Las facturas informativas y el coste de los servicios públicos

La Comunidad de Madrid ha empezado a emitir ya las primeras facturas que entregará, meramente a título informativo, a los usuarios de la sanidad madrileña. El primer “afortunado” ha sido un paciente de 63 años que tuvo que someterse a una vitrectomía en el Área de Cirugía Mayor Ambulatoria de Oftalmología del Hospital de La Paz. El importe de la factura ascendió a 1085 euros. Andalucía ya tomo esa misma medida hace un año y en ese periodo emitió más de 16.000 facturas informativas. Un buen número de usuarios, de médicos y de farmacéuticos han aplaudido la iniciativa porque consideran que puede contribuir a concienciar a los ciudadanos del coste de los servicios públicos y puede ayudar a combatir el uso excesivo que algunas personas hacen de la sanidad.

No dudo de que quizás fuese necesaria una mayor conciencia ciudadana sobre el uso que hacemos de los servicios públicos. Pero las facturas informativas, más allá del poco impacto que puedan tener en la masificación que sufren especialmente los servicios de urgencias, desvirtúan el significado del Estado y su relación con los ciudadanos. Y desde este punto de vista resultan tanto o más peligrosas que el famoso copago que ha suscitado tanto debate. La emisión de facturas por servicios públicos, por muy informativas que sean, convierten al usuario en cliente de un patrimonio común pagado con los impuestos de todos. Pero si el usuario es cliente y el Estado o sus servicios se presentan como ajenos a él, el ciudadano ya no tiene la necesidad de responsabilizarse de ellos. El Estado se convierte así en una empresa privada más que nos cobra por vía indirecta y se disuelve la idea del bien común bajo criterios de rentabilidad y de coste.

Uno de los grandes retos que deben afrontar las sociedades occidentales es la relación, cada vez más deteriorada, entre el ciudadano y el Estado. Cuanta menor identificación exista entre las personas y las instituciones que ordenan la convivencia, menor calidad democrática habrá en tanto que el Estado se convierte en algo ajeno e incluso amenazante. La fiscalidad es uno de los pilares de las sociedades del bienestar que puede deteriorarse si quien paga lo hace por obligación y no por contribuir al bien común, a la res publica. Algo de ello hay en la evasión fiscal y en el dinero negro no sometido a impuestos que circula por nuestra economía. Y resulta curioso que sean las clases más acomodadas, las que menos tributan y más capital evaden, las que suscriban la filosofía del adelgazamiento de lo público.

Que los ciudadanos reciban una factura informativa cada vez que hacen uso de la sanidad resulta tan absurdo como si el Estado nos diera una factura (real en esta ocasión) cuando pagamos el IRPF o cualquier otro impuesto. Porque además las facturas solo se pueden elaborar con criterios privados, de coste y ganancia. Y cuando las instituciones lo hacen no informan de lo que realmente cuestan los servicios públicos sino de lo que costarían si los prestara una empresa privada. El coste real de la sanidad pública ya consta en los Presupuestos Generales del Estado y esa es la única “factura” que debemos recibir. Lo contrario es alejar a los ciudadanos de unas instituciones que por definición son suyas y deteriorar la idea, básica en un Estado del Bienestar, de que existe un bien común que todos debemos cuidar y usar racionalmente.

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Published in: on 24 septiembre, 2011 at 12:47  Comments (7)  
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7 comentariosDeja un comentario

  1. Como estudiante de Medicina he hecho prácticas a todos los niveles del Sistema Nacional de Salud (centros de Salud, Puntos de Atención Continuada, Hospitales Comarcales, y Hospitales de Tercer Nivel), y te puedo asegurar que ni los pacientes, ni muchos de los trabajadores sanitarios están al tanto de cuánto cuesta la atención que reciben/ofrecen; los mejor informados, los médicos más veteranos, y, obviamente, aquellos con cargos como miembros de consejos, Jefes de Servicio y similares.

    En España, la Sanidad es universal y gratuita, pero también es un cajón sin fondo, porque se gestiona mal, política y cívicamente. Con esto no estoy justificando un copago, pero igual sí que sería necesario que se aumentasen los recursos dedicados a la Sanidad, sin dejar, por ello, de optimizar la distribución de dichos recursos. Es de locos que hasta uno de los últimos Consejos Interterritoriales en el Ministerio de Sanidad éste último no haya tomado la decisión de comprar medicamentos de manera conjunta, consiguiendo los fármacos a mucho mejor precio (posibilidad de negocio, oferta y/o redondeo).

    Después, comprobar cómo en Atención Primaria se malgasta tanto tiempo en la firma de recetas, tramitación y renovación semanal de las bajas laborales y otras nimiedades burocráticas; cómo muchos usuarios se aprovechan de la “Medicina Defensiva” en las Urgencias (lo que lleva a un exceso de carísimas pruebas, sobre todo de imagen, “por si acaso nos pasamos algo por alto”), o acuden sin necesitarlo y otras muchas situaciones acaban quemando incluso antes de que ejerza.

    Y, al igual que en el resto de Administración, el problema no es recortar personal; es que en muchas ocasiones éste está muy mal distribuido (es inconcebible que en un Servicio de Urgencias haya tantos celadores como médicos), y que haya 17 sistemas sanitarios distintos suma puestos intermedios que son una estafa a los contribuyentes.

