideas. Esperemos que pronto las encuentren.

Published in: on 24 mayo, 2011 at 12:46  Comments (1)  
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El día después… (valorando las elecciones)

Hoy toca valorar las elecciones autonómicas y municipales que se han celebrado ayer en nuestro país. A unas pocas horas de conocer los resultados ya se ha dicho prácticamente todo lo que se podía decir al respecto. Tertulianos y opinadores han destacado la contundencia de la derrota del PSOE que ha perdido las elecciones en todas las comunidades autónomas. Se abre por tanto un nuevo tiempo político en el que los socialistas tienen muy malas perspectivas de cara a las elecciones generales de 2012. Con diez puntos de diferencia y más de dos millones de votos parece imposible una recuperación del PSOE en tan solo diez meses. Si además, como dijo anoche Zapatero, fue la crisis económica la que lastró sus posibilidades electorales en las municipales y autonómicas todo indica que en las generales el castigo de la ciudadanía puede ser aun mayor. Unas eventuales primarias con dos miembros del gobierno como Rubalcaba y Chacón no parece que puedan revertir una tendencia a la baja del centro-izquierda en España.

Zapatero tiene razón cuando señala a la situación económica como responsable de la debacle del PSOE. Pero olvida que no ha sido la crisis sino la gestión de la misma la que ha provocado el castigo de los electores. Primero negando la situación económica cuando era evidente y después tomando unas medidas más propias de la derecha más neoliberal que de un partido socialdemócrata. Con ello ha conseguido hacer olvidar aquella primera legislatura centrada en políticas sociales progresistas o las miserias del gobierno de Aznar que provocó la derrota del PP en las elecciones del 2004. Ahora la incógnita está en saber si el PSOE podrá recuperarse y cuanto tardará en hacerlo. Porque si los socialistas no emprenden una renovación profunda de caras e ideas, el futuro puede depararnos un largo invierno con una derecha a la ofensiva en la Moncloa durante muchos años.

Después del PP el gran vencedor de las elecciones de ayer fue Izquierda Unida. A pesar de perder su tradicional califato cordobés ha conseguido uno de los mejores resultados electorales desde hace muchos años. En Extremadura previsiblemente entrará en el gobierno autonómico y ha ganado alcaldías tradicionalmente socialistas como la de Mieres en la cuenca minera asturiana. En un sistema electoral y un clima político que en los últimos años había sido tremendamente injusto con Izquierda Unida la recuperación de la coalición es sin duda una muy buena noticia.

En mi tierra, Asturies, el partido de Álvarez Cascos ha dado la sorpresa. Todos esperábamos que irrumpiese en el panorama político con fuerza pero su victoria, aun siendo por la mínima, ha desmentido todas las encuestas electorales. La incógnita está en ver si el entendimiento entre PP y FAC puede ser duradero y proporcionar a Asturies un gobierno que no se rompa en mil pedazos a la mínima discrepancia, como ya ocurrió en tiempos de Sergio Marqués. Si como todo indica el pacto se traslada a un ayuntamiento tan importante como el de Xixón, la izquierda perdería uno de sus feudos más importantes en Asturies y quizás una de sus gestiones municipales más brillantes en España.

El éxito sin precedentes de la izquierda abertzale encarnada en Bildu es tal vez el dato que merece un análisis más profundo. La coalición independentista ha logrado más de 300.000 votos en Navarra y Euskadi y ha sido la primera fuerza política en Gipuzkoa y la que más ediles y más mayorías absolutas ha logrado en los ayuntamientos de la Comunidad Autónoma Vasca. Además ha logrado la victoria en una ciudad tan importante como Donostia. Este resultado tiene varias lecturas de importancia. Por un lado demuestra la apuesta del electorado abertzale por el proceso de paz y por el fin definitivo de ETA. Los ciudadanos han premiado la voluntad de Bildu de hacer política y de alejarse de la senda de la violencia. Y el éxito de la coalición independentista desmiente el mantra repetido hasta la saciedad por la derecha de que “Bildu y ETA son lo mismo”. Pero como no hay peor ciego que el que no quiere ver el PP y su cohorte mediática seguirán con toda seguridad dando muestras de su poco respeto hacia la voluntad pacífica y democrática de los vascos.

Estas elecciones han sido más bien las de la derrota del PSOE que las de la victoria del PP. Los populares han subido en medio millón de votos y menos de dos puntos porcentuales lo cual no parece mucho en un contexto en el que la gestión de la crisis financiera ha desgastado enormemente al partido gobernante, como ha ocurrido en la mayor parte de Europa. Además la experiencia suele indicar que la prepotencia ante una victoria segura suele ser castigada por el electorado. Habrá que ver si para las elecciones generales, con una nueva cara en el cartel electoral socialista, el PSOE consigue atenuar la derrota o sigue desangrándose en beneficio de una derecha que hoy está sacando pecho ante unos resultados que en los próximos días le proporcionarán la inmensa mayoría del poder municipal y autonómico.

