Las bombas de racimo, Gadafi y su extravagante amigo Aznar

Ayer apareció la noticia en el New York Times y se hicieron eco de ella prácticamente todos los diarios nacionales. Las bombas de racimo que está utilizando Gadafi para bombardear Misrata y masacrar a su población son de fabricación española, concretamente el modelo MAT-120 producido por la empresa Instalaza. Este tipo de armamento se ha utilizado en muchos de los conflictos recientes, como es el caso de Iraq, Afganistán o Kosovo. Sus bombas estallan a una determinada altura antes de tocar el suelo y dispersan decenas de proyectiles. Su poder letal es altísimo y las bajas civiles que provocan son incalculables. Por si fuera poco se calcula que entre el 5% y el 30% de algunos de estos proyectiles no detonan lo cual puede suponer una trampa mortal durante años en la zona donde se dispersan, especialmente para los niños.

Nuestro país comenzó a desmantelar su arsenal de bombas de racimo en 2008. A finales de ese mismo año firmó el Acuerdo de Oslo con el que se comprometía a no almacenar, fabricar, vender o utilizar este tipo de armamento. Y fue una muy buena noticia No cabe duda de que la presión social contra esa clase de armas fue una de las causas que obligó al gobierno a desmantelar su arsenal y prohibir su comercialización. Se ha dicho que la venta de bombas de racimo a Libia se produjo un año antes, probablemente a principios de 2008, cuando aun no se había ratificado el tratado y faltaba más de un año para su entrada en vigor. Pero ese hecho no atenúa las numerosas consideraciones morales y políticas que surgen de la venta de estas y otras armas igualmente letales a países con regímenes que muy probablemente las utilizarán en el futuro contra sus civiles o los de países vecinos. Y mientras los fabricantes españoles de armamento sigan obrando de esa manera nuestro país no puede descargarse de su responsabilidad moral, por mucho que se haya prohibido la utilización y venta de bombas de racimo.

La industria armamentística es una de las grandes fuentes de financiación de algunos países, entre ellos España. Y sus principales clientes son algunas de las peores tiranías del planeta a las que paradójicamente después toca combatir, como ocurrió con Serbia, con Afganistán, con Iraq y ahora con Libia. Si en algo tenía razón Aznar hace unos días es en que Gadafi era un amigo extravagante de Occidente. Pero mientras para él sigue siéndolo para el resto de nosotros es uno de los peores criminales del mundo al que jamás nuestros países debieron dar ningún crédito. El ex presidente de gobierno español ha vuelto a demostrar, una vez más, su perversa catadura moral y su falta de respeto hacia países en vías de desarrollo cuyas poblaciones ansían democracia y libertad. Por fortuna hace siete años nos libramos de él y de su gobierno, seguramente el peor de la historia democrática española, que nos involucró en una guerra como la de Iraq que todos los españoles rechazábamos. Desgraciadamente parece que nos tocará soportar por mucho tiempo los sermones plagados de mentiras, manipulaciones y perversiones morales de uno de los personajes más nocivos que ha dado la clase política española.

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Published in: on 17 abril, 2011 at 17:34  Dejar un comentario  
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