• Parece difícil esconder que la asistencia a la movilización no ha respondido a las expectativas que se han generado en torno a ella. No se puede decir que el éxito de la concentración haya sido incontestable y probablemente todos, a izquierda y a derecha, nos esperábamos una fotografía más rotunda.

  • Con todo, tampoco se puede decir que haya sido un fracaso. Incluso si damos por buenos los datos de Delegación de Gobierno, la concentración ha sido enorme. Algunos desprecian la cifra, como si sacar a la calle a 45.000 personas en una movilización de contenido político fuese algo sencillo y que ocurre todos los días. No es cierto.

  • Está bien dar por buenas las cifras que aporta Delegación de Gobierno, que desde luego suelen ser más ajustadas y más realistas que las que aportan habitualmente los convocantes. Aunque estaría bien que se explicara con detalle que procedimiento de medida se utiliza para aportar esos datos. Desconozco por qué motivo Delegación de Gobierno presenta una cifra concreta y no una horquilla que contemple un margen de error realista, que seguramente resultaría más verosímil de cara a la opinión pública.

  • Si aceptamos el criterio de Delegación de Gobierno en la medición de asistencia habrá que asumirlo como referencia para todas las movilizaciones, no solo para las de nuestros adversarios. Unos criterios técnicos transparentes y que no dependan del signo político del gobierno de turno ayudarían a darle una mayor credibilidad a las mediciones gubernamentales.

  • Están apareciendo datos comparando la concentración de Colón con otras movilizaciones multitudinarias (8M, Orgullo LGTBI, movilizaciones contra el aborto, contra la negociación con ETA…). Pero conviene ser algo más precisos. No es comparable una concentración, en la cual no existe un recorrido, y una manifestación. Habitualmente se convocan concentraciones y no manifestaciones cuando se espera un número de asistentes más reducido. Desconozco si este ha sido el caso, pero de todos modos es difícil recordar en Madrid concentraciones -no manifestaciones- que hayan reunido a 45.000 personas. Algunos ejemplos a modo ilustrativo: la concentración de Rodea el Congreso del 25 de septiembre de 2012 congregó a 6.000 personas, según las cifras gubernamentales. Por su parte el 20 de Mayo de 2011, uno de los días álgidos del 15M, se reunieron en Sol 28.000 personas, también según Delegación de Gobierno. Cabe señalar que esta última era una movilización de carácter local y casi espontáneo, muy diferente de la concentración de hoy. Pero su dimensión fue histórica, a pesar de no haber sido muy numerosa en comparación con otras protestas, incluida la de Colón.

  • En todo caso conviene no menospreciar lo que supone sacar a la calle a la cantidad de personas que hoy se dieron cita en Colón. Cuidado con entrar en una guerra de cifras, porque tarde o temprano se nos puede volver en contra. Y la verdad es que no aporta gran cosa.

  • Dicho lo anterior, la concentración de Colón se convocó con apenas unos días de antelación, lo que sin duda resulta un handicap para asegurar la asistencia. Pero también es cierto que la entidad de los convocantes (los afiliados de PP, Ciudadanos y Vox, según sus propios datos, suman más de 130.000 personas, lo que sin duda es una exageración), el eco informativo de la convocatoria y el apoyo explícito de varios medios de comunicación con campañas de convocatoria muy agresivas (como las portadas del ABC o La Razón) deberían haber sido elementos suficientes como para movilizar a un número incontestable de personas. Y parece que ese no ha sido el caso, aunque la concentración haya sido muy numerosa.

  • La asistencia a movilizaciones siempre ha sido un asunto controvertido. En algunas ocasiones se ha llegado a medir la asistencia mediante fotografías aéreas de alta calidad y software capaz de detectar y contar personas. Pero lo cierto es que una movilización ciudadana no se puede medir con criterios exclusivamente cuantitativos. La mayor o menor asistencia a Colón puede tener valor desde el punto de vista de la construcción del relato para las próximas horas. Pero desde el punto de vista político, es muy poco relevante que hayan asistido 45.000 personas, como señala Delegación de Gobierno, o 200.000, tal y como dicen los convocantes.

