¿Qué ocurre con Izquierda Unida?

Si hay alguna formación política con la que la democracia española ha sido especialmente injusta esa es sin lugar a dudas Izquierda Unida. Los hombres y mujeres del PCE que lideraron en buena medida la lucha contra la dictadura franquista se vieron de la noche a la mañana, en plena Transición, desplazados como gran partido referente de la izquierda por un PSOE con un importante apoyo internacional y en cuyo congreso de Suresnes desplazó al sector tradicional, aquel que había luchado en la Guerra Civil y que se encontraba en el exilio, en favor de una nueva generación representada por Felipe González. En pocos años los comunistas españoles que habían sufrido cárcel y represión en su lucha contra el franquismo se vieron reducidos al papel de tercera fuerza política, muy por detrás de PSOE y UCD. En las primeras elecciones democráticas, las de 1977, el PCE consiguió tan solo 19 escaños de un parlamento con 350 asientos. El resultado fueron años de tensiones internas y purgas de dirigentes históricos que se saldaron en 1985 con la expulsión de aquel que había sido icono del comunismo ibérico desde la Guerra Civil, Santiago Carrillo. Finalmente en 1986 el PCE, junto con otros sectores de la izquierda, fundó Izquierda Unida.

Si algo bueno ha salido de las elecciones del pasado domingo es sin duda una cierta recuperación de Izquierda Unida. A pesar de haber perdido su tradicional feudo cordobés, la coalición ha logrado los mejores resultados desde 1999 y por primera vez en quince años no ha perdido apoyo en unas elecciones. Hace tan solo unos meses algunos voceros de la derecha mediática se mofaban de lo que llamaban “Izquierda Hundida” y vaticinaban la desaparición de la coalición. Hoy una de las grandes noticias es la recuperación de la formación de Gaspar Llamazares y Cayo Lara. Tímida recuperación, habría que decir. Pero recuperación al fin y al cabo.

Se ha dicho hasta la saciedad que la ley electoral española es especialmente injusta con Izquierda Unida. Y no hay más que ver los datos para confirmarlo. A la coalición le cuesta ocho veces más votos sacar un diputado que al PP y al PSOE. El sistema de circunscripciones y el principio de corrección territorial (y no tanto la Ley d’Hont, como comúnmente se cree) provoca desigualdades escandalosas entre formaciones con un número de votos similar. Este método se creo con la intención de discriminar positivamente a las zonas menos pobladas en una España donde la diferencia entre el mundo rural y el urbano era abismal. Pero hoy, en un mundo globalizado y con unas infraestructuras que han salvado esa distancia, mantener ese sistema solo tiene sentido para unos partidos mayoritarios que no quieren perder una cuota de representación en favor de una proporcionalidad más justa.

Pero sería injusto remitir el problema de Izquierda Unida a una cuestión puramente procedimental. Hay razones que explican en mayor o menor medida por qué la coalición no recibe más apoyos de esa parte de la sociedad española sociológicamente de izquierdas. Una de ellas tiene que ver con la posición que ocupa en el espectro político y como se relaciona con otras formaciones, especialmente con el PSOE. Entre el público natural de IU suelen darse dos tensiones contrapuestas y difícilmente conciliables. Por un lado un sector a la izquierda al que no le parece suficiente la diferenciación entre PSOE e Izquierda Unida y rechaza cualquier tipo de pacto entre ambos. Por la otra parte nos encontraríamos con un sector más cercano a la socialdemocracia, cuya prioridad es parar a la derecha y que considera que los gobiernos PSOE-IU son necesarios para alcanzar ese objetivo. Izquierda Unida se debate entre estas dos tendencias tratando de contentar a ambas sin lograrlo. Pero la realidad es que la coalición ha apostado en los últimos años por la estrategia del acuerdo con el PSOE allí donde los socialistas no tienen mayoría absoluta. Está por saber si son menos los votantes que pierde Izquierda Unida con estos acuerdos que los que perdería en caso de buscar más distancia con el socialismo español. Se mueve entre una espada y una pared que le provoca, haga lo que haga, la desafección de una parte de sus votantes potenciales.

Izquierda Unida además tiene desde hace tiempo un problema de comunicación. Su discurso, coincidiendo en buena medida con el que tiene una parte de la juventud más combativa que estos días se manifiesta en Sol, no acaba de resultar atractivo. En ello influye decisivamente una cierta tendencia a la ortodoxia política y unos dirigentes aparentemente formados más en la política institucional que en los movimientos sociales. Eso provoca en ocasiones que una parte de la sociedad los incluya injustamente en esa clase política desprestigiada que establece pocos puentes para la comunicación con los ciudadanos. Además existe también una cierta distancia generacional entre una formación cuyas cabezas visibles suelen ser de mediana edad y unos movimientos sociales más jóvenes. Si Izquierda Unida quiere acercarse a movimientos como el altermundismo o el surgido tras el 15-M debiera tal vez renovar a sus dirigentes y tratar de buscar unas prácticas políticas más imaginativas que la diferencien del resto de las formaciones políticas. No se trata tanto de visibilizarse en las movilizaciones sociales como de servir de correa de transmisión de las mismas haciendo uso de los medios y el eco que proporcionan las instituciones.

Izquierda Unida ha sido injustamente tratada por nuestro sistema electoral y por una parte de la izquierda. Bien es cierto que sus luchas fratricidas internas no han contribuido a construir la imagen de izquierda plural de la que presumen sus dirigentes. Y la competencia de una izquierda nacionalista en algunas comunidades autónomas también ha provocado que IU pierda parte de su espacio sociopolítico. La tímida recuperación electoral de la formación podría significar un nuevo tiempo para Izquierda Unida. Pero para ello tienen que afrontar alguna de sus debilidades y saber adaptarse a los tiempos que corren. Los hombres y mujeres de IU hacen gala de valores como la solidaridad, la igualdad o la honestidad que no abundan en la clase política. Ahora les faltan buenas ideas para ponerlos en práctica y ser la voz de la izquierda en las instituciones. Llevan años buscando esas ideas. Esperemos que pronto las encuentren.

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Published in: on 24 mayo, 2011 at 12:46  Comments (1)  
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  1. Humildemente creo que IU debe renovarse, en muchas ocasiones a la gente joven nos huele un poco “a rancio” algunas proclamas más cercanas al “Capital” de Marx que a la situación actual. Creo que un espejo a seguir son los post-comunistas alemanes de “Die Linke” que han sabido renovar la izquierda. En mi opinión el gran poder que sigue influyendo la vieja guardia del PCE hace un flaco favor a la coalición, pero claro es solo mi opinión.


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