La lucha contra el terrorismo y Guantánamo

En Europa el terrorismo ha tenido dos raíces bien diferenciadas. Por un lado una que surge tras el Mayo del 68 francés y que incorpora buena parte de las ideologías de la extrema izquierda. De esa órbita son organizaciones armadas como las Brigadas Rojas italianas, la Acción Directa francesa, las RAF alemanas o el GRAPO español. Son grupos con un apoyo social muy limitado pero que en algunos casos desplegaron una actividad frenética con un cierto eco mediático.

La otra raíz del terrorismo europeo tiene unos orígenes muy diferentes. Se trata de movimientos de liberación nacional que buscan combatir a un estado al que consideran opresor para lograr unos niveles mayores de autonomía o incluso la independencia. En este conjunto se encontrarían organizaciones como el IRA irlandés, el Ejercito Corso, Terra Lliure en Catalunya o la misma ETA. Todos ellos surgieron con una base social más o menos amplia, a diferencia de las organizaciones izquierdistas. En el caso del terrorismo vasco en sus inicios incorporó buena parte de la ideología obrerista de finales de los años sesenta y principios de los setenta. Pero pronto, y después de algunas escisiones por la izquierda en su V y VI asamblea, ETA se centró en su vertiente más etnicista y mantuvo de manera casi ornamental una cierta retórica socialista.

Durante los años ochenta la lucha armada europea entró en una etapa de decadencia y en la última década del siglo XX buena parte las organizaciones terroristas se habían autodisuelto o habían sido desactivadas en la práctica por si mismas o por la presión policial. La caída del muro de Berlín y la aceptación social de las democracias occidentales desarmó ideológicamente a aquellas organizaciones de base marxista o tercermundista. Desaparecieron así las Brigadas Rojas, la Baader-Meinhof o los GRAPO. En el caso de los grupos armados nacionalistas el proceso fue diferente. El IRA dejó la lucha armada tras los Acuerdos del Viernes Santo y las conversaciones de paz en el Ulster. Terra Lliure anunció su autodisolución a principios de los noventa y buena parte de sus efectivos ingresaron en ERC tras renunciar a la violencia. Solo ETA mantuvo su actividad de una manera dramática. Y ahora es su base social, mermada pero aun considerable, la que le reclama el fin de la lucha armada y la apuesta por vías exclusivamente pacíficas. Y todo hace pensar que ese proceso es ya casi irreversible.

Sea como fuere, en los primeros años de este milenio, surge con fuerza un nuevo terrorismo exógeno que agrava aun más la decadencia de organizaciones como ETA. Se trata del mal llamado terrorismo yihadista. Atentados como los de Madrid o Londres han sido de una crueldad desconocida en una Europa que ha vivido décadas de terrorismo propio. Pero además hay elementos que lo diferencian enormemente del terrorismo que conocemos y que dificultan sobremanera el modo en que nos enfrentamos a él. Es una clase de violencia prácticamente sin objetivos y armada con elementos ideológicos fundamentalistas y por tanto prerracionales. Es por tanto imposible entablar cualquier tipo de dialogo o negociación con él. Porque a nada aspira más que a la destrucción del otro; del infiel. Por si fuera poco, a diferencia del terrorismo europeo, carece de límites morales en lo que a las consecuencias de sus acciones se refiere. El terrorismo islamista entiende la violencia no como un medio para conseguir un determinado fin sino como el fin en si mismo. Y eso lo convierte en un fenómeno muy difícil de combatir desde las ideas.

Estos días, leyendo en El País las torturas que se cometen contra los presos de ese limbo legal que es Guantánamo, me escandaliza la falta de humanidad de las autoridades estadounidenses. Pero también la brecha que los modos atroces de la lucha contra el terrorismo internacional está creando entre Occidente y Oriente. Se ha pasado de la defensa de los derechos humanos a la institucionalización de una justicia en la que el sujeto pierde su condición de ser humano y se convierte en un enemigo de nuestra civilización al que se puede asesinar, torturar o arrebatar cualquier tipo de derecho. Gunther Jakobs lo ha teorizado e Israel y EEUU han sido los pioneros en poner en práctica una política de aniquilación del otro que alimenta y perpetúa el odio mutuo del mismo modo que lo hace el terrorismo islamista.

Si algo hemos aprendido de la lucha contra la violencia en Europa es que no todo vale. No solo porque nuestro código moral nos lo impida, que también, sino porque la guerra sucia provoca el victimismo de quien se pretende combatir y genera adhesiones a la causa terrorista. Occidente está creando hoy el caldo de cultivo perfecto para alimentar el odio y para que las nuevas generaciones de las sociedades musulmanas vean en el terrorismo islamista la respuesta a un mundo cada vez más cruel con ellas. Y mientras nuestros gobiernos callen ante fenómenos como Guantánamo estaremos en un fuego cruzado entre dos formas de terror igualmente crueles y absurdas.

Anuncios

The URI to TrackBack this entry is: https://xabelvegas.wordpress.com/2011/04/26/la-lucha-contra-el-terrorismo-y-guantnamo/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: