La Voz de la Calle, Público y la izquierda mediática

La Voz de la Calle era, hasta hace unos días, el gran proyecto de Teodulfo Lagunero, uno de los mecenas del PCE durante el último franquismo y la transición. Pretendía ser el diario de referencia de “la izquierda transformadora” y situarse a la zurda de Público. Varias decenas de jóvenes periodistas habían dejado sus trabajos y sus ciudades para involucrarse en cuerpo y alma en un proyecto en el que creían ciegamente. Pero anteayer Lagunero canceló el proyecto y con él las ilusiones de un grupo de profesionales que se han topado con lo peor de la clase empresarial solo que, en este caso, de mano de un puñado de gurús de la izquierda.

El panorama mediático español es bastante conservador pero con todo yo dudo de que el proyecto de La Voz de la Calle tuviera algún viso de consolidarse como referente informativo. La existencia de un diario como Público deja poco espacio para otro tipo de proyectos periodísticos de cierta entidad desde la izquierda. Seguramente Público no es el periódico perfecto y habría muchas críticas que hacerle. Para muchos de nosotros su linea editorial nos queda a la derecha. Pero ha sido el único diario que ha encontrado un espacio a la izquierda de El País y que ha sabido crear una voz propia dentro del panorama informativo. Desde luego no es el periódico que elegiría para informarme con detalle de lo que sucede en Costa de Marfil, por poner un ejemplo. Para eso ya está El País que, más allá de su linea editorial, es uno de los mejores diarios europeos en lo que a información internacional se refiere. Pero si elegiría Público (y de hecho lo elijo) para buscar un análisis de la realidad desde el pensamiento crítico, para encontrar opiniones que no siempre son cómodas y que cuestionan el poder, para disfrutar de su apuesta por la cultura alternativa y por un proyecto joven y dinámico.

Considero que si un periódico progresista quiere tener un espacio propio debe dirigirse a la izquierda en sentido amplio. Eso es lo que Nacho Escolar hizo en su etapa como director y es lo que hoy, con más o menos fortuna, pretende la actual dirección de Público. Situarse en ese otro espacio más propio de la extrema izquierda de los ochenta que de la realidad de los hombres y mujeres progresistas de hoy es situarse en un mundo impermeable a la sociedad y que no dejándose influenciar por ella tampoco logra influirle en modo alguno. Para transformar la sociedad es imprescindible ser parte de ella y huir de los maximalismos y de las pretensiones de dar certificados de autenticidad que parecen tener algunos sectores de la izquierda. Ello no supone renunciar a ningún principio ni venderse a la socialdemocracia, por más que lo repitan hasta la saciedad los guardianes de las esencias.

Desde luego hay muchos aspectos de Público que no me gustan y que merecen una crítica todo lo dura que se quiera. Pero mientras nuestra sociedad sea la que es Público seguirá siendo el periódico de quienes nos sentimos de izquierdas y no nos plegamos a los dictados del PSOE. Un periódico que ha sabido ser valiente cuando corren malos tiempos para las ideas alternativas. La redacción de Público, en la que tengo varios amigos, merece todo mi respeto por su trabajo, día tras día, por sacar adelante un diario que hace tan solo diez años ninguno de nosotros podía imaginar. Ojalá siga así por mucho tiempo.

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3 comentariosDeja un comentario

  1. El problema aparece cuando la izquierda progresista y “verdadera”, si es que se puede llegar a la verdad en este mundo, se convierte en izquierda de salón para llegar a alcanzar a aquellos que se resisten a sus propuestas.
    Si bien es cierto que debería dirigirse a un amplio sector de la izquierda intentando abarcarla toda, no puede permitirse despojarse de sus ideas para contentar a unos y a otros. Lo cierto es que, como bien dices con otras palabras, nunca se llegará al 100% del colectivo, por mucho que se intente, y si cede en algunos criterios, sí, contentará a aquellos que se resistían, pero, sin embargo, perderá a los afines iniciales.
    Está claro que ningún medio informador -se me resiste el término de “comunicación”, porque en la mayoría de las ocasiones producen justamente el efecto contrario- es infalible. Ni siquiera una sola persona lo es, cuando menos un colectivo, ya que la diversidad propicia precisamente esos roces o diferencias que los hace grandes. Sin embargo el generalizar hace que el grupo pierda sus características y se convierta en una masa aborregada de otra etiqueta política, y creo que, precisamente, ahí radica el fallo más importante que puede producirse.
    De todas maneras, la socialdemocracia, per se, no es esclava de aquellos que propugnan los anacronismos más recalcitrantes. Pienso que está mal entendida y mal llevada, y que son sus representantes y no la idea los que deberían cambiar para que se alcanzase lo pretendido. Pero esto, por supuesto, no son más que divagaciones.
    Un saludo.

