La OTAN, los inmigrantes libios y la decadencia moral de Occidente

Si finalmente se confirma que la OTAN denegó el socorro a una embarcación de inmigrantes que había salido desde Libia y en la que murieron 61 personas de hambre y sed, entre ellos varios niños, debería ser uno de los mayores escándalos de los últimos tiempos. El relato escalofriante que ha hecho Abu Kurke, uno de los pocos supervivientes, al diario británico The Guardian muestra como después de quedar a la deriva sin víveres se encontraron con un portaaviones de la OTAN, presuntamente francés. Tras hacer señales de socorro a un helicóptero que salió del buque de la Alianza para inspeccionar la embarcación de los inmigrantes, éstos vieron como los militares se alejaban dejándolos a su suerte. La OTAN niega los hechos pero ha prometido una investigación que depure responsabilidades. Y no parece descabellado desconfiar de unas conclusiones que parecen fabricadas de antemano.

En este blog hemos hablado ya de la intervención en Libia y del drama de la inmigración procedente de África en el contexto de las revoluciones árabes. Reconozco que la teoría de que toda intervención militar occidental tiene por objeto el expolio de las materias primas, principalmente petróleo, de un determinado Estado me parece insuficiente y un tanto simplista. No niego que en guerras como la de Iraq el leitmotiv principal no fuera ese pero creo que por lo general intervienen muchos más factores sociales, políticos y, por supuesto, económicos. Factores que a veces son conocidos y a veces no. La realidad suele ser más compleja de lo que pensamos y las explicaciones monocausales sacian la necesidad de respuestas de algunos pero en absoluto nos ayudan a entender el mundo en el que vivimos en toda su dimensión.

Se ha dicho hasta la saciedad que la intervención en Libia tiene objetivos humanitarios. Se trataría de parar la matanza que el dictador Gadafi está perpetrando contra su pueblo. Y visto que más de dos meses después del inicio de los ataques la situación en Libia sigue enconada y con pocos visos de solucionarse a corto plazo y que las matanzas se suceden día tras día, parece justo decir que la Alianza está fracasando en sus objetivos. Pero además la denegación de auxilio de la OTAN y la modificación del Acuerdo de Schengen para impedir la circulación de inmigrantes procedentes del Norte de África son la punta del iceberg de una realidad mucho más dura. Las potencias occidentales intervienen en Libia con la coartada de ayudar a su población. Pero la actitud hacia los civiles que huyen del conflicto es tan amoral que a veces resulta imposible creer que la OTAN pretenda defender a unos seres humanos a los que trata poco menos que como a animales.

Tras la II Guerra Mundial y después de comprobar el horror de campos de exterminio como Auschwitz una corriente de pensamiento, liderada por la Escuela de Fráncfort, recorrió la vieja Europa tratando de alertar sobre los peligros de una modernidad que lejos de acercarnos a la ansiada liberación del ser humano trataba a éste como mera mercancía. La Dialéctica de la Ilustración de Horkheimer y Adorno fue quizás la obra cumbre de esa filosofía. Y durante la posguerra se hicieron esfuerzos por actualizar el proyecto kantiano de paz perpetua para evitar tragedias como el Holocausto. De aquella época surgió la ONU, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el embrión de lo que sería más tarde la Unión Europea.

Hoy, casi setenta años después, vivimos en aquello que algunos llaman posmodernidad y otros modernidad tardía. La Razón de Estado occidental avala actitudes inmorales, ejecuciones sumarias, denegaciones de auxilio, matanzas indiscriminadas, cárceles secretas, guerras por motivos económicos y otras atrocidades. Y nuestras sociedades permanecen ajenas a ese déficit moral. Es el momento de volver a reflexionar sobre la distancia entre el progreso tecnológico y económico y el desarrollo humano y moral. Urge construir una posmodernidad crítica que condene actitudes como la de los países de la OTAN con los inmigrantes procedentes de Libia. Es hora de que nuestras sociedades se escandalicen ante sucesos como este.

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One CommentDeja un comentario

  1. Toda occidente incluyendo latinoamerica el ultimo bastion de la iglesia catolica esta en decadencia en cualquier momento cae occidente


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