Los límites de la democracia

Democracia es una palabra equívoca. No tiene un único significado y en ocasiones se utiliza para referirse a cosas muy distintas e incluso opuestas. Hay concepciones más restrictivas y otras más laxas de lo que significa la democracia. A veces se pone el foco más en el aspecto formal y otras en el material. En algunos casos se ha pervertido el término hasta la paradoja, como cuando se hablaba de “democracias populares” en las dictaduras de algunos regímenes comunistas.

Se ha dicho, no sin razón, que la democracia es “el menos malo de los regímenes políticos”. El pensamiento trágico diría que la mayoría de las decisiones de la vida consisten en escoger entre dos males, no entre un bien y un mal. La democracia no sería una excepción. Las sociedades necesitan de algún tipo de organización que ordene la convivencia. Y cualquier toma de decisiones supone un cierto recorte de la libertad. Se trata de establecer unos límites de lo que es correcto y lo que no lo es y que esos límites estén legitimados y sean respetados por todos; ya sea por convicción profunda o por coerción. La democracia en ese sentido resulta ser el régimen más capaz de legitimar socialmente las normas y que necesita de un menor uso de la fuerza para garantizar su cumplimiento. Y por supuesto la democracia se basa en un precepto ético del que tiene exclusividad: los ciudadanos deben tener la posibilidad directa o indirecta de participar en todos aquellos asuntos que les atañen.

La democracia es efectivamente el mal menor de las formas de organización social. Pero no está exenta de problemas. Considerar la democracia como el régimen político perfecto solo nos llevaría a despreciar la fiscalización que deben ejercer en todo momento los ciudadanos sobre las instituciones públicas. La regeneración democrática es una necesidad fundamental, incluso en un régimen tan joven como el nuestro. El movimiento del 15-M parece haber entendido este extremo a la perfección y reclama una democracia con una representatividad más justa y menos lastrada por los poderes económicos.

Los problemas que acarrea un modo democrático de organizar la sociedad no son menores y es necesario abordarlos para elaborar una teoría política de la convivencia. Parece evidente que la democracia no es el régimen más eficaz y que requiere de un cierto nivel de burocratización y de profesionalización para su funcionamiento. Por otro lado está el problema de la dictadura de las mayorías y del respeto a las minorías; cuestión que no es menor en sociedades cada vez más plurales como las nuestras. Y quizás el asunto de más difícil solución en las democracias se encuentra en los límites entre forma y contenido. Una decisión tomada por la mayoría (incluso por unanimidad o producto de un consenso) puede ser manifiestamente antidemocrática. La democracia requiere de unos principios materiales que se establezcan como límites inviolables. Pongamos un ejemplo: el respeto a la vida debería ser un derecho democrático inalienable, por más que una mayoría decidiese imponer la pena de muerte como método punitivo.

Defender la democracia como mejor modo de organizar la convivencia no está reñido con situar adecuadamente sus límites. Es un hecho incuestionable que en nuestra sociedad no todos los ciudadanos están igualmente formados e informados. Tampoco todos tienen el mismo sentido de comunidad, ni la misma voluntad de convivencia. Pero en principio todos ellos, como no podía ser de otra manera, tienen la misma capacidad de participar en la vida pública. Y esto, cuando se trata de tomar decisiones complejas que requieren de un cierto bagaje previo, resulta problemático. Los prejuicios, las creencias infundadas y la incapacidad para ponerse en el lugar del otro son quizás los principales enemigos de una democracia que necesita de ciudadanos autónomos, informados, responsables, solidarios y preparados para el diálogo. Por muy democrático que sea un sistema político, hará aguas si no se sustenta en una sociedad capaz de tomar decisiones que afectan a la comunidad desde la razón.

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Published in: on 22 julio, 2011 at 12:15  Dejar un comentario  
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