Por qué participo en la candidatura asturiana a las primarias estatales de Podemos

A veces uno cree que las decisiones que toma se explican por si solas pero no siempre es así. En los últimos días, tras la presentación de la candidatura asturiana a las primarias de Podemos en la que participo, he recibido varios mensajes de amigos y conocidos mostrándome su extrañeza. “Haces campaña para IU, das toda la cera merecida y por merecer a Podemos y ahora te presentas en esa lista”, me ha dicho un amigo. “Eres capaz de desconcertar al más pintado”, ha rematado.

Pero vayamos punto por punto. ¿He hecho campaña por IU en las últimas elecciones municipales y autonómicas? Sí. En primer lugar porque los candidatos que presentaban a las elecciones municipales en Xixón me merecían mucha más confianza que los de la candidatura de Xixón Sí Puede. La realidad me demostró que no estaba equivocado. La número dos de Izquierda Unida al ayuntamiento de Xixón, Ana Castaño, es una buena amiga desde hace ya muchos años y nunca me planteé otra cosa que no fuese apoyar públicamente la lista en la que se presentaba. Pocas personas hay en Xixón más razonables, más honestas y con un mayor conocimiento de los entresijos municipales. Si hubiese votado a la candidatura más cercana a Podemos hoy estaría muy arrepentido y decepcionado, toda vez que la cerrazón e intransigencia de sus miembros ha propiciado que Xixón sea la única ciudad del Estado en la que, teniendo posibilidades aritméticas, no se ha desalojado a la derecha más rancia de la alcaldía.

¿Le he dado “caña” a Podemos? Sí. Nunca me he caracterizado por callarme las críticas, aunque éstas no sean precisamente populares, y quienes leen mis artículos lo saben. Pero por si alguien tiene alguna duda, voy a seguir dándole a Podemos toda la “caña” que considere necesaria. La idea de que colaborar con una organización política, aunque sea como independiente, debe llevar aparejado un cierre de filas acrítico es una fórmula más propia de la “vieja política” que de las nuevas formas que Podemos representa. Eso sí, creo que las críticas han de ser constructivas, razonadas y proporcionadas.

Desde que surgió Podemos he defendido públicamente la necesidad de confluencia con el resto de organizaciones que están por la transformación social, particularmente con Izquierda Unida por ser la más importante de todas ellas. El desprecio, la prepotencia y la chulería con la que se ha dirigido Pablo Iglesias a los miembros de la coalición son inaceptables. Pero además esas actitudes hacen más daño a la imagen pública de Podemos que a Izquierda Unida. La lista alternativa que se presenta desde Asturies pretende precisamente dar batalla por la confluencia, porque Podemos se abra a la sociedad y al tejido organizativo de la izquierda y por sumar fuerzas para presentarnos en las próximas elecciones generales con suficiente músculo como para poder aspirar a ganarlas. Podemos no tiene, a día de hoy, suficiente capacidad como para alcanzar ese objetivo en solitario. Y nuestra candidatura pretende, entre otras cosas, plantear la reflexión tanto dentro como fuera de Podemos sobre la necesidad de aunar fuerzas. Tratar a Izquierda Unida, a Ahora en Común o a cualquier otra organización como si fuesen enemigos supone perder una oportunidad histórica y volver a repetir los viejos errores de la izquierda: la división, las fracturas, el sectarismo…

Sigo pensando, por tanto que las gentes de Izquierda Unida son mis compañeros. También lo son las de Podemos o las de cualquier otro colectivo que defienda un mundo más justo, más humano y más habitable. Quien no es capaz de comprender que uno pueda colaborar con un proyecto político y al mismo tiempo mantener una mirada crítica y autocrítica hacia él, sigue preso de las concepciones de la vieja política; esa que funciona bajo esquemas como amigo/enemigo o “los míos”/ “los otros”. Tenemos que empezar a entender que la política debe ser un espacio plural donde las discrepancias, lejos de distanciarnos, nos enriquezcan.

