Analizando las elecciones en Andalucía y Asturies

Las elecciones de Andalucía y Asturies son especialmente significativas por el momento político y económico que estamos viviendo. Además su importancia trasciende el ámbito autonómico y suponen una buena toma de temperatura del apoyo al partido que gobierna en Madrid. No en vano Andalucía es la Comunidad Autónoma más poblada de todo el Estado y la suma de su población con la de Asturies supone alrededor del 20% de la población española.

De un primer análisis parece más que evidente que los resultados de ambas citas electorales han supuesto un jarro de agua fría para las pretensiones del Partido Popular, que aspiraba a hacerse con las presidencias de ambas comunidades autónomas. En Andalucía las encuestas le daban mayoría absoluta, en algunos casos bastante holgada, pero las urnas lo han situado a cinco escaños de la presidencia de la Junta. En Asturies se ha quedado como tercera fuerza política, por detrás del PSOE y FAC, lo que le impide alcanzar la Presidencia de la Junta General del Principado y le obliga a negociar con Cascos en situación de inferioridad si quiere participar de algún modo en el gobierno.

Es difícil valorar las tendencias que esconden unos resultados electorales pero si comparamos los datos del 20N con los de ayer, parece evidente que al PP le han pasado factura los primeros meses de gobierno y especialmente la reforma laboral. La presentación de los presupuestos estatales justo después de las elecciones también ha podido ser un elemento importante de valoración del electorado, que desconfía de quien no enseña todas sus cartas antes de la cita en las urnas. Pero esa lectura en clave estatal no resta importancia a lo ocurrido a nivel autonómico. El PP andaluz quizás pagó una cierta prepotencia del que se cree ganador antes de jugar el partido, lo que quedó de manifiesto con la ausencia de Arenas en el debate de Canal Sur. Quizás ese ha sido uno de los grandes errores de los conservadores, que quisieron hacer su campaña utilizando a los medios de comunicación como altavoz de la corrupción en Andalucía más que mostrando su programa político a los ciudadanos.

En este sentido es interesante dedicar unas líneas a analizar el efecto que tienen los escándalos de corrupción en los electores. Se suele decir, no sin parte de razón, que la corrupción pasa mayor factura a la izquierda que a la derecha. Y no cabe duda de que, a diferencia de los ocurrido en la Comunidad Valenciana, los escándalos en Andalucía han sido un lastre para un PSOE que ya llegaba muy tocado a las elecciones. Los 650.000 votos de diferencia con los resultados de 2008 dan buena cuenta de ello, aunque es difícil saber si pesan más las políticas económicas de Zapatero durante la crisis o el caso de los EREs. Pero en ocasiones puede ser también que los ciudadanos no solo penalicen al partido donde se producen los casos de corrupción sino también a aquel que intenta rentabilizar los escándalos del adversario en beneficio propio. La utilización electoral de la corrupción en Andalucía por parte del PP, que ha centrado su campaña en ello, ha sido tan burda que es muy probable que haya pesado en la decisión de los electores.

Para el PSOE estos resultados electorales suponen un soplo de aire fresco. Aunque aun es pronto para decirlo, pudiera parecer que la tendencia de las autonómicas y las generales del año pasado esté empezando a revertirse. En Andalucía el PSOE ha sacado prácticamente el mismo número de votos que en las Elecciones Generales de 2011, con la particularidad de que en estas últimas la participación fue 8 puntos mayor. Dando por descontada la victoria del PP, el PSOE andaluz obtiene unos magníficos resultados en relación a lo esperado, que además le permitirán gobernar con toda probabilidad con Izquierda Unida.

En Asturies la situación es un poco más compleja. La victoria del PSOE es por ahora insuficiente para gobernar en mayoría con Izquierda Xunida, aun contando con el voto del diputado de UPyD. Habrá que esperar, no obstante, al voto de la emigración asturiana, que es tradicionalmente progresista y que podría hacer bailar un diputado a favor del PSOE, dándole la gobernabilidad. Pero sea como fuere se puede detectar un cierto movimiento del electorado hacia la izquierda en comparación con las elecciones autonómicas del año pasado. Era de esperar que la actitud autoritaria del gobierno Cascos y las políticas regresivas de Rajoy restaran votos de la derecha asturiana. Con toda probabilidad la reforma laboral haya tenido una especial influencia electoral en Asturies, donde los sindicatos siguen teniendo un papel determinante.

