Ana Pastor, TVE y la manipulación informativa

En el periodismo suelen darse dos concepciones contrapuestas sobre la verdad. Un sector de profesionales de la información sostiene que hay que aspirar a la objetividad o, al menos, a la mayor posible. Otro grupo cree que tal cosa es imposible, que la objetividad es una quimera y que cualquier información está cargada de valor. Ambas concepciones son ciertas de algún modo. La verdad, cuando se ordena, se verbaliza y se comunica, se carga de valores y prejuicios. Pero nada impide que los periodistas traten de transmitir los hechos de la manera más fidedigna posible. La verdad periodística no es, por tanto, equivalente a la verdad con mayúsculas. Pero aceptar esta premisa no supone renunciar a la información veraz y plegarse a la propaganda.

En España hemos vivido épocas muy oscuras del periodismo en los medios públicos. TVE ha sido objeto de críticas por manipulación informativa desde su existencia. Cada vez que se produce la alternancia en el gobierno y se nombran nuevos directivos del ente público, el partido en la oposición acusa a TVE de manipulación informativa. Y en algunas ocasiones razones no han faltado. Es lícito sospechar de unos medios de comunicación dirigidos por quien no piensa como nosotros e incluso resulta sano el control que ejerce la oposición sobre el tratamiento informativo de la televisión pública.

Pero en los últimos días se ha producido un hecho paradójico. Dolores de Cospedal, invitada en el programa Los Desayunos de TVE, ha denunciado la manipulación informativa del ente público. Y la cosa no pasaría de una mera anécdota si quien lo hubiese hecho no fuese la Secretaria General del PP. Porque si ha habido una época oscura en la televisión pública española esa ha sido la de los ocho años de Aznar, con Urdaci al frente de los informativos. Unos informativos que renunciaban a la información para hacer auténtica propaganda. Basta recordar que la única condena que ha tenido TVE por manipulación informativa ha sido por su tratamiento de la huelga general del 20J durante el gobierno de Aznar. O el relato que hizo la televisión pública española de la crisis del Prestige, del Yak-42 o de las movilizaciones contra la guerra de Iraq. Y por supuesto la burda manipulación informativa que todos sufrimos tras los atentados del 11M.

Por si todo esto fuese poco, la denuncia de Cospedal se produjo en un programa que junto con 59 Segundos marca el espíritu de una televisión que con todas las críticas que se le pueda hacer, que son muchas, nunca ha sido tan plural como ahora. Su presentadora Ana Pastor es un ejemplo de periodismo crítico que no se conforma con las respuestas tópicas y que pese a su juventud no se arredra ante dinosaurios de la política como Cospedal, Esperanza Aguirre o Alfonso Guerra que han pretendido tratarla de manera displicente. Algunas de sus entrevistas están sin lugar a dudas entre las mejores que se han visto en un medio de comunicación español en los últimos tiempos.

Entiendo la rabieta de Cospedal ante una periodista incómoda como Ana Pastor. Porque ese es el principal valor de la presentadora; no dejar que sus invitados recurran a los argumentarios de partido que escuchamos día tras día. Pero no hay más que ver un informativo de Telemadrid o de la valenciana Canal 9 para comprender el modelo de televisión pública que defiende el Partido Popular. La reciente condena del que fuera Secretario de Estado de Comunicación con Aznar por llamar nazi al doctor Montes no hace más que poner en solfa la estrategia del insulto y de la manipulación de los populares. Y en lo que al ámbito privado se refiere, por alguna extraña razón han sido los medios que están más a la derecha, incluso a la derecha del PP, los que han fabricado las informaciones más insidiosas de todo el periodismo político desde que existe la democracia.

Desgraciadamente el espectro informativo se ha inclinado hacia ese lado en los últimos años, especialmente con la llegada de la TDT. Pero también es cierto que hoy, gracias a internet, tenemos herramientas más que de sobra para contrastar las informaciones que nos llegan desde los medios de comunicación tradicionales. Y hace solo veinte años era impensable poder leer el New York Times, Le Monde y La Repubblica sin necesidad de salir de casa. El tratamiento informativo del 11M por parte de TVE fue atenuado en parte gracias a esa capacidad inmediata que tenemos hoy los ciudadanos de estar informados, en ocasiones en demasía. En ese contexto parece un mal chiste escuchar a la Secretaria General del PP denunciando la manipulación de TVE.

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