Soy de la opinión de que vivimos en una situación de emergencia social, en la que miles de ciudadanos y ciudadanas están sufriendo unas políticas neoliberales que los condenan a la miseria. En ese escenario creo que la opción política más razonable para plantar cara al statu quo es aquella que tenga más fuerza; la que disponga de mejores expectativas electorales. Y esa formación es, a día de hoy, Podemos. Por eso los apoyaré para las elecciones, salvo que de aquí a que se celebren los comicios surja una alternativa con más músculo electoral.

Si llegáramos a las elecciones y tuviéramos que escoger entre más de una papeleta, estaríamos asistiendo a un fracaso inmenso de las fuerzas del cambio, que desgraciadamente iría en detrimento del bienestar de los ciudadanos; particularmente de los que más sufren. Considero que quienes estamos por la transformación social debemos de pensar en ellos. Fueron ellos quienes me movieron a cuestionar públicamente la actitud cerril de Xixón Sí Puede. Y son ellos los que me mueven hoy a participar en la candidatura de las primarias estatales de Podemos. Quien no lo entienda quizás es que habla otro lenguaje.

Asamblea Podemos

Published in: on 12 julio, 2015 at 17:04  Comments (2)  
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Por qué no Podemos

¿Podemos o no Podemos? Esa es pregunta que desde hace unas semanas se llevan haciendo las gentes de izquierda militante; esas personas que están a la zurda del PSOE y que hasta ahora se han debatido entre la abstención, el voto a formaciones minoritarias, a organizaciones de izquierda nacionalista o a Izquierda Unida. La irrupción en escena de Podemos y el entusiasmo que está generando entre los sectores más activistas abre una nueva posibilidad de cara a las elecciones que unos ven con buenos ojos y otros con desconfianza. Y otros como yo somos escépticos y tenemos más dudas que certezas ante la aparición de Podemos en la arena política y ante sus posibilidades de movilizar a los votantes de izquierdas.

Podemos es un proyecto aun por concretar. Se trata de una iniciativa cuyo objetivo parece ser la creación de una candidatura electoral para las elecciones europeas del próximo 25 de Mayo. Como cabeza visible del colectivo se sitúa Pablo Iglesias, un joven profesor de Ciencia Política, presentador de debates televisivos y tertuliano profesional. No se trata de un partido político al uso sino más bien de un colectivo ciudadano, aunque su vocación electoral parece fuera de toda duda.

Si como todo parece indicar Podemos se presenta finalmente a las elecciones, le disputará a Izquierda Unida un espacio electoral que con la crisis de credibilidad de los dos grandes partidos españoles (en particular la del PSOE) está en franco crecimiento. Según todas las encuestas Izquierda Unida lograría hoy los mejores resultados electorales de su historia. Incluso algún sondeo reciente del CIS le daba a la coalición una intención de voto directa igual o mayor que la de los socialistas, si bien esos datos habría que ponderarlos (o “cocinarlos”, como se dice habitualmente) para dilucidar la horquilla real de diputados que lograría Izquierda Unida si los comicios se celebrasen hoy. Pero así todo Izquierda Unida se consolidaría como la tercera fuerza electoral en España, con un papel importante como partido “bisagra” y recortando distancias al bipartidismo de las formaciones catch-all o “atrapalotodo” que se disputan el centro político; esto es, PP y PSOE.

La realidad sociológica española necesita de una opción electoral como Izquierda Unida que sirva de referente en las urnas de aquellos ciudadanos que se definen nítidamente como “de izquierdas”. Y la irrupción de Podemos puede fragmentar ese espacio electoral haciéndolo más frágil en las instituciones. Hasta donde conocemos, las diferencias programáticas entre IU y Podemos son mínimas, casi de matiz, lo que difícilmente justifica la creación de una nueva marca electoral.

El discurso que se maneja desde Podemos es el de la mano tendida a IU para buscar una confluencia de las izquierdas. Se habla de ofrecerle a IU un pacto para crear una gran plataforma de izquierdas, a la manera de la Syriza griega. Pero realmente no existe tal ofrecimiento. Lo que ha hecho Podemos es echarle un órdago a IU, exigiéndole que le trate de igual a igual. No me cabe duda de que sería una buena noticia que las gentes que hoy están detrás de Podemos pudieran participar en una candidatura conjunta con Izquierda Unida. Tanto en un lugar como en el otro hay personas valiosísimas que llevan años trabajando en los movimientos sociales de forma desinteresada y sería deseable no dejar a ninguno de ellos fuera.

