No soy padre. Quiero empezar dejándolo claro de antemano. No soy padre y no puedo siquiera imaginarme lo que tiene que ser vivir este confinamiento con niños en casa que no pueden ejercer plenamente de niños. Me hago plenamente cargo de que la situación puede llegar a ser particularmente difícil para los menores que llevan ya más de un mes sin ver la luz del sol. No voy a minimizar ni un poco las dificultades que esta situación supone para ellos, particularmente agravadas cuanto peores son las condiciones socioeconómicas de la familia en la que viven.

Casi desde el inicio del estado de alarma se han alzado voces pidiendo que el confinamiento se relajara para los menores. En los últimos días, cuando parece que hemos pasado el pico de la curva de contagios, esas voces se han multiplicado exponencialmente y lo que en principio podían ser dudas más que razonables se han convertido en exigencias, críticas y demandas. Van ahí algunas reflexiones al respecto:

  • Todo indica que una de las primeras medidas que se tomarán de desconfinamiento será permitir la salida de menores bajo determinadas condiciones. Casi con toda seguridad lo veremos en las próximas semanas. Pero toda medida de desconfinamiento progresivo tiene que ser avalada por las voces expertas que están liderando la lucha contra la pandemia. Exigir que se tomen determinadas medidas, ya sea para los menores o para cualquier otro colectivo, sin tener en cuenta a los epidemiólogos, que son quienes disponen de los datos y los conocimientos suficientes, es sencillamente una imprudencia y una irresponsabilidad. Escuchemos lo que dicen los expertos. Por lo pronto el gobierno ya ha encargado informes a los pediatras.
  • Conviene dejarlo meridianamente claro: los menores sí pueden salir actualmente de casa, acompañados por un adulto, para realizar las actividades de primera necesidad, como por ejemplo hacer la compra. Fue una de las primeras correcciones que hizo el gobierno al Real Decreto de declaración del estado de alarma, concretamente en el BOE del día 18 de marzo, si bien se seguía recomendando que, siempre que fuese posible, no salieran los menores de casa. Se podrá decir que es insuficiente y no cabe duda de que esas eventuales salidas no colman en absoluto la razonable necesidad que puedan tener los menores de salir de casa, hacer ejercicio o tomar el sol.
  • El confinamiento de los menores – y también de algunos adultos- puede generar problemas psicológicos, de aprendizaje o de sociabilidad, si bien es difícil calibrar realmente hasta donde llega ese riesgo en una situación tan insólita y probablemente no suficientemente estudiada. No cabe duda que el confinamiento no es una situación psicosanitaria ideal para un niño. Pero los riesgos de esa situación se justifican como medida preventiva ante un riesgo muchísimo mayor. Quienes pueden calibrar los beneficios o perjuicios de tomar una u otra medida son los expertos en la pandemia. Y lo mejor que podemos hacer es fiarnos de ellos.
  • Es completamente comprensible la preocupación de las madres y los padres por la salud de sus hijos. Todo parece indicar que será una de las primera medidas que se tomen, cuando se empiece a relajar progresivamente el confinamiento, pero bajo circunstancias muy estrictas y razonables. Seguramente los menores podrán salir un tiempo limitado cada día, en los alrededores de su domicilio, con mascarilla y guantes y sin posibilidad de socializar con otros niños. No dudo de los beneficios que ese pequeño respiro pueda tener para el menor, pero las lógicas limitaciones de esa salida y su escaso impacto en la salud psicosocial del mismo difícilmente pueden justificar la exageración, la indignación y el abuso de las hipérboles de algunos padres en los últimos días ante la actual situación.
  • Curiosamente las voces que más se han escuchado reclamando que se relaje el confinamiento de los menores han venido de familias acomodadas, sin grandes problemas económicos, con suficientes recursos digitales y espacio en su vivienda. Pero intuyo que el mayor problema de los menores no es que se les impida esa breve salida del domicilio con guantes y mascarilla, sino la situación en la que muchos de ellos están viviendo el confinamiento. Mientras algunos de ellos disponen de conexiones de banda ancha, ordenadores y móviles propios, servicios de televisión de pago, consolas de videojuegos y una habitación individual, otros muchos viven en pequeños pisos hacinados con muchos más familiares y sin posibilidad de acceder a los beneficios que nos ofrecen las nuevas tecnologías para la socialización, la educación o el ocio. Me preocupa mucho más las condiciones de confinamiento de estos últimos que la imposibilidad de salir de los primeros.
  • Me parece prioritario y urgente que se tomen medidas para paliar la brecha digital de algunas familias, proporcionándoles dispositivos y conexiones que permitan que los más pequeños vivan este confinamiento en unas mejores condiciones de sociabilidad, aprendizaje y ocio. Por supuesto las nuevas tecnologías no suplen por completo las relaciones interpersonales ni la necesidad de realizar salidas al aire libre, pero sabemos que el desconfinamiento de los menores no va a ir acompañado, al menos en los primeros momentos, de una recuperación de la sociabilidad. Solo pueden minimizar los beneficios de las nuevas tecnologías en la actual situación aquellos que disfrutan de ellas cada día.
