News of the World y el periodismo en España

Cuando era adolescente compraba todas las semanas un periódico que se llamaba Noticias del Mundo. Era algo así como El Caso elevado a la enésima potencia y en sus páginas podías leer un artículo sobre una mujer con cuatro piernas o sobre un bebe extraterrestre. Recorrer cada semana aquellas páginas era divertidísimo. Cuando pensábamos que ya no se podían superar siempre iban un poco más allá y contaban la historia de un niño murciélago o de una chica con tres cerebros. Mis amigos y yo pensábamos que ser redactor de aquel periódico tenía que ser el mejor trabajo del mundo. Se trataba de exprimir la imaginación hasta el absurdo.

Desconozco si Noticias del Mundo pertenecía también al imperio Murdoch, como News of the World, pero no sería sorprendente. Recuerdo un viaje a Londres en el que pude leer una portada del News of the World que me dejó impresionado. En ella se decía a cinco columnas que los pastelitos con los que la Reina Isabel II acompañaba el té de las cinco estaban infectados con el virus del SIDA. Yo desconocía el concepto anglosajón de tabloide y el gusto de los ingleses por el periodismo amarillista de periódicos como The Sun o News of the World. Me parecía increíble que un país moderno, al que admiraba culturalmente en muchos aspectos, pudiese consumir ese tipo de prensa y tomársela en serio. Los que en España comprábamos Noticias del Mundo lo hacíamos con intención de pasar un buen rato y reírnos con aquellas historias imposibles. Pero el inglés que cada mañana compraba News of the World quería informarse de los aspectos más truculentos de la vida social y de los sucesos del Reino Unido.

Por fortuna el periodismo continental y en concreto el español es muy distinto del anglosajón. Nuestros medios de comunicación están sometidos a un control estricto de veracidad por parte de sus lectores que además suelen penalizar la falta de ética profesional o de rigor en la información. El periodismo tradicional, con el permiso de internet y las redes sociales, es nuestra ventana al mundo, al conocimiento de la realidad y en definitiva a la libertad. Y por ello es imprescindible mimarlo en una sociedad avanzada que pretenda ser inteligente.

La tradición española del periodismo, especialmente del escrito, ha dado buena muestra de combatividad y de control al poder. Por eso resulta preocupante la deriva de algunos medios de comunicación. La televisión ha sufrido un deterioro tremendo desde la llegada de las privadas con una tendencia hacia la italianización y hacia el periodismo del corazón sin escrúpulos. El apagón digital, lejos de llevar a las casas más pluralidad y mayor calidad, ha instaurado aquello que ya se conoce como TDT Party: canales ultracatólicos o de la derecha radical que practican más la propaganda reaccionaria que el periodismo. La radio española ha sufrido un proceso de derechización parecido, aunque es justo decir que en nuestro país se hace una pésima televisión pero una buenísima radio generalista. La radio es quizás el medio que goza de mejor salud en España, a pesar de la irrupción de fenómenos como EsRadio o Intereconomía.

En la prensa escrita sucede algo parecido. Es cierto que han surgido nuevas voces como Público más cercanas a los jóvenes y que aportan frescura al panorama informativo. Y que algunos gratuitos, como es el caso de 20 Minutos, han dado buenas muestras de un periodismo que en nada tiene que envidiar al de los diarios de pago. Pero no hay que olvidar que han aparecido diarios como La Gaceta que en algunas zonas de España tienen un público fiel y que se ocupan de intoxicar la vida política española desde posiciones ultras. Y un análisis aparte merecería la deriva de un diario como El Mundo. Basta recordar su cobertura de la investigación sobre los atentados del 11M para constatar que han cruzado la fina línea que separa el periodismo y la información del sensacionalismo y la propaganda partidista.

La prensa escrita tendrá que enfrentarse a medio plazo a internet si quiere sobrevivir. Está por ver si el papel tiene futuro, pero muchos piensan que no. Por otra parte los grandes grupos editoriales y el periodismo de trinchera ha dañado la imagen de independencia de algunos medios de comunicación de manera casi irreparable. Es justo defender la profesión periodística en nuestro país porque existen buenísimos profesionales y no siempre han sido bien tratados por la opinión pública. Pero para hacerlo lo mejor es estar alerta frente al deterioro del mundo de la información con fenómenos como los citados anteriormente. Por fortuna no somos Inglaterra pero habrá que estar vigilantes y poner todos los medios a nuestro alcance para que en España se siga haciendo (o se vuelva a hacer) periodismo de calidad.

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