Uno podría pensar, leyendo las declaraciones de los líderes de Podemos, que Izquierda Unida quiere blindarse ante otras formaciones de izquierdas; que se niega a confluir y a buscar alianzas con otras sensibilidades ajenas a la coalición, como si los de Cayo Lara quisieran monopolizar el voto de izquierdas. Pero la realidad es otra. Lo cierto es que desde hace años Izquierda Unida ha desarrollado una estrategia de alianzas con colectivos de lo más variado, algunos de ellos marginales, incluso a costa de ofrecerles puestos institucionales a organizaciones que apenas lograban un par de miles de votos cuando se presentaban en solitario. Es lo que IU bautizó como “La Izquierda Plural”. Basta ver que en casi todas las circunscripciones donde IU se presenta, lo hace “con apellidos”: Chunta Aragonesista-Izquierda Unida, Izquierda Unida-Verdes-Socialistas Independientes de Extremadura, Izquierda Unida-Los Verdes de Madrid, Izquierda-Ezkerra en Navarra (con IU, Batzarre y Los Verdes), y así hasta un sinfín de siglas que en unos u otros comicios han participado con IU en las elecciones. Si realmente Podemos hubiera tenido intención de confluir con Izquierda Unida se habría sumado a “La Izquierda Plural” sin necesidad de recurrir a discursos sobre la presunta “derechización de IU” con el que se han despachado algunos de los artífices de Podemos.

Por otra parte Podemos se ha presentado en sociedad como una izquierda “moderna” frente a la vieja izquierda representada por Izquierda Unida. Una izquierda más joven, menos dogmática y con vocación de ser el referente electoral del 15M. Bien es cierto que este relato está más fabricado por los medios de comunicación que por Podemos, pero el movimiento encabezado por Pablo Iglesias se está aprovechando de este fenómeno para construirse una imagen alejada de la de los viejos partidos comunistas. Pero curiosamente detrás de Podemos, como verdadero artífice del asunto, se encuentra Izquierda Anticapitalista, una organización trotskista heredera de la Liga Comunista Revolucionaria (partido de extrema izquierda activo durante las décadas de los setenta y ochenta) que aun pertenece a la IV Internacional. Y el mismo Pablo Iglesias ha sido militante de las Juventudes Comunistas de España, organización juvenil del PCE. Nada por tanto de nueva izquierda frente a la izquierda tradicional representada por IU.

La vinculación de Podemos con el 15M es sencillamente literatura que algunos medios de comunicación han potenciado. Resulta complicado señalar qué fue el 15M y sobre todo qué queda de aquella experiencia nacida en la Puerta del Sol. Se trataba de la confluencia de miles de ciudadanos indignados, muchos de ellos sin una adscripción política clara, y con un alto nivel de heterogeneidad. El 15M nunca tuvo un programa político ni una ideología. No era ese su objetivo. Pero si algo dejó claro el movimiento de los indignados fue su alergia a los liderazgos y su negativa expresa a participar en un proceso electoral bajo unas siglas determinadas. Todo ello sería incompatible con cualquier intento de Podemos de erigirse en portavoz del 15M en unas instituciones políticas a las que los indignados gritaban aquello de “no nos representan”.

La figura de Pablo Iglesias en Podemos es otro de los elementos controvertidos que más críticas ha cosechado entre los más escépticos. Ciertamente no parece descabellado acusar de personalista a una formación que se ha dado a conocer con la elección opaca de su portavoz (y todo indica que será también cabeza de lista en las elecciones) por parte de una “asamblea de notables” antes de desarrollar su proyecto organizativo a través de asambleas locales. No parece que ese sea el procedimiento más democrático para escoger a un portavoz. Pero en todo caso la elección de Iglesias no es inocente. Se trata de un personaje joven y muy mediático, un tertuliano que ocupa los asientos de la izquierda en los debates de televisión (que tienen más de show que de confrontación de ideas) frente a mostrencos de la derecha más radical como Francisco Marhuenda.