Published in: on 23 mayo, 2011 at 10:58  Dejar un comentario  
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Después de las elecciones del 22-M

Ya se ha iniciado la campaña electoral de las municipales y autonómicas que se celebrarán el próximo día 22. Previsiblemente será la antesala de la debacle electoral de un PSOE que se ha visto lastrado por su gestión de la crisis y por la escandalosa cifra de desempleados. A un año de las elecciones generales parece difícil que los socialistas puedan recortar los más de diez puntos de diferencia con el PP que le dan las encuestas más optimistas. Solo una mejora sustancial de los datos económicos y del empleo podría ayudar a ello. Pero no parece que haya tiempo suficiente para que ese fenómeno se produzca. Se apunta también al efecto que pudiera tener un desarme definitivo de ETA. Y aunque no parece que tal cosa pueda producir réditos electorales y a pesar de la presión de un PP radicalizado en este asunto, no es desdeñable la posibilidad de que Zapatero pueda construirse una imagen de pacificador a lo Tony Blair que contagie al PSOE en las generales. Además está por ver si el proceso de sucesión de los socialistas consigue sumarles o restarles votos en función de como se produzca y de quien sea finalmente el candidato. En definitiva el PSOE tiene muy difícil construir un discurso en menos de un año que le pueda dar la victoria frente a Mariano Rajoy. Pero en política casi nada es imposible.

Las elecciones del 22-M serán una buena toma de temperatura de hasta donde llega la ventaja del PP. Las encuestas le dan la victoria en feudos tradicionalmente socialistas como Extremadura o Castilla-La Mancha. En Madrid revalidaría e incluso incrementaría su mayoría absoluta, tanto a nivel autonómico como municipal. Sorprendentemente lo mismo ocurriría en la Comunidad Valenciana donde la implicación de Camps en el caso Gürtel no parece tener efecto.

El caso de Asturies es toda una incógnita. La irrupción en escena de Foro Asturias, el partido de Francisco Álvarez-Cascos, hace difícil descifrar cual pudiera ser el resultado. Según la encuesta del CIS las elecciones las ganarían nuevamente los socialistas pero se produciría prácticamente un empate técnico entre los posibles pactos PSOE-IU y PP-FAC, con una ligerísima ventaja de este último. De no producirse un nuevo gobierno de centro-izquierda en el Principado está por ver si el partido de Cascos y el de Isabel Pérez Espinosa alcanzan un acuerdo después de las agrias acusaciones mutuas que se dirigieron el uno al otro a principios de año. De lograrlo será interesante comprobar hasta que punto consiguen construir un gobierno con una cierta estabilidad. La tradición de una derecha asturiana muy dividida y el personalismo de Álvarez-Cascos lo convierten en una tarea muy difícil. Conviene recordar que la única victoria del PP en Asturies acabó con el Presidente del Principado, Sergio Marqués, abandonando la formación conservadora y creando un nuevo partido con buena parte de los diputados populares.

Por otro lado una encuesta interna de la coalición asturianista de izquierdas Bloque-UNA les concede un diputado. Mantendrían por tanto la representación que logró Bloque por Asturies tras participar con Izquierda Xunida en las anteriores elecciones. Pero los datos del sondeo parecen poco realistas y desgraciadamente todo hace prever que el asturianismo de izquierdas no tendrá representación en la Xunta Xeneral del Principáu d’Asturies. Un fenómeno curioso en una de las comunidades autónomas con más sentimiento identitario según todos los estudios sociológicos.

Estas elecciones municipales y autonómicas terminarán casi con toda seguridad con una holgada victoria del PP. Presumiblemente los conservadores sacarán pecho después del 22-M. Y el empuje de los medios de comunicación más ultras hacia posiciones de extrema derecha puede llevar a una victoria del Rajoy en las elecciones generales del 2012 que suponga un grave retroceso de muchas de las conquistas sociales de los últimos años. De ser así las gentes de izquierdas tendremos que prepararnos para una nueva etapa oscura como aquella que vivimos en la segunda legislatura de Aznar. El PSOE no merece volver a ganar las elecciones pero un nuevo gobierno popular, con vientos europeos favorables a las tesis más conservadoras y con una situación internacional llena de incertidumbres, puede resultar desastrosa para los que creemos en un mundo más solidario y más justo. En el próximo año nos queda esperar un milagro… …o prepararnos para volver a conquistar la calle.

NOTA: Podéis consultar los sondeos del CIS para las elecciones del 22M aquí: http://www.cis.es/cis/opencms/ES/NoticiasNovedades/Documentacion_PreEAM11.html

Published in: on 6 mayo, 2011 at 10:56  Dejar un comentario  
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