Las críticas a la Ley Pajín y a la Ley Sinde

En los últimos días he podido comprobar como en muchas páginas webs y blogs se esta abordando críticamente una de las leyes que ha preparado el gobierno de Zapatero para su aprobación en el parlamento. Se trata de la Ley para la Igualdad de Trato y No Discriminación, rebautizada por los internautas como Ley Pajín o Ley Mordaza. Entre las muchas cosas que se han escrito sobre el que aun es solo un proyecto de ley, en decenas de páginas webs se puede leer que esta norma coarta la libertad de expresión, un argumento similar al que se ha utilizado contra la Ley Sinde. Muchos internautas e incluso algún medio de comunicación de la derecha están difundiendo la idea de que con esta ley se podría cerrar un blog por moderar comentarios sobre un determinado tema, por banear a un usuario que haga un uso inapropiado de nuestra página o por no permitir que se utilice una determinada lengua.

Vaya por delante que a quien escribe este blog le gusta más bien poco la Ley Pajín y más bien nada la Ley Sinde. No comprendo la utilidad de estas normas y además creo que pueden generar más problemas de los que pretenden solucionar. Considero además que los ciudadanos tenemos argumentos más que suficientes para ejercer una crítica feroz a la labor legislativa del gobierno. No solo podemos hacerlo sino que nuestra responsabilidad como miembros de la sociedad nos obliga a estar vigilantes ante los poderes políticos y económicos. Pero precisamente porque creo que sobran argumentos contra ambas leyes considero que no ajustar los argumentos a la realidad resta legitimidad a la crítica. Sobre la Ley Sinde y la Ley Pajín se han dicho auténticas mentiras, se ha deformado su sentido y se han exagerado algunas de las cuestiones que abordan. Se han utilizado argumentos que no soportarían un mínimo examen jurídico y que cualquier persona que conozca levemente nuestro sistema legal calificaría de falaces. En ocasiones muchos de los que critican ferozmente desde la izquierda la manipulación de los medios de comunicación se han esforzado en deformar la realidad de estas normas con más bien poco pudor y ninguna honestidad intelectual. Coincidiendo, por cierto, con muchas páginas web de la derecha más extrema o de los sectores ultracatólicos más conservadores que se están empeñando estos días en seducir a una parte de los internautas en defensa de una presunta libertad de expresión que nunca les ha hecho mucha gracia.

De la desafortunadísima e injusta Ley Sinde se ha dicho que trata de crear una vía administrativa (y por tanto ajena a los tribunales) para cerrar una web porque al gobierno de turno no le guste lo que en ella se dice. Pero la realidad es bien distinta. El objetivo de la ley (que, insisto, no me gusta nada) era más bien penalizar económicamente e incluso con el cierre a las páginas webs que enlazan a contenidos gratuitos sin pagar por ellos. Fue la torpe respuesta del Ministerio de Cultura a una demanda de una parte de los creadores y de una industria de la música y el cine que goza de dudosa autoridad moral para exigir este tipo de medidas. Muchos criticamos la ley frente a las poderosas multinacionales del cine y de la música, frente a un sector de los creadores más mainstream y frente a una SGAE que se ha ganado a pulso el odio de buena parte de los ciudadanos. Pero una parte de los internautas más críticos olvidó que muchas de esas páginas web que enlazan contenidos son empresas que facturan cientos de miles de euros a costa del trabajo de otros, lo cual no tiene nada de progresista. No hay más que contar los banners y los pop-ups por los que uno tiene que pasar para descargar una película para comprobar que estas webs no son precisamente altruistas difusores de la cultura. Y lo más grave fue que en muchos casos se utilizaron argumentos, como el de la libertad de expresión, que no se corresponden en absoluto ni con el espíritu ni con la letra de la ley.

Con la llamada Ley Mordaza ocurre otro tanto de lo mismo. Lo que persigue esta norma, de manera torpe si se quiere, es poner obstáculos a la discriminación por cuestión de sexo, de etnia o de cualquier otro tipo. Algo que ya recoge nuestra constitución y que esta ley pretende ampliar. Se trata de impedir esa escena que todos hemos visto en algunas discotecas en las que se impide entrar a determinadas personas por su color de piel en nombre de un dudoso derecho de admisión. O el trato desigual con el que muchas empresas discriminan a las mujeres frente a los hombres en cuestiones como el salario o las condiciones laborales. Nada de multar a blogs por no permitir un comentario, como se ha dado a entender en muchas webs. Algo muy distinto de una “ley comodín con la que el poder político podrá perseguir y castigar a cualquier ciudadano cuando le dé la gana, por casi cualquier causa”, como se dice en alguno de los blogs que estos días hablan sobre el tema. Una de las consecuencias de la aprobación de esta medida sería la de prohibir las subvenciones públicas a colegios que segreguen a los alumnos en función de su género. Solo así se explica que hayan sido los sectores más conservadores quienes esta vez, a diferencia de la Ley Sinde, estén liderando la críticas a la Ley Pajín.

Desde luego no seré yo quien defienda esta norma. Resulta torpe, poco concreta y no plantea ninguna medida más allá de las punitivas para acabar con la discriminación y facilitar la igualdad de los sectores más desfavorecidos de nuestra sociedad. Y quizás su inconcreción pueda provocar algunos excesos, aunque afortunadamente en nuestro Estado de Derecho existen mecanismos de control suficientes como para poder impedirlos. Pero las exageraciones y las distorsiones, cuando no las mentiras, no solo no ayudan a construir una argumentación coherente contra la ley sino que además caricaturizan su crítica y cargan de razones a los partidarios de ella. Es necesario que construyamos nuestros argumentos al menos con la misma coherencia que muchas veces exigimos a otros. Y tratando de no faltar a la verdad. Lo contrario es tirar piedras contra nuestro propio tejado y descalificarnos a nosotros mismos.

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Published in: on 8 junio, 2011 at 12:42  Dejar un comentario  
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