Conjurar el efecto Berlusconi

La dimisión de anoche de Berlusconi es una de las pocas buenas noticias que hemos podido leer últimamente. El gobierno de Il Cavaliere ha sido de los más antidemocráticos, más populistas y más personalistas de la Europa de los últimos años. La política italiana, no obstante, tiene algunas peculiaridades que no permiten compararla con la de otros países de su entorno. Desde el final de la II Guerra Mundial la democracia cristiana ha ostentado el gobierno de Italia con apoyos puntuales de los comunistas y los socialistas materializados en el famoso Compromiso Histórico ideado por Berlinguer, líder del PCI, durante los años setenta. Eran los Años de Plomo, caracterizados por la violencia tanto de extrema derecha como de extrema izquierda. En la década siguiente se crearan los gobiernos del pentapartito, liderados o bien por la Democracia Cristiana o bien por los socialistas de Benito Craxi, que dejarán fuera del juego del poder al PCI. Y entonces sucede un hecho trascendental para entender la actual política italiana y la era Berlusconi que aparentemente acaba de terminar. Se inicia el proceso Manos Limpias, un escándalo de corrupción de dimensiones históricas que se saldará con la disolución del Partido Socialista Italiano y de la Democracia Cristiana y con la renovación de la práctica totalidad de la clase política italiana. Es ahí cuando aparece Silvio Berlusconi, que crea Forza Italia y gana por primera vez las elecciones de 1994. Supone, de algún modo, la firma del acta de defunción de la política tradicional italiana. Y los electores, cansados de pactos entre adversarios ideológicos y de una corrupción que atravesaba a toda la clase política, deciden darle su voto a un personaje populista que hace gala de su condición de millonario. La idea, muy extendida en Italia, de que un personaje acaudalado no puede ser corrupto y de que el Estado puede funcionar como una empresa con criterios exclusivamente de eficacia, empieza a cobrar fuerza. Y Berlusconi empieza a utilizar a la justicia como un departamento más de su holding y se dedica a reformar las leyes para su beneficio personal. Si a eso le unimos un panorama mediático controlado por Il Cavaliere y donde la oposición al gobierno es mínima, se entiende bien la situación de déficit democrático que hasta ayer mismo se ha vivido en Italia.

La historia reciente de España es muy distinta de la italiana y seguramente su sociología política también. Pero de algún modo hemos vivido creyendo que las cuatro décadas de dictadura nos habían vacunado del populismo. Y efectivamente hasta ahora los fenómenos políticos de corte populista han sido muy localizados en España tanto en espacio como en tiempo. Pero estamos viviendo un proceso similar al italiano en lo que respecta a la crisis de la política tradicional. La idea de que PP y PSOE son lo mismo, de que prácticamente todos los políticos son unos corruptos y de que son poco eficaces en la gestión de lo público ha ido cobrando fuerza en los últimos tiempos. Y la crisis económica ha extendido aun más esa idea entre una parte de la ciudadanía que ya no confía en que su voto pueda cambiar las cosas. Y más allá de lo que haya o no de cierto en esas premisas, el deterioro de la relación entre los ciudadanos y la política es el caldo de cultivo perfecto para el populismo, el mesianismo y el autoritarismo.

El Partido Popular ha venido haciendo uso del discurso populista en algunos asuntos. Y sin duda eso le ha dado votos. Uno de los casos más flagrantes ha sido el de la política antiterrorista donde la utilización de las victimas ha sido sencillamente repugnante. Y son varios los medios afines al ala derecha del Partido Popular quienes sostienen un discurso tan populista y extremista como el de muchos partidos de la ultraderecha europea. De algún modo los populares han conseguido contener el voto ultra. Pero si la legitimidad social del próximo gobierno de Rajoy se ve afectada por la crisis del mismo modo que le ha ocurrido a la de Zapatero, el peligro de una berlusconización de la política española puede ser enorme. Todo dependerá de la evolución de los datos económicos, especialmente de las cifras de desempleo, y de la capacidad del PSOE de reponerse del golpe en los próximos años. Pero si el resultado final es que PP y PSOE pierden su legitimación social para alzarse con el gobierno, la aparición de un personaje mesiánico en la política española puede convertirse en realidad.

El 15-M es un sano movimiento de regeneración democrática pero en ocasiones incide demasiado en ideas que pueden colaborar a construir una mentalidad poco vacunada contra el populismo en la sociedad española. Por supuesto que la culpa de ello no es de los indignados sino de unos políticos que no han sabido conectar con los anhelos de los ciudadanos. Pero es necesario que la crítica a los partidos gubernamentales no nos haga confiarnos ante el oportunismo político y ante quienes prometen la salvación con recetas mágicas. Se trata de conjurar el efecto Berlusconi.

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5 comentariosDeja un comentario

  1. Conciso y muy explicativo, gracias una vez por abrirnos los ojos a los que como yo pecamos de ignorancia geo-socio-política.

    He echado en falta alguna mención a la Mafia, según muchas fuentes, un gobierno en la sombra o un gobierno paralelo al gobierno que todos conocemos y que sale en la tele y la prensa. Su relevancia en el sur del país de la bota y Sicilia es bastante patente.

    Una vez leí que España podría haber terminado con su propia mafia en las sierras de Andalucía, de no haber sido por la mano dura de la Guardia Civil. Desconozco si este postulado tiene algún sentido, pero cuanto menos me pareció interesante.

    Saludos,

    Oscar

    • Tienes razón, Oscar. La Mafia cumplió un papel fundamental en el caso Manos Limpias y en el ascenso de Berlusconi al poder. En la historia política italiana la Mafia, junto con el Vaticano, ha estado presente en prácticamente todas las esferas de poder. Todavía hoy es así y resulta descorazonador.

      Gracias por tu apunte y un saludo.

      X.V.

  2. Admiro la lucidez de tus argumentaciones y lo certero de tus posts. Muchos de los líderes de opinión de los Grandes Medios -esos que se esfuerzan por convertir sus artículos en vertederos retóricos ininteligibles- sufrirían un par de embolias si se decidiesen a sacar sus grises cabezas del suelo para ir a dar con artículos tan claros. En mi caso, la desinformación acerca del contexto histórico-político italiano era criminal, así que muchas gracias y sigue así.

    Siguiendo a Oscar se ve que en Italia no aplicaron con la misma liberalidad que en Andalucía la famosa “Ley de Fugas”.

    Un saludo.

    • Mil gracias por tu comentario, Alejandro. Con lectores como tu da gusto seguir con este blog.

      Un abrazo enorme.

      X.V.

  3. Gracias por el apunte sobre la “Ley de Fugas”, Alejandro. En la la wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_fugas) se hace mención a que gracias a esta “ley” se acabó con el bandolerismo andaluz en el siglo XIX, que es a lo que apuntaba mi comentario sin yo saberlo.

    Saludos,

    Oscar


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