    Y todavía me dejo en el tintero la precariedad laboral, y los rácanos sueldos de, especialmente, los residentes, médicos a todos los efectos, y trabajando hasta 32h seguidas por un sueldo base de 1200€ a complementar con unas guardias donde las horas se cobran a bastante menos de lo que lo hace cualquier profesional con un ciclo (fontanero, albañil, mecánico…), trabajando bastantes más horas que las 35 semanales. Y no me gustaría seguir, porque si me muerdo, me enveneno.

    Por cierto, sobre el tema propio de la entrada: me muestro a favor de la factura informativa. Y si hay que hacer algún tipo de copago, que lo hagan subiendo los impuestos al tabaco, el alcohol, la comida basura…

    • Javier, me parece interesantísimo tu punto de vista, porque es el de alguien que conoce bien la sanidad pública desde dentro. Y soy de la opinión de que efectivamente las urgencias estan saturadas, hay poco personal y demasiados pacientes que podrían pasar por atención primaria. Creo que sería bueno tratar de concienciar a la sociedad de la necesidad de no hacer un uso abusivo de la sanidad y tal vez se debería dedicar algún recurso a ello. Lo que sigo sin compartir es el asunto de la factura. En primer lugar porque dudo muchísimo que se demuestre eficaz para combatir la saturación y el abuso. Y en segundo lugar porque detras de ello hay una filosofía muy nociva de la relación entre el ciudadano y el Estado. ¿Qué se debería gestionar mejor? Seguro. ¿Qué debería haber más profesionales y mejor pagados y menos cargos de gestión inutiles? No me cabe la menor duda. Pero la situación de la democracia y de como vemos los ciudadanos nuestras instituciones me preocupa tanto o más que la situación de la sanidad que seguramente sea mejorable, pero que es uno de los bienes comunes que tenemos en nuestra sociedad y que otras sociedades envidian. Emitir una factura cada vez que usamos la sanidad es algo tan absurdo, por muy informativa que esta sea, como si nos emitiesen una factura cada vez que pasamos por una calle. Otra cosa bien distinta es que resulta necesario una mayor conciencia ciudadana del bien común y de como cuidarlo. Además resulta curioso que hace tan solo cuatro años, cuando aun no había crisis, se hiciera tanto hincapié en la medicina preventiva y ahora nos digan que la utilizamos demasiado.

      En cualquier caso es terrible la situación laboral que nos cuentas, máxime teniendo en cuenta la responsabilidad del personal sanitario. Ojalá se invirtiese más en ello y menos, por ejemplo, en material militar y armas. En cuanto a lo de los impuestos del tabaco, alcohol, etc, estoy completamente de acuerdo. Y lo digo yo que soy fumador.

      Un saludo y gracias por tu aportación tan interesante.

      X.V.

  2. Encantado de leer planteamientos como estos, tan claros, en tiempos confusos. Gracias.
    Saludos.

  3. MEJOR UNA FACTURA VERDADERAMENTE INFORMATIVA

    Además de la factura informativa sobre el coste económico de la prestación del servicio podría emitirse otra complementaria en la que se informara al ciudadano de los costes sociales derivados de la no prestación del servicio por el sector público (que al fin y al cabo es de todos).

    En este caso los costes que supondrían para nuestra sociedad la exclusión de quienes no puedan pagar el servicio sanitario. ¿Se imaginan a personas tiradas frente a los servicios de urgencia a las que se niega la atención por falta de solvencia económica?.

    Pensemos en lo que supondría la existencia de: hospitales donde la primera pregunta fuera acerca del número de tarjeta de crédito, curanderos baratos en los barrios humildes para paliar la falta de acceso al sistema sanitario, mercado ilegal de medicamentos baratos a través de internet.

    Vivo en Orcasitas, un barrio en el que, como dice Javier, muchos usuarios aprovechan de manera defensiva los servicios de urgencias. La gente acude a las urgencias del Hospital 12 de Octubre porque no sabe dónde acudir cuando tiene una dolencia (no creo que nadie vaya a un hospital a ligar o a hacer turismo). No se trata solo de falta de información sobre los servicios de atención primaria. También tiene que ver con la precariedad de los centros que no cuentan con recursos para dar una asistencia adecuada. El ciudadano lo sabe y se ahorra trámites. ¿Debemos culpabilizar al ciudadano por acudir a los servicios de urgencia o cabe la posibilidad de que los servicios de atención primaria estén mal planteados?
    Un ejemplo: reservar cita en un centro de atención primaria en Usera implica una espera de cinco días, lo que evidentemente no es aceptable. La gente no espera y se va a urgencias porque necesita atención, lo que parece razonable cuando la alternativa es soportar el dolor en casa.

    • Eloy, cuanta sensatez. Completamente de acuerdo contigo.

  4. Me hubiera gustado acercarme hoy a agradecerte que exista este blog y a pedirte que no lo abandones, aunque tal vez sólo sea que has estado demasiado ocupado en este último mes.
    Bonita voz y bonita timidez 🙂

    • Mil gracias. No, no he abandonado este blog. Es solo que en ocasiones me pongo a escribir y me parece que no tengo cosas lo suficientemente interesantes que decir. Pero no dudes que volveré a escribir. Quizás mañana… Con la buena noticia de hoy sobre el final de la violencia… Gracias por lo de la voz y la timidez. Mil besos.


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