Más allá de las simpatías y antipatías que pueda despertar Pablo Iglesias, su actuación en las últimas semanas ha sido como mínimo cuestionable. El episodio del video que está circulando por la red con una intervención suya en la que, relatando un robo que se produjo en un centro social madrileño, utiliza expresiones desafortunadas como “lúmpenes, gentuza de clase mucho más baja que la nuestra“, ha indignado a un sector del público potencial de Podemos que lo han calificado de “clasista”. Pero la guinda a las palabras de Pablo Iglesias la ha puesto él mismo con una carta de rectificación publicada en este mismo diario, en su blog, en la que aprovecha unas disculpas hechas con la boca pequeña para lanzar dardos contra eldiario.es, periódico digital que publicó el video y otras informaciones sobre Podemos, y contra su director Ignacio Escolar, acusándoles de no jugar limpio.

No parece lo más adecuado que alguien que dice defender la libertad de expresión lance acusaciones veladas a un diario por publicar informaciones verídicas que no le gustan. La idea de “disparar al mensajero” es tan antigua como el propio periodismo pero sería deseable que Podemos evitara ese tipo de actitudes. Máxime cuando hablamos de un referente de la información digital progresista como eldiario.es y de un periodista con una trayectoria intachable como Ignacio Escolar que en su etapa como primer director de Público logró crear un espacio informativo imprescindible a la izquierda de El País.

Por último falta saber cual será la estrategia de Podemos si finalmente se presentan a las elecciones y logran representación institucional. Mientras la principal de las acusaciones que desde las filas de Podemos se le hace a IU es la de ser comparsa del PSOE en las instituciones (como en el caso de la Junta de Andalucía), los de Pablo Iglesias no explican que harían ellos en una situación similar. ¿Pactarían con los socialistas o permitirían un gobierno conservador del PP? Antes de votar estaría bien saber que harían en ese caso. Solo de ese modo sabríamos si realmente podemos o no podemos.

(Publicado en http://blogs.publico.es/xabel-vegas/)

Podemos

¿Qué ocurre con Izquierda Unida?

Si hay alguna formación política con la que la democracia española ha sido especialmente injusta esa es sin lugar a dudas Izquierda Unida. Los hombres y mujeres del PCE que lideraron en buena medida la lucha contra la dictadura franquista se vieron de la noche a la mañana, en plena Transición, desplazados como gran partido referente de la izquierda por un PSOE con un importante apoyo internacional y en cuyo congreso de Suresnes desplazó al sector tradicional, aquel que había luchado en la Guerra Civil y que se encontraba en el exilio, en favor de una nueva generación representada por Felipe González. En pocos años los comunistas españoles que habían sufrido cárcel y represión en su lucha contra el franquismo se vieron reducidos al papel de tercera fuerza política, muy por detrás de PSOE y UCD. En las primeras elecciones democráticas, las de 1977, el PCE consiguió tan solo 19 escaños de un parlamento con 350 asientos. El resultado fueron años de tensiones internas y purgas de dirigentes históricos que se saldaron en 1985 con la expulsión de aquel que había sido icono del comunismo ibérico desde la Guerra Civil, Santiago Carrillo. Finalmente en 1986 el PCE, junto con otros sectores de la izquierda, fundó Izquierda Unida.

Si algo bueno ha salido de las elecciones del pasado domingo es sin duda una cierta recuperación de Izquierda Unida. A pesar de haber perdido su tradicional feudo cordobés, la coalición ha logrado los mejores resultados desde 1999 y por primera vez en quince años no ha perdido apoyo en unas elecciones. Hace tan solo unos meses algunos voceros de la derecha mediática se mofaban de lo que llamaban “Izquierda Hundida” y vaticinaban la desaparición de la coalición. Hoy una de las grandes noticias es la recuperación de la formación de Gaspar Llamazares y Cayo Lara. Tímida recuperación, habría que decir. Pero recuperación al fin y al cabo.