    • Seguramente tienes razón cuando dices que el término izquierda esta desvirtuado. Pero lo queramos o no sigue funcionando como identificador social aunque sea ya en sentido débil. En cuanto a la ultraderecha yo no creo que vayan de frente como dices. De hecho los partidos neofascistas europeos se venden como una alternativa más allá de la izquierda y la derecha cuando en realidad son la derecha más extrema. Dicen no ser racistas pero todo su discurso se basa en el odio al extranjero, al negro, al musulmán… Ese es su peligro: un discurso populista que puede seducir a una parte de la sociedad en la que el descrédito a la política esta a la orden del día. Y aunque hay millones de cosas criticables de la clase política, la idea de que son todos iguales me parece muy peligrosa. Porque, además, no es verdad en absoluto. En fin…

      Mil gracias por tus comentarios.

  2. Reconozco que quizá me excedí en lo de ir de frente, pero lo cierto es que no juegan tanto al ahora sí ahora no de la clase política que tenemos hoy en día.
    Considero al PP como ultraderecha, básicamente porque no se le ven los límites entre la derecha simplemente conservadora y los más reaccionarios y porque creo que se dejan llevar por estos últimos aquellos que quizá se acerquen más al centro.
    Sí que es cierto que se dejan al populismo y que juegan muy bien sus cartas. Se les da bien y obtienen lo que quieren. No hay nada que me sorprenda más que oír al obrero henchirse de orgullo al proclamar que su voto va a ir para el PP, por ejemplo, algo que es incongruente de raíz y que se han ganado a pulso los del PSOE, pero, por desgracia, es algo cada vez más frecuente.
    ¿Sabes qué es lo peor? que se les permite que veladamente y no de una forma tan…tácita, por llamarlo de alguna manera, proclamen su odio contra el diferente en pos de una seguridad que no se tiene, y a la campaña del PP de Badalona en la que “Alicia Croft” eliminaba -literalmente- a los rescoldos de una sociedad que ellos creen infames, o, incluso yendo más lejos, a aquellas que se hicieron en Suiza en la que las ovejas blancas pateaban a la negra y la expulsaban del país. Los culpables somos nosotros, que dejamos que esgriman la libertad de expresión gratuitamente cuando incumplen lo más básico que es el respeto a las personas y a su dignidad, al margen de su orientación política, religiosa o sexual y al margen de dónde hayan nacido. Se les olvida que, ante todo, las personas son eso, personas, y que partiendo de esa base nadie ni ninguna opción es ilegal. En la diferencia está la belleza, y son incapaces de comprender con sus mentes cerradas todo lo que pueden aprender de alguien diferente a ellos y la posibilidad de crecer como persona en base a esas experiencias.
    Se les llena la boca hablando de democracia y son incapaces de comprender los matices que adquiere la palabra y la opción bien aplicada. Lo que está claro es que ahora tenemos de todo menos democracia. Sí, podemos votar, ¿pero la capacidad de votar es inherente a la democracia que tenemos? Yo creo que no, partiendo de que el mismo número de votos no implica el mismo número de escaños para este o aquél partido y acabando en que volvemos al sistema de turnos de aquellos tiempos de Larra. Pronto tendremos cesantes y la monarquía dedocrática impuesta por un dictador se verá con la capacidad absoluta de dirigir -aún más- los destinos de sus súbditos.
    Estamos yendo hacia atrás. España no es un país fácil, es dechado de pasiones, de odios y de fratricidio, eso es absolutamente cierto, pero no se educa en otra cosa que en fomentar estas “cualidades”. No interesa otra cosa que mantenernos con la cabeza abajo viéndolas venir.
    La comodidad otorgada tras la caída de la dictadura -y, por desgracia, esos siguen muriendo en sus camas y permitiéndose el lujo de seguir insultando y mirar por encima del hombro a los que lucharon por sus ideas- es un peso demasiado fuerte sobre el hombro del español medio, que adolece de todos los males que esta comodidad conlleva. Es mejor que otros lleven la carga del trabajo duro y la posibilidad de cubrir los riesgos, si acaso suceden, pero no se dan cuenta que, en última instancia, ellos son los que pagan los platos rotos, tal y cómo se está viendo con el desastre global que nos han impuesto.
    En mi humilde opinión, es un problema de base. Mientras no solventemos esto, será imposible que no cedan al populismo, que la clase política se ponga a servir al pueblo en lugar de servirse a sí misma, y que sigamos mudos, sordos y ciegos ante la perspectiva de que la cosa pueda empeorar.
    Lo malo de estos tiempos de crisis es que se fomentan los totalitarismos, y, si no, al tiempo.
    Mil gracias a ti.
    Un saludo.


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