La atomización del voto en Asturies se ha convertido en una realidad. En apenas un año la Junta General del Principado ha pasado de albergar a tres grupos parlamentarios a tener que contar hasta cinco siglas: PSOE, FAC, PP, IX y UPyD. Es difícil saber si es el reflejo de un mayor pluralismo político de la sociedad asturiana, toda vez que las diferencias entre los dos partidos de la derecha, PP y FAC, tienen más que ver con el personalismo que con el programa político. Pero en cualquier caso la estabilidad política en Asturies queda comprometida por un escenario donde la negociación y el pacto serán imprescindibles para gobernar. Y en la experiencia asturiana este panorama no ha dado buenos resultados, lo que quizás tenga mucho que ver con una cultura política poco dada a la democracia consociativa.

Los resultados de Izquierda Unida, tanto en Asturies como en Andalucía, son magníficos. Se trata de los dos feudos tradicionales de la formación, donde su peso político es mayor. Y curiosamente representan las dos corrientes opuestas dentro de Izquierda Unida. En Asturies, donde el sector ligado a Llamazares lidera la coalición, han conseguido subir tanto en votos como en escaños. Porcentualmente Asturies es la Comunidad Autónoma donde el peso de IU es mayor, con poco menos del 14% de los votos. En Andalucía es el sector más cercano a Cayo Lara y al PCE quien lidera la coalición con un discurso más antiguo y menos cercano a la realidad social que el de Izquierda Xunida y Llamazares en Asturies, lo que no les ha impedido doblar su representación parlamentaria. Una buena porción de lo que pierde el PSOE lo gana IU y esto le proporciona un buen argumento para negociar con Griñán y para arrastrar al PSOE andaluz a posiciones más a la izquierda.

Otro dato a analizar es la baja participación tanto en Andalucía como en Asturies. La abstención es siempre difícil de comprender porque sus motivos son desconocidos. Valorar que porcentaje hay de castigo o descontento con la clase política y cuanto de desinterés es un ejercicio muy poco útil basado más en la especulación que en los datos. No es desdeñable, no obstante, la influencia que hayan podido tener las citas electorales de 2011. En un año tanto los asturianos como los andaluces han acudido a las urnas en tres ocasiones, lo que puede provocar un cierto hastío electoral, especialmente en el Principado donde los ciudadanos han tenido que votar en dos ocasiones y con diez meses de diferencia para la misma institución.

En Andalucía la no coincidencia de las autonómicas con las generales también puede explicar cierto nivel de abstención. Y aunque todo hacía pensar que la baja participación beneficiaba al PP, como ha venido siendo tradición en la mayoría de las elecciones en España, la realidad ha sido bien distinta. Finalmente Griñán acertó convocando las elecciones en una fecha diferente a la de las generales de 2011.

Sea como fuere, la abstención es un problema real de nuestro sistema político que conviene abordar detenidamente. Pero no se pueden sacar demasiadas conclusiones de ello ni sirve para desacreditar unos resultados democráticos, por más que algunos pretendan hacer ese análisis. Decir que quien se abstiene lo hace para deslegitimar al sistema o a la clase política es hacer una lectura interesada y poco objetiva de un fenómeno que se da en buena parte de las democracias del mundo.

Las elecciones en Andalucía y Asturies han supuesto en definitiva un gran alivio para el PSOE y un jarro de agua fría para el PP, que se veía gobernando en ambas comunidades autónomas. El panorama de un país donde la práctica totalidad de las instituciones estuvieran gobernadas por ejecutivos conservadores parece esfumarse y eso hace pensar que la sociedad pueda empezar a pasar factura a las políticas agresivas del PP. La siguiente prueba de fuego es la Huelga General del 29M. Y los Presupuestos Generales del Estado, que se presentarán al día siguiente, pueden ser un nuevo elemento de desafección de la sociedad con el gobierno, toda vez que en ellos se reflejarán previsiblemente unos recortes sociales que serán muy dolorosos.

Al PSOE aun le queda una larga travesía en el desierto. Tendrá que convencer a la sociedad de que su apuesta por las políticas sociales es firme. En ello influirá el papel de los socialistas y quien sea finalmente su candidato. Pero también la capacidad de IU para arrastrar al PSOE a la izquierda, la situación de la socialdemocracia europea (una victoria de Hollande en Francia ayudaría), la coyuntura económica y la gestión que el PP haga de ella… Por ahora el PSOE ha conseguido parar el golpe de la derecha y es un buen comienzo. Pero el siguiente partido se juega en las elecciones vascas del próximo año, donde las encuestas no auguran un gran resultado para Patxi López. Aunque visto lo visto en Andalucía y Asturies, vale más no fiarse demasiado de los sondeos electorales.

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