  • Quienes demandan que se relajen las medidas para los menores tal vez deberían ser más selectivos, salvo que les preocupe más su propia situación personal que el bienestar social. ¿Tiene la misma necesidad de salir un niño que reside en una vivienda unifamiliar con jardín, que dispone de un cuarto propio con ordenador, móvil, tablet, Playstation, Spotify y Netflix que el que vive en un piso interior de 40 metros cuadrados sin todas esas comodidades? ¿Es el mismo el riesgo que supone la salida diaria de un menor que vive con personas mayores o en situación de riesgo que aquellos que no viven en ese contexto? ¿Deben poder salir todos los menores al margen del riesgo de contagio y transmisión que tengan en su entorno? ¿Es la misma la situación de un niño de 5 años que la de un adolescente de 14?
  • Solo cuando se realice un estudio serológico será posible calibrar, con elementos de juicio suficientes, la pertinencia de las medidas de desconfinamiento, incluidas aquellas que atañen a los menores. Las diferencias entre territorios son notables y, por lo que señalan los epidemiólogos, virólogos e inmunólogos, el desconfinamiento dependerá del nivel de inmunidad de la población, que muy probablemente será inversamente proporcional a la tasa de contagios. Es una temeridad exigir determinadas medidas sin disponer aún de tales datos, que en todo caso solo podrán valorar los expertos. O mucho menos reclamar que se relajen las medidas en aquellos territorios con menos tasa de contagios. En contra de lo que algunos piensan, si la sociedad española está confinada no es por lo que está pasando en Madrid. Es precisamente para que aquello que nos ha pasado en Madrid no ocurra en otras comunidades autónomas de nuestro país.
  • No podemos hacer trampas argumentales en esta situación. Algunos se han llegado a preguntar públicamente por qué los empleados de servicios no esenciales pueden salir a sus puestos de trabajo y en cambio los menores no. Seamos serios. Sabemos que no solo nos encontramos frente a una pandemia gravísima sino también ante una de las peores crisis económicas de la historia. De poco sirve combatir la pandemia si podemos generar situaciones económicas que puedan ser incluso más lesivas para la salud de los ciudadanos. Y por supuesto es legítimo cuestionar si se debe permitir o no la reactivación de servicios no esenciales en este momento, aunque tal vez convendría hacerlo con algún fundamento económico. En todo caso sabemos que las estrategias para combatir el COVID 19 y aquellas destinadas a mitigar la crisis económica son, en ocasiones, contrarias. Y no está del todo claro en qué medida tenemos que situar unas por delante de otras en cada caso. La situación es tan extraordinaria que no existen recetas mágicas al respecto. Pero tratar de justificar la exigencia de que los menores puedan salir apelando a salida de los trabajadores no esenciales, que en todo caso son una minoría, es hacernos trampa al solitario.
  • Resulta absolutamente comprensible la preocupación de los padres y las madres por sus hijos. Pero seamos un poco ponderados. La situación puede ser difícil para los menores. Incluso muy difícil. Pero los niños no son frágiles jarrones chinos que se rompen con apenas rozarlos. En muchos casos pueden estar mejor preparados que muchos adultos para afrontar una situación tan grave como la que estamos viviendo.
  • Por último, me incomoda un poco esa sensación que empiezo a detectar en algunas personas de “qué hay de lo mío”. Durante las primeras semanas algunos parecían vivir el confinamiento como algo casi divertido, por lo extraordinario, y las redes se llenaron de memes y videos graciosetes que muchos hacían en su hogar. Y ahora se han dado cuenta de que el confinamiento ya se hace largo y que está lleno de incomodidades y dificultades. Resulta absolutamente comprensible que un padre o una madre se pregunte por qué sus hijos no pueden salir a dar un paseo. Pero bajo el mismo criterio me podría preguntar por qué no puedo salir yo a dar un paseo, que vivo en un piso interior de 30 metros cuadrados casi sin luz natural. O por qué un runner no puede salir a correr media hora al día si no tiene contacto social con nadie. Y si un runner puede salir, puede salir cualquiera. Desde luego no parece lo más razonable en el actual escenario. Es sano dudar, preguntar, demandar, exigir… Pero hagámoslo con responsabilidad y pensando en el bien común y no solo en nuestra situación personal o la de nuestra familia. Tengamos paciencia. Por una vez, solo por una vez, pensemos antes en los demás, en sus menores y en sus mayores, antes que en nuestros propios hijos. Seguro que así nos va mejor a todos.

ninomascarilla27-cordon-z

Un comentario en “Reflexiones en cuarentena: los menores y el confinamiento

  1. Excelente artículo. Desde mi experiencia como familia numerosa comparto una gran parte de tus argumentos. Un niño puede vivir en una casa de 2000m2 y necesitar salir más que viva en un hogar de 90m2, porque no es igual casa que hogar.
    Y la necesidad de los adolescentes, de ellos no se habla como si no existieran y quizás lo necesiten más

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