El debate sobre la piratería y la Ley Sinde

Ayer en la red se produjo un hecho significativo. Andreu Buenafuente dejó a un lado su habitual tono humorístico y mostró su indignación por el trato y los insultos que estaba recibiendo por parte de cientos de internautas a través de Twitter. La causa fue la entrevista que el presentador catalán le hizo a Ángeles González-Sinde y que muchos consideraron excesivamente benévola para con la titular de la cartera de cultura del gobierno español. El debate sobre la famosa Ley Sinde ha inundado la red y ha provocado una avalancha de críticas y una corriente de apoyo a la descarga de contenidos culturales en internet.

Yo siempre me he situado del lado de quienes consideran que la descarga libre y gratuita de contenidos a través de internet ha hecho más por el fomento de la cultura que toda la industria musical y cinematográfica. La juventud de hoy consume infinitamente más discos y más películas que en cualquier otra época y eso ha provocado que el bagaje musical y cinematográfico de los jóvenes en nuestro país haya aumentado de manera exponencial en los últimos años. Negarlo es permanecer ciego ante un fenómeno sociocultural que, como casi todo en la vida, tiene aspectos positivos y negativos. Porque hay que reconocer que aunque hoy se consume más cultura también se consume peor. Se ha extendido la idea de la cultura de “usar y tirar” y quizás la obra de arte haya sido despojada ya definitivamente de aquella aura de la que hablaba Walter Benjamin en La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica. Solo así se explica que se vendan masivamente aparatos que permiten almacenar más canciones y películas de las que un ser humano puede consumir en décadas.

Yo soy contrario a la Ley Sinde y a cualquier forma de criminalización de las descargas de contenidos o de lo que se conoce como piratería. La industria cultural ha abierto una brecha entre ella y los consumidores que ahora solo pueden salvar con leyes restrictivas. Pero dicho esto me molesta especialmente los términos en los que se plantea el debate, sobre todo por una parte de aquello que ya se conoce como “los internautas”. Creo que para que se genere un diálogo constructivo que pueda acercar posiciones y del que se puedan sacar conclusiones para el futuro es necesario enfrentarse a él desde la honestidad, tratando de entender al otro y desterrando la agresividad de los argumentos.

Algunos de los más críticos con la Ley Sinde y con las leyes antipiratería han sostenido posiciones donde abundan las exageraciones, los argumentos falaces o sencillamente las mentiras. Y eso es jugar sucio. Hay motivos más que de sobra para atacar a la Ley Sinde sin que haga falta recurrir a planteamientos como el que reza que “esta ley está en contra de la libertad de expresión y permite cerrar una web por las opiniones que en ella se puedan verter”. Además de no ser verdad (ninguna ley permite tal cosa) decir cosas como esta desvía el punto de atención de las ideas verdaderamente importantes para un debate sobre la piratería. De igual manera durante mucho tiempo se ha criticado el canon por copia privada sugiriendo que supone una violación del derecho constitucional a la presunción de inocencia. Y este argumento, además de ser una barbaridad desde el punto de vista jurídico, obvia el hecho de que el canon digital precisamente convirtió en lícito algo que no lo era (la copia de un disco o una película) y que en otros países como el Reino Unido sigue siendo un delito que puede ser perseguido por vía penal. El canon digital merece ser abolido por mil y un motivos pero desde luego éste no es uno de ellos.

Sorprende asimismo como sectores progresistas apoyan la desregulación de sociedades limitadas que gestionan webs que facturan diariamente miles de euros gracias a la descarga de contenidos ajenos, por no hablar de las operadoras de internet. No sería justo sustituir a la industria musical o cinematográfica por otra industria cuyos beneficios además no repercuten en los creadores. Defenderlo supone defender la versión más neoliberal del capitalismo y del libre mercado. Las empresas merecen ser reguladas y más aun cuando se lucran del trabajo de otros. Y regular no tiene por que suponer necesariamente restringir el acceso del consumidor a los contenidos.

Por otro lado parece comprensible cierta oposición de los creadores a las webs de descargas de contenidos. Porque, más allá de la cuestión de los beneficios económicos, parece sensato entender la indignación de un creador cinematográfico que ha buscado al director de fotografía adecuado y ha trabajado con equipos carísimos cuando ve su película colgada en screener. Uno de los efectos más nocivos que ha provocado la descarga de contenidos es el poco respeto al creador y a su obra y la sensación de que ésta puede ser mutilada o manipulada libremente.

Una de las funciones más importantes del Estado es su carácter redistributivo, especialmente en tiempos de crisis. Es de justicia reconocer que la revolución digital también ha provocado víctimas en la industria cultural. Algunos autores, pequeñas productoras y estudios o sellos independientes han sufrido los efectos más perversos de una economía y una tecnología cuyo desarrollo y cuya crisis deja por el camino a mucha gente. Y del mismo modo que los ciudadanos pagamos con nuestros impuestos los subsidios de quienes menos tienen quizás fuera necesario introducir un impuesto a las descargas de contenidos, ya sea a las webs, a las operadoras de internet o al usuario, que funcione de manera verdaderamente redistributiva (lo cual excluye a la SGAE del proceso) y que repercuta en los sectores más desfavorecidos del mundo musical y cinematográfico. Pero ideas de este tipo no abundan en un debate muy enconado, donde se juega con posiciones intransigentes y con el maximalismo del “o todo o nada” y donde la empatía y el respeto por quien no piensa igual que nosotros brilla por su ausencia. Resulta descorazonador además que la posibilidad de descargar películas y música a través de internet haya generado más movilización en algunos ámbitos que otras cuestiones más urgentes de nuestra sociedad.

Soy contrario a la Ley Sinde y creo que la descarga libre de música y cine es una de las cosas más positivas que nos ha proporcionado internet. Pero sería necio no entender los conflictos que esto genera. Convivir en sociedad supone también asumir los problemas ajenos como propios y tratar de resolverlos a través del debate y la negociación. De nosotros depende que la red se convierta en un espacio para el diálogo constructivo o para el insulto y la intransigencia. Yo, desde luego, escojo lo primero.

Anuncios
Published in: on 13 abril, 2011 at 12:04  Comments (1)  
Tags: , , , ,

The URI to TrackBack this entry is: https://xabelvegas.wordpress.com/2011/04/13/el-debate-sobre-la-piratera-y-la-ley-sinde/trackback/

RSS feed for comments on this post.

One CommentDeja un comentario

  1. Quizas y solo quizas, si el ocio o la cultura fueran de verdad asequibles y un libro, un cd o cualquier manifestacion artistica no tuviera el precio que tiene. Este debate seria esteril


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: