Gallardón y los sin techo

En tiempos de Álvarez del Manzano el Ayuntamiento de Madrid tomó una de las medidas más inmorales que recuerdo de una administración municipal española. Como algunos sin techo utilizaban los bancos para pernoctar se decidió ponerles una barra que impidiera tumbarse en ellos. Lo que para muchos de nosotros podía ser solo una intervención en el mobiliario urbano más o menos cuestionable pero sin importancia era para la gente que vive en la calle un obstáculo más en una vida plagada de dificultades. Y hace unos días Gallardón vio la apuesta de Álvarez del Manzano y la subió. Anunció que si el PP gana las elecciones generales pedirá desde el consistorio madrileño la elaboración de una ley estatal que impida a los sin techo dormir en la vía pública.

La medida es sin duda la punta del iceberg de un discurso populista y ultraconservador con el que el actual alcalde de Madrid pretende pescar votos entre un sector de los madrileños que desea ver sus calles “limpias de mendigos, yonquis y putas”. Porque antes de cualquier consideración moral conviene recordar que el anuncio es poco más que un brindis al sol y es muy complicado desde el punto de vista legal llevar a cabo una medida de ese tipo. Aun en el caso de que fuera posible, que lo dudo, trasladar por la fuerza a los sin techo a un albergue parece difícil que se les pueda impedir la salida de allí sin que medie una orden judicial y sin que ese tipo de centros se conviertan prácticamente en cárceles. Lo cual sería, en definitiva, resucitar una de las peores leyes franquistas; aquella de “vagos y maleantes” que “limpió las calles” y llenó las cárceles. Por si fuera poco en los últimos días en el sevillano barrio de Triana algunos vecinos han decidido crear patrullas ciudadanas para expulsar a los indigentes de la vía pública, algo que tiene reminiscencias de aquella época en la que el fascismo campaba a sus anchas en buena parte de Europa.

Pero más allá de las posibilidades de prosperar de una medida populista como la de Gallardón este asunto apela a los más básicos principios morales del ser humano. Es cierto que a nadie le gusta ver en las calles gente durmiendo bajo cartones o dentro de los cajeros automáticos donde sacamos nuestro dinero. Resulta incómodo ver a la puerta de supermercados llenos de alimentos o en los semáforos de nuestras ciudades a gente de rodillas suplicándonos una ayuda. Entiendo además los problemas que algunos sin techo puedan provocar a vecinos y comercios de la zona donde pernoctan. Pero el problema de la pobreza no es un problema individual sino un efecto consustancial a nuestro sistema socioeconómico que todos, absolutamente todos, tenemos que abordar. Forma parte de esos márgenes de la sociedad donde existe más sufrimiento y que desgraciadamente muchos prefieren barrer debajo de la alfombra.

En Madrid, como en otras muchas ciudades, la falta de recursos asistenciales, psicológicos, de orientación laboral y de terapia contra el alcoholismo y la drogodependencia es sencillamente terrible. No hace falta más que darse un paseo por el centro de Madrid cualquier noche del año para comprobar los dramas personales que habitan en nuestras ciudades con el cielo como techo, especialmente en un momento de crisis como el actual. Quienes reclaman medidas duras para limpiar las calles de indigentes o quienes organizan patrullas ciudadanas rara vez han empleado ni una mínima parte de sus esfuerzos en exigir a nuestras administraciones los recursos suficientes para combatir la pobreza y la falta de vivienda. Porque lo fácil es expulsarlos de nuestro entorno o esconderlos y convertir en invisible un problema que es de todos.

Desde luego nuestras calles son más bonitas sin gente mendigando, sin hombres y mujeres durmiendo en las esquinas; en definitiva, sin pobreza. Pero el mundo que hemos construido entre todos es éste y somos nosotros los responsables de sus partes más oscuras. Si algo tiene que aprender nuestra sociedad occidental de países menos desarrollados que los nuestros es el concepto de comunidad y el impulso solidario que de él se deriva. Y si seguimos pensando que esto no va con nosotros y que nunca nos pasaría algo semejante difícilmente podremos construir una sociedad más humana y más justa. Mientras tanto gente como Gallardón, de una dudosa catadura moral, seguirá ganando elecciones.

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Published in: on 15 abril, 2011 at 12:45  Dejar un comentario  
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