Se ha dicho hasta la saciedad que la ley electoral española es especialmente injusta con Izquierda Unida. Y no hay más que ver los datos para confirmarlo. A la coalición le cuesta ocho veces más votos sacar un diputado que al PP y al PSOE. El sistema de circunscripciones y el principio de corrección territorial (y no tanto la Ley d’Hont, como comúnmente se cree) provoca desigualdades escandalosas entre formaciones con un número de votos similar. Este método se creo con la intención de discriminar positivamente a las zonas menos pobladas en una España donde la diferencia entre el mundo rural y el urbano era abismal. Pero hoy, en un mundo globalizado y con unas infraestructuras que han salvado esa distancia, mantener ese sistema solo tiene sentido para unos partidos mayoritarios que no quieren perder una cuota de representación en favor de una proporcionalidad más justa.

Pero sería injusto remitir el problema de Izquierda Unida a una cuestión puramente procedimental. Hay razones que explican en mayor o menor medida por qué la coalición no recibe más apoyos de esa parte de la sociedad española sociológicamente de izquierdas. Una de ellas tiene que ver con la posición que ocupa en el espectro político y como se relaciona con otras formaciones, especialmente con el PSOE. Entre el público natural de IU suelen darse dos tensiones contrapuestas y difícilmente conciliables. Por un lado un sector a la izquierda al que no le parece suficiente la diferenciación entre PSOE e Izquierda Unida y rechaza cualquier tipo de pacto entre ambos. Por la otra parte nos encontraríamos con un sector más cercano a la socialdemocracia, cuya prioridad es parar a la derecha y que considera que los gobiernos PSOE-IU son necesarios para alcanzar ese objetivo. Izquierda Unida se debate entre estas dos tendencias tratando de contentar a ambas sin lograrlo. Pero la realidad es que la coalición ha apostado en los últimos años por la estrategia del acuerdo con el PSOE allí donde los socialistas no tienen mayoría absoluta. Está por saber si son menos los votantes que pierde Izquierda Unida con estos acuerdos que los que perdería en caso de buscar más distancia con el socialismo español. Se mueve entre una espada y una pared que le provoca, haga lo que haga, la desafección de una parte de sus votantes potenciales.

Izquierda Unida además tiene desde hace tiempo un problema de comunicación. Su discurso, coincidiendo en buena medida con el que tiene una parte de la juventud más combativa que estos días se manifiesta en Sol, no acaba de resultar atractivo. En ello influye decisivamente una cierta tendencia a la ortodoxia política y unos dirigentes aparentemente formados más en la política institucional que en los movimientos sociales. Eso provoca en ocasiones que una parte de la sociedad los incluya injustamente en esa clase política desprestigiada que establece pocos puentes para la comunicación con los ciudadanos. Además existe también una cierta distancia generacional entre una formación cuyas cabezas visibles suelen ser de mediana edad y unos movimientos sociales más jóvenes. Si Izquierda Unida quiere acercarse a movimientos como el altermundismo o el surgido tras el 15-M debiera tal vez renovar a sus dirigentes y tratar de buscar unas prácticas políticas más imaginativas que la diferencien del resto de las formaciones políticas. No se trata tanto de visibilizarse en las movilizaciones sociales como de servir de correa de transmisión de las mismas haciendo uso de los medios y el eco que proporcionan las instituciones.

Izquierda Unida ha sido injustamente tratada por nuestro sistema electoral y por una parte de la izquierda. Bien es cierto que sus luchas fratricidas internas no han contribuido a construir la imagen de izquierda plural de la que presumen sus dirigentes. Y la competencia de una izquierda nacionalista en algunas comunidades autónomas también ha provocado que IU pierda parte de su espacio sociopolítico. La tímida recuperación electoral de la formación podría significar un nuevo tiempo para Izquierda Unida. Pero para ello tienen que afrontar alguna de sus debilidades y saber adaptarse a los tiempos que corren. Los hombres y mujeres de IU hacen gala de valores como la solidaridad, la igualdad o la honestidad que no abundan en la clase política. Ahora les faltan buenas ideas para ponerlos en práctica y ser la voz de la izquierda en las instituciones. Llevan años buscando esas ideas. Esperemos que pronto las encuentren.

Published in: on 24 mayo, 2011 at 12:46  Comments (1)  
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