Los economistas, los historiadores y la Academia

Una de las virtudes que ha tenido el maravilloso y oscarizado documental Inside Job es la de desenmascarar a los principales responsables de la crisis financiera. Y entre ellos, aparte de banqueros, grandes empresarios y políticos, se encuentra la casta de los grandes economistas. Se trata de profesores e investigadores de universidades tan prestigiosas como Harvard o Yale que apenas unos meses antes de estallar la crisis de las subprimes certificaron en sus estudios y artículos la estabilidad del sistema financiero. Muchos de ellos viven no gracias a su actividad docente sino a sus labores de asesoramiento de empresas como Goldman Sachs, aseguradoras como AIG o bancos como el mismísimo Lehman Brothers.

Quizás la escena más tragicómica del documental sea aquella en la que aparece Frederic Mishkin, miembro del consejo de la Reserva Federal entre 2006 y 2008 y profesor de la Universidad de Columbia. El director del film Charles Ferguson, en su papel de entrevistador, le recuerda a un titubeante Mishkin su estudio titulado La Estabilidad Financiera en Islandia, escrito tan solo unos meses antes del colapso económico en la isla y por el que cobró 100.000 dólares de la Cámara de Comercio Islandesa. Inside Job muestra como, tras el estallido de la crisis, Mishkin cambió en su currículo el título de su estudio por un sutil La Inestabilidad Financiera en Islandia que daba a entender su gran capacidad predictiva en el terreno de la economía. Preguntado por ello y con una reacción que provoca verdadera vergüenza ajena, Mishkin achaca a un error tipográfico la inexactitud sobre el título de su obra.

La crisis ha puesto en cuestión la utilidad de los grandes economistas y tal vez la de la misma disciplina económica. Porque no solo ninguno de ellos fue capaz ni siquiera de advertir de los peligros de la falta de regulación del sistema financiero sino que además se convirtieron en apologetas del peor neoliberalismo desregulador. Pasaron de ser prometeos (que en griego significa “el que ve las cosas antes de que sucedan”) a ser epimeteos que les robaron no tanto el fuego a los dioses como la cartera a los hombres sin importarles las consecuencias. El resultado es que hoy los análisis y las predicciones de los economistas, para muchos ciudadanos, tienen el mismo valor que los de la Bruja Lola.

En los últimos días en nuestro país se ha generado un polémica alrededor de la publicación del Diccionario Biográfico Español por parte, ni más ni menos, de la Real Academia de la Historia. En esta obra, entre otras muchas perlas, se dice que Franco “fue un general valeroso y católico” y que su régimen fue “autoritario, no totalitario”. El golpe de Estado de Tejero es calificado como “los sucesos del 23-F” y se refiere a los maquis como “terroristas” y “bandoleros”. En algunos perfiles biográficos como en el de Escrivá de Balaguer o el de Rouco Varela, se tratan como hechos históricos presuntas apariciones divinas sobrenaturales. La publicación de este diccionario ha supuesto el mayor de los escarnios a la historiografía española y un desprestigio merecido de la Real Academia de la Historia y del que difícilmente podrá resarcirse pronto. Han convertido en algo más que una cita aquella sentencia de Brasillach (que, por cierto, apoyó al bando nacional) que dice que “la historia solo es escrita por los vencedores”.

Mientras la economía sea una pseudociencia donde personajes como Mishkin son reputados analistas y la historia la (re)escriba gente de tan dudosa calidad moral e intelectual como Pío Moa o algunos de los autores del Diccionario Biográfico Español, aquellos que busquen estudios de calidad e investigaciones rigurosas tendrán que alejarse del ámbito de la academia. En muchos casos las universidades y las cátedras se han convertido en lugares situados un paso por detrás de la sociedad, donde algunos investigadores ejercen el papel de guardianes de la ortodoxia más conservadora. Si a eso le unimos los intereses espurios de quienes compaginan la docencia con su papel como consejeros en empresas privadas poco inocentes, el resultado es un conocimiento de baja calidad y pervertido por la ideología o por el dinero.

En España por fortuna la situación de la academia aun no es la de Estados Unidos. Pero ya se han dado pasos en esa dirección. Quizás el Plan Bolonia sea el más importante de ellos y solo el tiempo dirá hasta que punto el peso creciente de la empresa privada en la universidad puede afectar a la calidad del conocimiento. Por ahora las señales no son buenas e invitan a poner en cuarentena algunas disciplinas académicas y algunas investigaciones.

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One CommentDeja un comentario

  1. […] 1/5/2011 21:10 : Comentándole a alguien sobre los vídeos de este post he dado con este interesante artículo que comenta los problemas financieros globales, a parte de la política, haciendo referencia al […]


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