  • Más allá del número de asistentes, lo cierto es que la concentración de Colón ha logrado, desde la perspectiva de los convocantes, muchos de sus objetivos. Como mínimo ha situado en un lugar preferencial de la agenda política la negociación entre el gobierno catalán y el español. También ha obligado al ejecutivo de Sánchez a dar marcha atrás en algunos elementos de diálogo en los que había avanzado. Ha conseguido cristalizar una disidencia interna en el PSOE que viene de lejos, pero que hasta ahora no se había expresado con la crudeza con la que lo ha hecho en los últimos días. Y ha logrado presionar en la dirección de una convocatoria anticipada de elecciones. Teniendo en cuenta esos elementos, resulta muy difícil hablar de fracaso o menospreciar lo que hoy ha ocurrido en Colón.

  • Más allá de las cifras de asistencia, resulta imposible ignorar que la movilización de Colón responde a una sensibilidad social en torno a la cuestión catalana que no es marginal y que encuentra simpatías en sectores muy amplios de la sociedad española. Es difícil imaginar una solución sensata y duradera al problema territorial de España que no pase por convencer a muchas de esas personas de la importancia del diálogo para resolver el conflicto.

  • Difícilmente se puede convencer al otro caricaturizándolo o insultándolo. Insinuar que los asistentes a la concentración de Colón son fachas o franquistas solo contribuye a reforzar su posición. Y lo que es peor, no responde a la realidad. Sobran trincheras políticas, también en la izquierda, y falta pedagogía.

  • Es innegable que a la concentración han asistido organizaciones de carácter abiertamente fascista o antidemocrático. Pero es preciso reconocer que su presencia ha sido muy marginal. Insistir en ello supone darles mayor importancia de la que realmente tienen, que es ninguna. Y tampoco parece razonable exigirles a aquellos ciudadanos que no piensan como nosotros que no acudan a movilizaciones en la calle porque a ellas puedan asistir elementos indeseables. La asistencia a una concentración es incontrolable y difícilmente se puede responsabilizar de ella a los convocantes. Menos aún a los asistentes. Algunos de los grupúsculos fascistas que asistieron a Colón participaron también en las recientes movilizaciones de los taxistas, lo que de ninguna manera resta legitimidad a las reivindicaciones de este sector del transporte público. La crítica a las movilizaciones deberían hacerse en función de sus contenidos o propuestas políticas y no tanto por la presencia de sectores ultras muy minoritarios y nada representativos. No veo que ganamos insistiendo en la crítica a los elementos más anecdóticos de la movilización de hoy.

  • La concentración de Colón debería hacer reflexionar al independentismo catalán sobre su estrategia política. Su falta de realismo y de sentido estratégico está alimentando a los sectores políticos menos proclives al diálogo, debilitando la posición de aquellos que buscan salidas negociadas. Es posible, como señala Rufián, que el soberanismo no sea responsable del surgimiento de Vox. Pero desde luego su retórica maximalista y sus exigencias escasamente realistas impiden neutralizar el discurso de Vox y apuntalan la posición de aquellos que creen que no existe diálogo posible.

  • Uno de los elementos que están contribuyendo a distorsionar la situación en torno a Cataluña es el calendario electoral cercano. Eso explica no solo la postura dura de la derecha sino también las voces críticas dentro del PSOE, que temen un escenario como el de Andalucía en algunas comunidades autónomas. También explica que Podemos este pasando de puntillas por un asunto que solo puede alimentar su ya de por si enorme desgaste electoral.

  • Con elecciones europeas, municipales, autonómicas y probablemente generales en apenas tres meses, la operación de Sánchez con Cataluña era un triple salto mortal con muchas posibilidades de fracaso. Todo ello aderezado con la incertidumbre en torno a la aprobación de los presupuestos y el juicio del Procés a la vuelta de la esquina.

  • Falta una posición más proactiva en favor del diálogo, que no se sitúe a la defensiva y que tenga la voluntad de aglutinar a aquellos sectores amplios de la sociedad que al mismo tiempo se oponen al procés soberanista catalán y a una noción de España que no pase por el pluralismo y por una solución democrática y negociada a los problemas políticos. Es necesario hacerse un hueco entre el independentismo catalán más maximalista y ese nacionalismo español rancio que solo apela al artículo 155 y al Código Penal. Creo que existe masa crítica suficiente para poner en marcha un movimiento social con esos mimbres y quizás sea hora de que la sociedad civil se movilice en esa dirección, evitando alineamientos políticos y perdiendo el miedo, de una vez por todas, a que aquellos que se sienten cómodos en el conflicto nos acusen de equidistantes.

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