La República, la monarquía y la Constitución

Podría empezar esta entrada del blog con algún chascarrillo sobre los Borbones y sobre su capacidad intelectual. Pero hoy se celebra el 80 aniversario de la proclamación de la 2ª República Española y es un día para recordar y homenajear a quienes dejaron su vida por la libertad y la igualdad ante la ley y para reflexionar sobre el régimen político que hoy nos toca vivir. Un régimen que lleva más de tres décadas de vida y en el que hemos nacido buena parte de los ciudadanos de este país.

Se ha dicho, por activa y por pasiva, que nuestra Constitución Española es el saldo de una negociación entre los sectores más moderados del franquismo y del antifranquismo. Los primeros cedieron ante la legalización del Partido Comunista o ante la configuración autonómica española y los segundos cedieron ante monarquía constitucional y ante los símbolos del Estado. No pretendo juzgar aquí este proceso y estoy seguro de que los demócratas que redactaron la Constitución, con todas las críticas que se les pueda hacer, que son muchas, actuaron hasta donde pudieron para instaurar en nuestro país un régimen de libertades. Y hoy, más de tres décadas después, parece justo reconocer que vivimos en un estado homologable con el resto de democracias europeas. Lo cual, visto lo que ocurre en otras zonas del mundo, no es poco.

Pero sigue habiendo algunos temas que se me antojan mal resueltos o insuficientes en nuestra Constitución. La monarquía y sus símbolos, la necesidad de progresos hacia el federalismo y la urgencia de avanzar en la recuperación de la memoria histórica y en la reparación a sus víctimas son quizás algunos de los más importantes. Los dos primeros son, a día de hoy, una quimera. Solo el debate sobre la memoria histórica esta presente en la sociedad española lo que no impide que muchos de nosotros sigamos luchando por una España republicana y federal.

Incluso los que no estamos de acuerdo con esta Constitución debemos reconocer, por más que nos desagrade, que está legitimada socialmente. No hay grandes movimientos de oposición al texto constitucional y su reforma ni siquiera suscita ninguna urgencia dentro de la ciudadanía española. Con eso y con todo hay dos reflexiones que me parecen importantes a la hora de hablar sobre el papel de la Constitución. En primer lugar nuestra norma fundamental fue votada por la sociedad española no después de un levantamiento popular contra la dictadura sino tras la muerte plácida del propio dictador. El “ruido de sables” de la época estaba muy presente en una sociedad que ansiaba, de manera un tanto abstracta, un régimen democrático y el riesgo de involución era enorme. Tal es así que tres años después del referéndum constitucional este país sufrió un golpe de estado militar. Las intrigas golpistas duraron hasta el año 86, fecha en la cual el Coronel ultraderechista Carlos de Meer, uno de los abogados defensores del 23F, conspiró para instaurar por la fuerza un régimen sin partidos políticos; una operación que por cierto financiaba curiosamente Gadafi. No es descabellado preguntarse en este contexto si la sociedad española tuvo la oportunidad de reflexionar libremente sobre el futuro político de su país.

La segunda reflexión sobre nuestra Carta Magna es quizás más propia de la teoría constitucional que de la política. Ninguno de los que somos menores de 50 años tuvimos la oportunidad de votar la Constitución. Y resulta curioso el modo en que en España, como en tantos otros estados, el poder constituyente se hereda de una generación a otra como el pecado original. Somos herederos a la fuerza de lo que han votado nuestros padres, nuestros abuelos o incluso nuestros bisabuelos. Y ello ocurre cuando España ha sido el país europeo que más ha cambiado en los últimos treinta años. En nada se parece aquella sociedad del 1978 a la que tenemos en 2011 y lo que servía para entonces no tiene por que servir para ahora. Quizás la norma fundamental de nuestro ordenamiento jurídico debiera confirmar su legitimidad en las urnas al menos cada dos o tres décadas.

Dicho esto vuelvo a reconocer, por más que me desagrade, que la aprobación social de nuestra constitución está fuera de toda duda. Somos pocos, muy pocos, los que nos situamos a la contra del texto que se aprobó en el 78 y solo en la Comunidad Autónoma Vasca existe una considerable masa social crítica con él. No obstante la sociedad española sigue considerando mayoritariamente que el régimen republicano es mas justo que la monarquía parlamentaria y solo acepta esta última como mal menor.

Es cierto que no existe un gran movimiento por la III República pero el curso de la historia nos muestra que los reyes son, cada vez más, un rescoldo del pasado que más tarde o más temprano tendrá que apagarse o convertirse en un recuerdo folclórico de una época que ya solo se encuentra en los libros de historia de Europa. En Francia, el país de mayor tradición republicana, muchos ven a las monarquías como signo de atraso. Razón no les falta. Y hoy, como hace ochenta años, sigue siendo necesario reinvindicar un régimen donde no existan los privilegios y donde todos, absolutamente todos, seamos iguales ante la ley. Por eso y por muchas más cosas… …¡Viva la República!

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Published in: on 14 abril, 2011 at 11:27  Comments (1)  
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One CommentDeja un comentario

  1. Nada que rebatirte, sólo que ojalá no tengamos que esperar ochenta años más para verla.
    Viva la República.


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